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Capital Humano

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¿Cómo será el trabajo de nuestros hijos?

Las organizaciones y culturas laborales que construimos hoy serán las que mañana encuentren nuestros hijos. Transformar el trabajo implica asumir desde ahora la responsabilidad de hacerlo más humano, flexible y orientado a resultados.

Transformar el trabajo implica asumir desde ahora la responsabilidad de hacerlo más humano, flexible y orientado a resultados.FOTO: SHUTTERSTOCK. 

Es una pregunta aparentemente sencilla. Casi siempre la respondemos de la misma manera. Pensamos en profesiones que todavía no existen, en inteligencia artificial, en tecnologías que transformarán industrias completas; en empleos que hoy ni siquiera podemos imaginar.

Pero esa no es la pregunta que quiero plantear.

No me refiero a en qué trabajarán nuestros hijos.

Me refiero a cómo será trabajar cuando ellos lleguen al mundo laboral.

¿Seguirá siendo un trabajo de cincuenta o sesenta horas semanales? ¿Con reuniones que pudieron haber sido un correo? ¿Con líderes que siguen confundiendo compromiso con disponibilidad permanente? ¿Con personas atrapadas en el tráfico durante horas para asistir a una reunión híbrida en la que la mitad de los participantes se conecta desde otra ciudad?

Probablemente no.

Cuando imaginamos el trabajo de nuestros hijos, casi nadie piensa en más horas. Por el contrario, la visión está en algo distinto: más flexible, más colaborativo, más global, más retador intelectualmente y menos desgastante emocionalmente. Organizaciones donde el talento se desarrolle con libertad, donde la confianza pese más que el control y donde el propósito conviva con la productividad.

La pregunta, entonces, no es si ese futuro es posible, es quién lo va a construir.

Hace unas semanas tuve el privilegio de participar en Barranquilla, Colombia, invitado por la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), para conversar precisamente sobre esto con empresarios, abogados laboralistas, académicos y especialistas de distintos sectores.

Esperaba encontrar respuestas diferentes a las que escucho en México. Sin embargo, escuché las mismas preguntas.

¿Cómo aprovechar la inteligencia artificial sin perder el componente humano? ¿Cómo construir culturas que inspiren, desarrollen y retengan a las personas? ¿Cómo preparar a las nuevas generaciones para un mundo que cambia más rápido de lo que somos capaces de legislar, formar y gestionar?

Al salir del evento me quedó una sensación que no he podido ignorar.

No importa si la conversación ocurre en México, Colombia o cualquier otro país de la región. Compartimos las mismas preocupaciones y, sobre todo, la misma responsabilidad.

Hay una idea que pocas veces ponemos sobre la mesa: el futuro del trabajo no es algo que nos va a suceder; es algo que estamos construyendo con cada decisión que tomamos hoy.

Nuestros padres y abuelos también construyeron el mundo laboral que nosotros heredamos. No lo hicieron de manera especialmente consciente. Respondieron a las necesidades de su tiempo, diseñaron organizaciones para una economía distinta y bajo una concepción del trabajo que privilegiaba la estabilidad, la presencia física y la eficiencia de los procesos.

Gracias a ellos heredamos conquistas que hoy damos por sentadas: la jornada de ocho horas, el descanso semanal, las vacaciones pagadas. Pero también heredamos prácticas que quizá ya no responden a los desafíos de esta época. Culturas que miden el compromiso por el tiempo en la silla. Organizaciones que acumulan capas de burocracia hasta que nadie recuerda para qué sirven. Líderes formados para un mundo que ya no existe.

La diferencia es que nosotros tenemos una ventaja que ellos no tuvieron.

Hoy podemos imaginar con mucha mayor claridad el tipo de trabajo que queremos dejar a la siguiente generación.

Y esa posibilidad también implica una responsabilidad.

Cada vez que una organización diseña una política de trabajo flexible de verdad —no de nombre— está construyendo futuro. Cada vez que un líder decide evaluar por resultados y no por horas de presencia, está construyendo futuro. Cada vez que un equipo elimina un proceso innecesario para que las personas dediquen más tiempo a crear valor y menos a la burocracia, está construyendo futuro. Cada vez que incorporamos tecnología para liberar a las personas de tareas repetitivas, cada vez que fortalecemos una cultura basada en la confianza y el aprendizaje continuo, también estamos dejando una herencia.

No siempre lo hacemos de manera consciente.

Por eso me preocupa cuando hablamos del futuro del trabajo como si fuera un pronóstico meteorológico.

Si anuncian lluvia, compramos paraguas. Si anuncian calor, buscamos sombra.

El futuro del trabajo no funciona así. No somos espectadores que esperan ver qué pasa. Somos arquitectos que, con cada decisión, estamos poniendo un ladrillo o quitando uno.

Las organizaciones que construimos hoy serán el lugar donde trabajarán nuestros hijos. Las culturas que hoy promovemos serán las culturas que ellos normalizarán. Lo que hoy parece una decisión menor —cómo se mide el desempeño, cómo se gestiona la flexibilidad, cómo se adopta la tecnología— terminará definiendo la experiencia laboral de millones de personas durante las próximas décadas.

Quizá por eso la conversación sobre el futuro del trabajo no debería empezar hablando de inteligencia artificial ni de automatización.

Debería empezar preguntándonos qué tipo de vida queremos que las personas puedan construir a través del trabajo.

Porque el trabajo seguirá ocupando una parte enorme de nuestra existencia. La pregunta es si queremos que siga ocupando únicamente nuestro tiempo, o si también puede ser un espacio para aprender, crear, colaborar y desarrollar lo mejor de nosotros mismos.

Esa, me parece, es una de las responsabilidades más importantes de nuestra generación.

No solo preparar a nuestros hijos para el trabajo del futuro.

Sino preparar el trabajo del futuro para nuestros hijos.

Licenciado en Contaduría Pública, con cerca de 20 años de experiencia en el área de impuestos relacionados con el pago de nómina. Amplia experiencia en Fusiones y Adquisiciones (M&A) y procesos de Due Diligence desde la perspectiva de Recursos Humanos. Experto en temas de Compensaciones, Seguridad Social y Vivienda.

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