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Arte e Ideas

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De la física a la poesía: el mapa dancístico de Despertares

Isaac y Esteban Hernández abarrotaron el Auditorio Nacional en la edición 12 de su gala, en una noche memorable que reunió a figuras como Roberto Bolle y Maria Khoreva entre el clásico, el neoclásico, el tap y el pop.

Isaac Hernández El Corsario. Foto: Cuartoscuro

Más perfecta, imposible. La noche de la edición doce de Despertares reafirmó el cariño que el público mexicano le tiene a dos de sus artistas internacionales más queridos: Isaac y Esteban Hernández cosecharon de nuevo la ovación de pie en un Auditorio Nacional que una vez más alcanzó su sold out este sábado.

Las expectativas eran altas y se alcanzaron. La gala arrancó con Approach 17. Opening. White The Unreachable Suspension Point, la intervención completa de Olivier Mathieu, ejecutante de la Yoann Bourgeois Art Company, quien había adelantado algo de su presentación el miércoles previo en la explanada del Museo Soumaya. El francés dio una muestra de los alcances que el cuerpo humano puede lograr cuando se conecta la mente, el corazón y la ciencia pura. Los espectadores no sólo disfrutaron una lección de física y biomecánica, sino una confirmación de que la ley de gravedad puede convertirse en arte visual. Esta vez, las pantallas del auditorio fueron las cómplices perfectas para que la mirada del público saltara al igual que el artista, de la izquierda a la derecha y al escenario, para disfrutar, al mismo tiempo, de tres visiones engrandecidas de un arte que se ha hecho viral en las redes sociales. Una escalera, un trampolín y 10 mil almas dispuestas a rendirse al asombro.

Isaac Hernández y Maria Khoreva. Foto: Cuartoscuro

Enseguida, Isaac Hernández prolongó el aplauso dejado en el escenario por Mathieu al aparecer en compañía de una de las más esperadas de esta gala: Maria Khoreva. La bailarina del Mariinski, poseedora de una estructura ósea privilegiada, y el anfitrión de la noche dejaron un halo de perfección en el escenario en un pas de deux del Corsario, uno de los momentos de danza clásica más identificados y agradecidos por el público. El duelo rompió barreras de tiempo y espacio y mostró por qué el ballet es un lenguaje universal. La ovación del público salió de las manos, la boca y el corazón.

Nicola Wills y Tars Vandebeek irrumpieron para el tercer número del primer acto en una coreografía de neoclásico conmovedora: Two people in love never shake hands resultó ser una síntesis desgarradora de los encuentros y desencuentros de una pareja, que los bailarines llevaron al límite de la conmoción: la fusión de cuerpos y emociones tendieron un puente muy íntimo con los espectadores, en un par de ejecuciones tan sutiles como poderosas para demostrar que el amor se danza, y el desamor también.

Nicola Wills yTars Vandebeek. FOTO: FERNANDA ZÚÑIGA

El brillo de Esteban y Jasmine

Fue el momento para que Jasmine Jimison y Esteban Hernández llegaran al escenario para interpretar Soirées musicales, y la atmósfera del auditorio pareció aligerarse al compás de Britten. La complicidad del segundo anfitrión de la noche con su pareja del San Francisco Ballet fue radiante: la mezcla de técnica tan perfecta como libre, potencia limpia y el orgullo de bailar en casa de Esteban y la levedad poética del estilo Jasmine consiguieron que los espectadores aplaudieran una demostración de neoclásico puro y encantador, en un diálogo festivo de miradas y giros suspendidos, donde la destreza se vistió de frescura y calidez.

El amor no se bajó del escenario, porque enseguida se instaló de nuevo con una de las historias imperdibles de pareja: Romeo y Julieta. Hee Seo y Thomas Forster llegaron para encarnar a los amantes de Verona en una ejecución de lirismo: el contraste entre la monumental envergadura de Forster y la fragilidad etérea de Seo dejó una lección sobre la confianza y la entrega absoluta. Lejos de ser un obstáculo, la disparidad de sus anatomías se convirtió en un recurso poético que los bailarines llevaron al límite de la emoción: él, como un refugio y ella flotando en elevaciones suspendidas con una levedad casi irreal.

