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María del Rosario Espinoza: crear legado en las decisiones

La meta del ícono del taekwondo mexicano es clara: no pretende ser la entrenadora principal de la Selección convencional porque reconoce dónde está su lugar.

Adaptación. En el cambio de atleta a entrenadora superó un proceso de depresión. Hoy, es directora técnica de la Selección Mexicana de ParaTaekwondo.foto: marisol rojas

Todo lo que María le dio al taekwondo mexicano en una vida dedicada al alto rendimiento durante 18 años, se lo devolvió en su proceso de retiro como atleta. La recompensa lo fue todo en un periodo de depresión, pese a que sabía que debía dar el paso.

Su última competencia fue en 2022 en el Campeonato del Mundo en Guadalajara, donde México fue campeón. Sin embargo, desde los Juegos Olímpicos de Río 2016, ya con la medalla de plata en el pecho, comenzó su ruta de salida. Por un año más continuó con los campeonatos del mundo en lo que finalizaba su licenciatura y cuando no clasificó a los Olímpicos de Tokio 2020, decidió no seguir el ciclo hacia París 2024.

“Anuncié mi embarazo y después mi retiro. Pasé la depresión, no sabía cómo lo iba a sentir o hacer, fue un proceso difícil. No sabía qué decisión tomar una vez retirada. Tenía algo claro, yo quería seguir apoyando a mi disciplina. Comencé como entrenadora del equipo de ParaTaekwondo, les ayudaba en estadísticas y el primer entrenamiento fue durante la pandemia en mi depresión. Me fue gustando, me embaracé y no puedo viajar a las competencias. Pasé de atleta a entrenadora con ayuda del equipo multidisciplinario”.

La primera competencia de María en el banquillo de las decisiones y bajo la supervisión de la entrenadora de ParaTaekwondo, Jannet Alegría, fue el Grand Prix de París 2022, donde consiguieron plata y bronce.

“Fui apoyo para ellos, sabía que el objetivo era París 2024, a pesar de ser consciente de que no quería hacer otro ciclo. Mi cuerpo estaba cansado y no daba para más, no otro año más como atleta de alto rendimiento. Mi psiquiatra Marcela me guió, sentía mucha tristeza, estaba como divorciándome del amor de vida, me acordaba de las competencias y lloraba, no me daban ganas de hacer nada, le decía que no quería ser María, la taekwondoína, quería estar en un lugar donde no hubiera nada y pasara el tiempo. Marcela me ayudó a canalizar esos pensamientos y además iba a entrar al embarazo. Estuve como 6 meses en el proceso, no me sentía capaz de hacer ninguna función desde la mínima hasta la más complicada como dirigir a México. No me sentía capaz. Ser entrenadora de Para taekwondo me ayudó a trabajar mi seguridad como persona”.

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