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Finanzas Personales

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Los once pasos para poner tus finanzas en orden (Parte 3 de 4)

Joan Lanzagorta | Patrimonio

La semana pasada, en las dos primeras partes, aprendiste cuál es tu punto de partida: tu situación financiera actual. Además, ya sabes cómo gastas tu dinero y a dónde quieres llegar. Tienes claro qué es lo más importante para ti y has ampliado tu cultura financiera. Tus metas están bien definidas. ¿Qué sigue?

6.- Paga o fondea tus metas

Como mencioné en la segunda parte, mucha gente se endeuda para lograr metas de corto plazo. Esto suele ser un error. Construir patrimonio requiere hacer exactamente lo contrario, es decir, ahorrar. El ahorro es separar parte del dinero que ganas para alcanzar tus prioridades de largo plazo. Estás "pagando" hoy lo que es importante para ti. Estás construyendo tu futuro, un objetivo a la vez.

Si tienes deudas de consumo, parte del dinero que hoy ganas ya no es para ti, sino para pagar a tus acreedores. Eso te quita dinero disponible. Por eso, tu primera meta será salir de ellas. ¿Cómo se hace? Junta todo el dinero que te sobre cada mes, después de pagar los mínimos de todas tus deudas. Ese dinero va completo a una sola, nunca repartido entre varias.

¿A cuál? Empieza por la más pequeña. Cuando la liquides, todo lo que le estabas pagando pasa a la siguiente. Así cada deuda que cierras acelera la que sigue.

¿Por qué no la más cara? Es una pregunta válida: tendría más sentido financieramente. Pero diversos estudios han demostrado que ordenar por tamaño suele producir mejores resultados. Las victorias tempranas generan motivación. Ahora bien, si tienes deudas de tamaño parecido, entonces sí, prioriza la más cara.

7.- Aprende a hacer un plan de gastos

Esto es crucial. Cada vez que recibes un ingreso, debes hacerte una sencilla pregunta: ¿qué es lo que necesito que este dinero haga por mí antes de que me vuelvan a pagar? De esta forma, a cada peso que ganas le asignas un trabajo. Esto lo haces cada vez que te pagan. No antes, no después. Si te pagan cada semana, entonces te sientas cada semana y te haces esa pregunta.

Debes considerar todos tus gastos, incluyendo los que no ocurren cada mes (irregulares): el predial, la verificación del auto, el regreso a clases, las vacaciones o la visita al dentista.

Mucha gente no se prepara para ellos y, cuando llegan, le causan un desequilibrio financiero. Tiene que pedir prestado para salir del paso y arrastra esa deuda hasta que llega el siguiente gasto irregular. En cambio, si los planeas desde antes y los vas pagando poco a poco, cuando esos gastos llegan, el dinero está ahí, listo para hacer ese trabajo. Sin estrés, sin sobresaltos, sin problemas.

A diferencia de un presupuesto tradicional, el plan de gastos es flexible. Lo puedes modificar cada vez que lo necesites, porque la vida nunca sale exactamente como uno la había planeado. Frecuentemente doy dos ejemplos para ilustrarlo.

Primero: el recibo de luz llega más alto de lo que "presupuestaste". De todos modos tienes que pagarlo. ¿Cómo le haces? Tienes que ver de qué categoría puedes tomar para cubrir ese faltante. Así equilibras y no gastas de más.

Segundo: se anuncia el concierto de tu grupo favorito y te mueres por ir. Cuando hiciste tu plan, no tenías ni idea de que vendrían. ¿Qué haces? Lo revisas y ves qué puedes hacer: cuánto tienes en la categoría de entretenimiento y, si te falta, de qué otras categorías podrías tomar.

¿Qué tendrías que sacrificar para ir? Eso en sí mismo es un ejercicio de prioridades. ¿Qué es más importante para ti?

El plan de gastos se convierte en una herramienta que te permite tomar esas decisiones antes de gastar y mantener tu dinero bajo control.

8.- Invierte con inteligencia

Si quieres construir un patrimonio, no basta con ahorrar. Tienes que aprender a invertir, para que tu dinero crezca en términos reales (es decir, por arriba de la inflación) y se multiplique con el poder del interés compuesto. Esto lleva tiempo.

Si tu inversión rinde menos que la inflación, cada año vas a poder comprar menos con lo que tienes, aunque el saldo de tu cuenta sea más grande.

Invertir con inteligencia no es andar "moviendo el dinero" ni buscar "qué rinde más en estos momentos".

Invertir es un proceso disciplinado que consiste en construir un portafolio (combinar distintas clases de activos), según nuestro objetivo de inversión y nuestra tolerancia al riesgo, como decía en la primera parte. Es hacer un plan y aplicarlo sin importar lo que estén haciendo los mercados.

En la cuarta y última parte veremos los pasos que protegen todo lo que construiste.

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Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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