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Finanzas Personales

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2.º Foro de Inclusión Financiera para todas las edades

Raúl Martínez Solares | Economía conductual

“Si quieres animar a la gente a hacer algo, pónselo fácil”. Richard Thaler, premio Nobel de Economía.

La semana pasada participé en el 2.º Foro de Inclusión Financiera para Todas las Edades, convocado por la Secretaría de Economía y por AVU I.A.P., institución de asistencia privada que opera como centro de innovación en envejecimiento y longevidad, en un panel sobre innovación financiera intergeneracional. Agradezco a los organizadores la invitación y, de manera muy especial, a Véronique Billia, directora general de la AMEXCAP, por una moderación ágil que propició una conversación y una reflexión provocadoras sobre el tema entre todos los participantes de este panel: Juan Navarrete Luna, de Fundación Capital; Pedro Freixas, de Banamex; Francisco Martha González, de Banorte; y yo, como CEO de Fibra Educa. 

Un tema presente en la discusión fue identificar los retos y obstáculos para que, considerando los cambios en la longevidad y otros factores económicos y demográficos de nuestro país, podamos procurar un retiro digno para la mayoría de la población.

Como punto de partida, es relevante señalar que las Afores administran ya casi nueve billones de pesos, lo que representa cerca de una cuarta parte del PIB, un monto que continuará creciendo aceleradamente en las próximas décadas. Se trata de recursos que, simultáneamente, pueden apoyar el desarrollo de inversiones fundamentales para el crecimiento del país y la creación de empleo, y además ayudar a construir mejores pensiones para el futuro.

Pero es importante recordar que el principal compromiso de las administradoras de fondos de pensiones es precisamente con los recursos de los trabajadores, por lo que cualquier decisión de inversión en proyectos productivos o de infraestructura deberá conciliar los requerimientos de inversión con la certeza de una rentabilidad adecuada de los fondos en beneficio de los trabajadores.

Durante décadas, no solo en México, sino en la mayoría de los países, se asumió que la gente no ahorra porque carece de información o de disciplina. La economía conductual ha mostrado que, incluso entre segmentos de la población que tendrían cierto margen de maniobra financiera para hacerlo, los verdaderos obstáculos también están vinculados al diseño.

El modelo de aportación de las afores en México, de alguna manera, opera como una opción por defecto, al igual que las propuestas del premio Nobel de economía, Richard Thaler, para mejorar el ahorro pensionario.

Países que lograron aumentar el ahorro para el retiro, como Singapur y Corea del Sur, partieron de modelos similares que implicaban la apertura de una cuenta de manera automática y añadieron una aportación de contrapartida: ahorrar se volvió lo que ocurre si uno no hace nada, y dejar de hacerlo pasó a exigir un trámite deliberado.

En México a diferencia de otros de otros países como Estados Unidos, donde la participación en los planes 401K de ahorro para el retiro es opcional y voluntaria, si tenemos un soporte fundamental en el ahorro automático en las Afores pero es necesario construir adicionalmente mecanismos que faciliten e induzcan a través de intervenciones conductuales que existan aportaciones complementarias evidentemente considerando los distintos perfiles socioeconómicos de nuestro país (con una importante carga de inequidad) Así como el peso de una economía informal mayoritaria en términos de masa salarial en el país que no genera beneficios relacionados con la seguridad social

Hay un segundo problema de diseño, más sutil, en la forma misma en que medimos el retiro. Hoy lo medimos por el saldo acumulado en la cuenta, una cifra que a casi nadie le resulta significativa, porque muy pocas personas tienen la capacidad de traducir el saldo de su Afore en el ingreso mensual que tendrán a los 65 años.

Y esto no solo implica el reconocimiento de factores conductuales para mejorar los perfiles de ahorro para la pensión, sino que también requiere vehículos más adecuados para este propósito. El premio Nobel Robert Merton propuso medir el retiro en función del ingreso que ese ahorro comprará en el futuro, y no del monto acumulado. Su instrumento, al que llamó SeLFIES, es un bono que no paga intereses mientras las personas trabajan y contribuyen a su pensión, sino que se traducen en un ingreso mensual, en términos reales, el día en que la persona se retira.

Brasil retomó ese modelo y, en enero de 2023, su Tesoro lanzó el RendA+, un bono que paga 240 mensualidades (veinte años de ingresos) y está indexado a la inflación.

Lo notable es que México tiene los ingredientes. Brasil pudo hacerlo porque ya contaba con una plataforma de venta directa de bonos al público y con un mercado de bonos largos indexados a la inflación.

El tiempo apremia porque, de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI, la proporción de personas de 60 años y más que las proyecciones ubicaban hacia 2030 ya se alcanzó en 2025: cerca de 14.7% de la población, unos diecinueve millones de personas. Le ganamos casi cinco años a nuestro propio calendario demográfico. Cada año que pasa sin rediseñar el ahorro es una generación que llega a la vejez con menos margen.

Una de las lecciones aprendidas desde la Economía Conductual es que la gente no deja de ahorrar (o no empieza a hacerlo), no solo por limitaciones financieras, sino también porque responde a cómo están diseñadas sus opciones e incentivos. Si logramos que ahorrar sea lo más automático y medimos el retiro en términos de ingresos mensuales, en lugar de un saldo futuro opaco, muchas más personas tendrán mejores incentivos que les permitan llegar a la vejez con una mayor expectativa de certeza y seguridad financiera.

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El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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