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¿Qué comeremos en el futuro? Cambio climático amenaza la producción de alimentos
Expertos de la UNAM advierten que los cambios en las lluvias, el abandono del campo y los actuales hábitos de consumo ponen bajo presión la alimentación del futuro.
Cambio climático altera la producción de alimentos
El cambio climático está modificando las condiciones bajo las cuales se producen los alimentos, al grado de que prácticas y conocimientos que durante generaciones permitieron a los agricultores anticipar las temporadas de lluvia comienzan a perder efectividad.
Ante este escenario, especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que será necesario transformar los sistemas alimentarios para garantizar la producción de comida en el futuro, pero también para reducir su impacto ambiental y asegurar que la población tenga acceso a alimentos saludables.
Durante el seminario Futuros Climáticos, organizado por el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, expertos analizaron la relación entre cambio climático, producción agrícola, alimentación y desigualdad social.
Cambio climático altera la producción de alimentos
Uno de los principales desafíos se encuentra en el campo. Erick de la Barrera Montppellier, investigador del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, explicó que los sistemas alimentarios se encuentran entre los más vulnerables frente a los cambios ambientales.
El problema ya puede observarse en comunidades agrícolas donde los conocimientos utilizados tradicionalmente para determinar cuándo llegarían las lluvias han dejado de ofrecer la misma certeza.
De acuerdo con el especialista, anteriormente los agricultores podían recurrir a distintos indicadores para prever la temporada de precipitaciones; sin embargo, las alteraciones climáticas han provocado que esas referencias sean cada vez menos confiables.
Esta incertidumbre obliga a replantear cómo se producirán los alimentos durante las próximas décadas y qué mecanismos de adaptación necesitará el campo frente a nuevas condiciones ambientales.
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Lo que comemos también afecta al planeta
La relación entre alimentación y cambio climático funciona en ambos sentidos. Mientras el calentamiento global amenaza la producción agrícola, la manera en que actualmente se producen, distribuyen y consumen los alimentos también genera impactos sobre el medio ambiente.
Por ello, los especialistas consideran que modificar los sistemas alimentarios puede convertirse en una herramienta para enfrentar la crisis climática.
De la Barrera Montppellier señaló que será necesario analizar qué alimentos consumimos, de dónde provienen y cuáles son los efectos ambientales asociados con su producción.
El desafío consiste en desarrollar modelos capaces de garantizar alimentos para la población sin profundizar el deterioro de los ecosistemas de los que depende la propia producción agrícola
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Alimentos procesados y acceso a comida saludable
El futuro de la alimentación, sin embargo, no depende únicamente de cuánto pueda producirse. También existe un problema relacionado con qué alimentos estarán disponibles y quiénes podrán acceder a ellos.
Fausto Reyes Medina, director médico del Hospital Veterinario UNAM-Banfield, advirtió sobre la existencia de zonas, principalmente urbanas, donde gran parte de los productos disponibles son alimentos procesados.
Frente a esta situación, consideró necesario establecer normas que permitan determinar qué se entiende por un alimento saludable y analizar qué sistemas de producción deberían impulsarse.
El acceso a una alimentación adecuada también está condicionado por factores económicos y sociales. El ingreso de las familias, el tiempo disponible para preparar comida e incluso fenómenos como la violencia y la migración pueden determinar qué termina llegando a la mesa.
¿Quién producirá los alimentos del futuro?
A los efectos del cambio climático se suma otro desafío para México: el relevo generacional en el campo.
La permanencia de sistemas tradicionales de producción depende de que nuevas generaciones continúen trabajando y preservando actividades agrícolas que durante años han formado parte de distintas comunidades.
La desaparición de sistemas como las milpas o los cacaotales no implicaría únicamente dejar de producir determinados alimentos. También significaría perder biodiversidad, conocimientos tradicionales, relaciones ecológicas y parte de la organización comunitaria construida alrededor de estas actividades.
Por ello, pensar en qué comeremos durante las próximas décadas implica mirar más allá de los productos que estarán disponibles en supermercados y mercados. También supone preguntarse cómo se producirán, quiénes los cultivarán y bajo qué condiciones climáticas deberá hacerlo el campo.
La advertencia de los especialistas apunta a que la alimentación del futuro dependerá de la capacidad para adaptar la producción agrícola al cambio climático, conservar sistemas tradicionales y, al mismo tiempo, garantizar que los alimentos saludables sean accesibles para una mayor parte de la población.