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México y la descarbonización empresarial: del reporte obligatorio a la estrategia Net Zero
La descarbonización ya es una decisión financiera. Eduardo Piquero, director de México2, explica la ruta hacia Net Zero: medir huella, reducir internamente, compensar emisiones residuales y responder a regulación
De ser un tema exclusivo del área ambiental al centro de la conversación empresarial,
La descarbonización dejó de ser un tema exclusivo del área ambiental y se instaló en el centro de la conversación empresarial. Hoy se entiende como el proceso mediante el cual países, empresas u otras entidades reducen y eliminan progresivamente las emisiones de carbono y otros gases de efecto invernadero, sustituyendo combustibles fósiles por energías y tecnologías de bajas emisiones. Para las emisiones que no pueden eliminarse por completo, se incorporan medidas de remoción o compensación de carbono, de manera que el balance neto disminuye conforme a objetivos climáticos.
Ese giro no es menor: para Eduardo Piquero, director general de MÉXICO2, la descarbonización se volvió un tema de competitividad, estabilidad y acceso a capital. “Nuestra plataforma MÉXICO2 es una parte de la bolsa mexicana de valores; nuestro objetivo es impulsar la descarbonización de las empresas, estén o no listadas”, explica. El razonamiento, subraya, es económico: un sector privado preparado para el cambio climático es más atractivo para los inversionistas y más resiliente ante un entorno de riesgos físicos y regulatorios.
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Cambio climático como riesgo financiero
En entrevista con El Economista, Piquero ubica el punto de inflexión en la discusión global de estabilidad financiera: “Hace algunos años los bancos centrales de todo el mundo se pusieron de acuerdo en considerar al cambio climático un riesgo con impacto financiero”. En su visión, el cambio climático se incorporó al mismo tablero que la volatilidad cambiaria, los choques geopolíticos o las disrupciones en cadenas de pago, porque ya genera impactos cuantificables sobre activos, operaciones y flujos.
En México, esa vulnerabilidad se refleja en sectores sensibles al clima —agricultura, energía, infraestructura, turismo— y en eventos extremos que se traducen en pérdidas económicas. Para Piquero, la clave es entender que la conversación dejó de ser “ambiental” para convertirse en “financiera”: si una compañía no se prepara para efectos climáticos, difícilmente mantendrá un desempeño sólido, no por reputación, sino por resultados.
Ruta de descarbonización
En el trabajo con empresas, México2 promueve una ruta que se repite —con matices— en distintos sectores: Medición de huella de carbono Descarbonización interna Compensación Cero Emisiones Netas (Net Zero).
La medición es el punto de partida. “Lo que no se mide no existe”, dice Piquero. Conocer cuántas emisiones genera una organización y en qué procesos se concentran permite establecer metas, identificar eficiencia y priorizar inversiones. En el caso mexicano, añade, hay una ventaja: la medición es obligatoria desde 2014, lo que ha creado capacidad técnica, consultoría y prácticas de reporte. La discusión actual ya no es si se puede medir, sino cómo utilizar esos datos para construir una estrategia creíble, comparable y útil para decisiones de negocio.
El segundo paso es la descarbonización interna, es decir, la reducción dentro de la operación propia. Aquí Piquero hace énfasis en un punto: no existe una receta única. El camino de una cementera no es el mismo que el de una pyme de servicios o un productor agrícola. Las emisiones “viven” en lugares distintos y, por tanto, los proyectos y costos también. Lo que sí comparten es la necesidad de que el tema llegue a la alta dirección, porque “la descarbonización no es gratis”: requiere presupuesto, ejecución, calendario y gobernanza.
Reducción interna vs. compensación
Una de las confusiones más comunes, reconoce Piquero, está en mezclar reducción interna con compensación. La mejor práctica es separar ambos conceptos.
