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Determinantes de la inflación

El Banco de México dio a conocer la Encuesta de Expectativas Económicas del Sector Privado correspondiente al mes de mayo.

El Banco de México dio a conocer la Encuesta de Expectativas Económicas del Sector Privado correspondiente al mes de mayo. Entre las cosas que llaman la atención, está la estimación de 2.96% de inflación para este 2015 y de 3.4% para el 2016, y es que con el tiempo nos hemos ido acostumbrando, afortunadamente, a observar niveles de inflación muy bajos

La gente que ronda los 30 años y los jóvenes de ahora no recuerdan lo traumática que fue para nuestro país la década de los 80, cuando se presentaron una serie de desequilibrios macroeconómicos que derivaron en niveles inflacionarios verdaderamente altos. Así por ejemplo, en 1983 la inflación en términos anuales fue de 102%; en 1987, de 132%, y en 1988, de 114 por ciento.

Pensar en que el precio de los bienes y servicios más que se duplicaba cada año es una idea que hoy nos resulta totalmente incomprensible, pero que en aquellos tiempos incluso se percibía que podía haber sido incluso peor. En otros países, el crecimiento de los precios se descontroló hasta derivar en una hiperinflación de proporciones mayúsculas.

En el caso de Brasil, a finales de 1988 la inflación anual se ubicó por encima de 1,000% y en abril de 1990 alcanzó un nivel máximo de 6,555 por ciento. En Argentina, el fenómeno inflacionario fue más dramático toda vez que la tasa anualizada de la variación de los precios superó la barrera de 1,000% a medidos de 1985, para después registrar un cierto respiro ante la puesta en marcha del llamado Plan Austral; no obstante, más adelante se profundizaron los desequilibrios, y hacia finales de 1989 los precios registraron una variación anual superior a 10,000%, alcanzando una variación máxima de 20,263% en marzo de 1990.

Estos casos son extremos, aunque no los únicos ni los peores que se han observado, y reflejan lo peligroso que es el fenómeno inflacionario si no se ataca con prontitud y eficacia. México estuvo lejos de estos niveles, pero era claro que tanto en Brasil como en Argentina la hiperinflación pasó por variaciones de 50, 80 y 150%, de manera tal que era imprescindible que en México se instrumentaran las medidas necesarias para contener el proceso inflacionaria que se venía materializando en el país.

Es importante tener presente que la inflación es un peligro latente y en cualquier momento puede explotar si no se consolidan los equilibrios macroeconómicos, que es precisamente el tropiezo que hoy se observa en países como Venezuela. Quizá valdría la pena preguntarse cuáles son los determinantes de la inflación para precisamente poner atención sobre la evolución de los mismos en el tiempo.

Claramente no existe una sola razón que explique el surgimiento de la inflación, sino que nace como resultado de una combinación desafortunada de factores. Una de las corrientes de la teoría económica que trata de encontrar una explicación al incremento continuo de los precios es la monetarista, que sostiene que la inflación es siempre y en todo momento un fenómeno monetario. Esto significa que en una economía existe un exceso de dinero con una oferta limitada de bienes y servicios, por lo que el exceso de demanda, derivada de una gran cantidad de circulante, resulta en una escalda en los precios.

En otro de los extremos se encuentra la teoría estructuralista, que establece que la inflación surge por presiones provenientes de los distintos grupos sociales para aumentar los salarios, lo que igualmente se ve reflejado en un exceso de demanda y, por lo tanto, en el incremento de los precios.

Sin embargo, la teoría moderna de la inflación tiene una visión más integral del problema inflacionario y no fija su atención en una sola causal. Según esta vertiente de la economía, la inflación se atribuye a tres elementos que eventualmente se pueden presentar en una economía de manera simultánea o aislada: a) el exceso de demanda, b) componentes inerciales, y c) impactos de oferta.

El primer factor es uno de los más reconocidos y da origen a la generalmente aceptada Ley de la Oferta y la Demanda. Cuando la demanda agregada de una economía resulta superior a las posibilidades que tiene un país para proveer los bienes requeridos, incluyendo las importaciones, se generan presiones sobre los precios, por lo que estos empiezan a subir hasta que la oferta satisface dicha demanda; mientras no se logre este punto, se alimentará el proceso inflacionario.

El componente inercial es quizá el más complejo y surge cuando estalla el proceso inflacionario debido, por ejemplo, a un exceso de consumo privado, y persiste en el tiempo a pesar de que la causa que dio origen a la inflación, en este caso el exceso de consumo, ha desaparecido.

La inflación inercial se puede presentar principalmente por tres razones. La primera son los esquemas de indización, lo que significa que los precios de la economía, sueldos, tasas de interés, tipo de cambio, etcétera, se fijan en función de la inflación. Los esquemas de indización sugieren que los precios aumentarán en la misma proporción de la inflación pasada, sin importar que la causa original ya haya desaparecido, perpetuando el ciclo de alza de la inflación.

La segunda causa de inflación inercial es el desfase con el que se ajustan todos los precios de la economía. El ejemplo más claro son las revisiones salariales, que se presentan a lo largo de todo el año dependiendo de los distintos sectores productivos; de esta forma, al irse afectando la estructura de costos a lo largo del año se refuerza el proceso inercial de la inflación.

La tercera causa de inflación inercial son las expectativas de los distintos agentes económicos. Esta vertiente establece que se tiene la idea de que la inflación futura será igual a la pasada aunque las causas que dieron origen a la escalada inicial hayan desaparecido. En este caso, el incremento en los salarios como resultado de un choque inicial generaría mayores costos y estos a su vez darían origen a un nuevo incremento en precios, validándose de esta forma las expectativas de inflación.

El último componente que puede explicar el proceso inflacionario son los choques de oferta, lo que hace alusión al hecho de que eventualmente se pueden presentar fenómenos que afecten, por ejemplo, la producción agrícola, como pueden ser las sequías o las inundaciones que originen en automático problemas en el abasto y, por lo tanto, aumentos en los precios.

En general, se puede afirmar que la inflación es un fenómeno complicado de entender y difícil de contener. Lo que hoy tenemos en el país es resultado de varias décadas de esfuerzo y sacrificio, por lo que el Banco de México seguramente no va a titubear ni un ápice para actuar cuando se presenten síntomas de presiones sobre los precios que pongan en peligro la consecución de la meta de 3% más menos un punto porcentual.

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