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Capital Humano

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Jornada laboral de 40 horas beneficiará sólo a un cuarto de los trabajadores

La reducción de la jornada de trabajo tendrá un alcance limitado y un impacto desigual en el mercado laboral mexicano. Además, si encarece el empleo formal sin contener la informalidad, el beneficio real podría reducirse aún más.

Ilustración EE: Nayelly Tenorio

El reloj legislativo comenzó a correr nuevamente con el inicio del periodo ordinario de sesiones en el Congreso de la Unión este domingo y, con él, el tiempo para la discusión y aprobación de la reforma para reducir la jornada laboral a 40 horas con la mira puesta en el 1 de mayo para su entrada en vigor.

Y si bien se ha generado gran expectativa en torno a esta reforma que hizo suya el gobierno de Claudia Sheinbaum, su impacto no lo será en la misma magnitud debido a las características que tiene el mercado laboral mexicano y el gran peso de la economía informal, la que queda excluida de todos los cambios a la Ley Federal del Trabajo.

De acuerdo con un reporte del área de Análisis Económico de Banorte, y con base en la información de la ENOE, la población objetivo de la reforma de las 40 horas asciende aproximadamente a 15.9 millones de personas, es decir, el 26% de las personas que participan en el mercado laboral en México.

Este universo corresponde a las personas con un trabajo formal, que tienen solamente un patrón y que actualmente trabajan más de 40 horas a la semana. De hecho, la cifra podría ser un poco menor, ya que habría que descontar a quienes trabajan en el sector público y que no están contemplados en la propuesta oficial de reforma –aproximadamente 636,000 personas bajo el mismo criterio–.

La Secretaría del Trabajo tiene una expectativa todavía más conservadora al considerar que la reforma beneficiaría a 13.4 millones de trabajadores, que son los asalariados que actualmente tienen jornadas superiores a 40 horas por semana.

Cabe mencionar que hay un grupo de aproximadamente 9.6 millones de personas que actualmente tienen un trabajo en el mercado formal y con un patrón, que ya trabajan 40 horas semanales o menos, por lo que no necesariamente verían modificado su esquema laboral tras los cambios legales que discutirá el pleno del Senado en los próximos días.

¿Qué es lo que acota tanto el universo de beneficiarios de la reforma? Principalmente el peso que tiene la informalidad en el mercado laboral en el país. Quienes se emplean bajo esta modalidad están desprotegidos legalmente, no cuentan con un contrato de trabajo y no tienen acceso a la seguridad social.

Al considerar a este grupo dentro de la ocupación, los beneficiarios de la reforma se duplicarían y pasarían a 31.3 millones de personas con un empleador, indistintamente si es formal o informal, y que están por arriba del margen de horas trabajadas cada semana que abarca la propuesta del gobierno federal. El universo sería el 52% de la fuerza laboral.

Impacto por sectores y regiones

Siguiendo la misma metodología y en proporción a su fuerza laboral, por actividad económica, los sectores con mayor proporción de trabajadores con jornadas superiores a 40 horas —y que, por tanto, serían los más beneficiados— son corporativos (62%), minería (59%) y comercio al por mayor (54%). En el extremo opuesto se ubican educación (6%), sector primario (9%) y construcción (15%).

A nivel estatal, el impacto potencial de la reducción de la jornada también es desigual. Los mayores porcentajes de trabajadores formales con jornadas superiores a 40 horas se concentran en entidades con fuerte perfil industrial como Coahuila (44%), Nuevo León (42%) y Chihuahua (41%). En el extremo opuesto se ubican Oaxaca (10%), Guerrero (11%) y Chiapas (13%).

Incluso, en las entidades con mayor población ocupada el alcance varía de forma significativa. Mientras Nuevo León concentra 42% de trabajadores con jornadas superiores a 40 horas, en Jalisco (32%), el Estado de México (27%) y la Ciudad de México (24%) la incidencia es menor, lo que podría proyectar un efecto mayor de la reforma en entidades industriales medianas que en las grandes zonas metropolitanas.

En todos estos casos, además de la vocación económica particular de cada región, el peso de la informalidad es un factor excluyente de gran importancia.

De esta manera, si bien la propuesta de reforma de las 40 horas puede sonar bien en el papel, no logrará el impacto deseado si no se acompaña de medidas que atiendan el problema de la informalidad, mucho más cuando el 47% de quienes laboran en esta condición lo hacen dentro de empresas y entidades formales.

Y la realidad es que en un mercado laboral donde la informalidad tiene tanta fuerza, cualquier cambio que nuevamente encarezca el empleo sin atender ese equilibrio corre el riesgo de fomentarla aún más.

Si el empleo formal se vuelve más caro y menos accesible, la informalidad seguirá siendo la válvula de escape. La pregunta es si, en ese escenario, la jornada de 40 horas no terminará siendo un beneficio para un universo todavía más reducido del que se proyecta que lograría hoy.

Periodista. Actualmente es el editor de El Economista online. Entre 2019 y 2023 coordinó Capital Humano en sus versiones en línea e impresa. Tiene una especialización en periodismo de finanzas y negocios, y en periodismo de datos. Conductor de Redacción 458, un videopodcast semanal de información de actualidad, y co-conductor del podcast Coffee Break, sobre temas del mundo del trabajo.

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