Reducción interna es el proceso por el cual una organización disminuye sus emisiones dentro de su propio límite organizacional. Esto incluye proyectos de eficiencia energética, electrificación y sustitución tecnológica. Un ejemplo típico es cambiar a equipos más eficientes (calderas, hornos) para reducir el consumo de combustibles fósiles, o rediseñar procesos para consumir menos energía por unidad producida.
Compensación, en cambio, es la obtención de créditos a partir de financiar proyectos externos que reducen o remueven emisiones fuera de la organización. Es decir, el recorte no ocurre en la planta o en la operación directa de la compañía, sino en un proyecto tercero que genera créditos verificables. Piquero menciona que este mercado existe en México desde hace algunos años y funciona como un instrumento relevante para acelerar la transición, sobre todo cuando la reducción directa requiere tiempo o no es técnicamente posible en el corto plazo. Un ejemplo sería financiar un proyecto de Manejo Forestal Mejorado en Chihuahua para generar créditos de carbono.
La regla práctica que plantea es secuencial: primero se mide, luego se reduce internamente lo que se puede, y finalmente se compensa lo que queda como emisión residual. Así se construye una trayectoria hacia Net Zero, evitando que la compensación se convierta en sustituto de la transformación operativa.
Herramientas disponibles
Piquero insiste en que el cambio climático “ya está a la vuelta de la esquina”. Esa urgencia tiene un reflejo concreto: inversionistas institucionales solicitan cada vez más información climática, y lo hacen con mayor profundidad. La pregunta ya no es únicamente “¿tienes una estrategia?”, sino “¿cómo la ejecutas?, ¿qué tecnología usarás?, ¿estás reduciendo o solo compensando?, ¿participas en mercados de carbono?”.
En paralelo, el entorno regulatorio presiona. Piquero subraya que ya hay medidas en marcha: impuestos al carbono en distintas entidades y una tendencia global a poner precio a las emisiones. Además, el comercio exterior empieza a exigir información sobre la huella asociada a ciertos bienes. Para empresas exportadoras, esto se convierte en un factor de costos y acceso al mercado.
En el lado de soluciones, MÉXICO2 observa dos instrumentos que se han vuelto parte del lenguaje corporativo. Uno es el mercado de créditos de carbono, útil como puente mientras se ejecutan proyectos internos que pueden tardar meses o años. El otro es el mercado de certificados asociados a energía limpia o renovable, una alternativa para organizaciones que no pueden instalar generación propia, pero necesitan reducir su intensidad de emisiones o cumplir objetivos corporativos.
Sectores que avanzan
¿Quién avanza más rápido? Piquero identifica dos extremos. Por un lado, los sectores con emisiones elevadas, donde el costo de no actuar es alto y hay margen para ganar eficiencia. Por el otro, los sectores expuestos al consumidor final, donde la reputación y la demanda empujan decisiones. En ambos casos, la lógica de fondo es competitividad: quien emite menos puede enfrentar menores costos asociados a carbono y responder mejor a exigencias de clientes, inversionistas y reguladores.
El principal riesgo, dice, es el rezago. No actuar implica perder competitividad frente a pares que ya ajustan procesos, reportan con estándares más estrictos y se preparan para precios al carbono. A eso se suma el riesgo físico: operar sin planes de adaptación y reducción en un país expuesto a sequías y huracanes puede traducirse en disrupciones y pérdidas reales.
La tarea pendiente
Para Eduardo Piquero, una barrera central sigue siendo la falta de información en la alta dirección y su traducción para públicos no especializados. La descarbonización —subraya— exige que finanzas, contabilidad, operaciones y sostenibilidad hablen el mismo idioma, porque el reporte es cada vez más parte del gobierno corporativo y de la conversación con inversionistas.
En esa ruta, México enfrenta una ecuación dual: urgencia climática y presión económica. La descarbonización, concluye, no es un “extra” ni un ejercicio reputacional. Es una estrategia para sostener el desempeño financiero en un entorno donde el precio de emitir, el costo de los eventos extremos y la demanda por transparencia se han convertido en parte del mercado.