Jasmine Jimison y Esteban Hernández. FOTO: FERNANDA ZÚÑIGA

En seguida, el amor se alejó del escenario, pero no así la complicidad: las británicas Hannah Ekholm y Faye Stoeser le dieron un giro a la noche número doce de Despertares con su ejecución de Splice de Ekleido, una coreografía en la que el desdoblamiento y la fusión de los cuerpos excedieron los límites de la danza contemporánea. Con su estilo, una mezcla de tutting, el voguing y el waacking, las bailarinas inyectaron una energía nueva en el público que llevó a los espectadores al límite del gozo, en el que hasta el propio vestuario tenía una función, no en balde en el programa de mano se incluía hasta el crédito de su creador: George H. Wale.

Con el alma abierta, el público recibió de nuevo a Isaac Hernández, quien entregó un fragmento de la aclamada versión moderna del clásico Giselle de Akram Khan en compañía de Alina Cojocaru, un rostro ya conocido entre los seguidores de la gala, quienes con Nicola Wills mostraron ese lado oscuro y desgarrador de la historia de amor, traición, muerte y redención más allá de la tumba de este clásico. En contraste con la muestra de giros y saltos de las coreografías presentadas con anterioridad, este momento fue un despliegue de contención y dominio perfecto, casi fantasmal, de las puntas, muy ad hoc con la historia.

Lightbalance: De Offenbach a Bad Bunny

Para cerrar el primer acto, una de las agrupaciones más queridas por el público de Despertares llegó para llenar de luz el escenario con Lightbalance; el quinteto conformado por Mykyta Shevchenko, Dmytro Kretsu, Kyrylo Trubichyn, Anastasia Kopylova y Cynthia Reid apareció para mostrar una coreografía a ritmo de un espectro musical ecléctico que incluyó a Justin Bieber, Offenbach y Bad Bunny, ejecutada en sus trajes de luces fluorescentes perfectamente sincronizados.

Tras una pausa de 30 minutos, otro de los rostros conocidos para los seguidores de la gala llegó a retomar el género clásico de la noche: Denys Cherevychko acompañó Skylar Brandt del American Ballet Theatre, ambos en su segunda visita a México. Los bailarines ofrecieron un pas de deux de Don Quixote, una referencia obligada del ballet, cuyo reto consiste en apropiársela y entregar una versión propia. El ucraniano y la estadounidense lo hicieron a su manera con un virtuosismo deslumbrante, saltos y giros perfectos y la picardía festiva de este clásico.

Lightbalance. FOTO: FERNANDA ZÚÑIGA

Así, el segundo acto de Despertares significó una nueva mezcla de géneros y viajes por el mundo, en el que la siguiente parada estuvo guida de mano de Mr. Kriss (Kristián Mensa), quien con su mezcla de breaking, danza contemporánea, floorwork y movimiento experimental también mostró los alcances máximos del cuerpo, en un contraste emotivo al coreografiar How Long Must I Wander de Nina Simone.

Dos estrellas esperadas

Los seguidores del ballet clásico llegaron al momento más esperado de la noche, compartido por quienes asistían por primera vez a la gala: Roberto Bolle, considerado como una de las máximas figuras del ballet de nuestros tiempos, y quien debutara en México el año pasado precisamente en esta gala, ofreció su coreografía Caravaggio nada menos que de la mano de Maria Khoreva. El momento no pudo ser más histórico con la presencia por primera vez en nuestro país del pas de deux de este trabajo creado originalmente en 2008 por el renombrado coreógrafo italiano Mauro Bigonzetti para la compañía del Staatsballett Berlin, con música de Bruno Moretti basada en obras de Claudio Monteverdi. La ejecución del italiano y la rusa en Pur ti miro, pur ti godo (dueto de amor final de la ópera La Coronación de Popea, de Monteverdi), se tradujo en una escultura viva, donde el claroscuro del deseo y la luz se fundieron en una poética suspensión.

Con la emoción todavía en alto, regresó Esteban Hernández para presentar una de las coreografías neoclásicas más sutiles que ha encantado a los seguidores de Despertares a lo largo de varias ediciones, esta vez, en compañía de Jasmine Jimison: Hurry Up We Are Dreaming, de Justin Peck, que trajo a la duela del Auditorio Nacional la fluidez de Jasmine fusionada con el dominio magnético que Esteban tiene ya sobre esta pieza mágica.

Isaac Hernández. CUARTOSCURO

Y sin duda otro de los momentos más esperados de la noche fue en el que Isaac regresó al escenario para ofrecer el estreno en México de su pas de deux de Otelo, que presentó con su compañera del American Ballet Theatre Skylar Brandt. El histrionismo de Isaac ha sido, junto con su destreza técnica, una de las marcas más significativas de su estilo dancístico y en esta versión del clásico shakesperiano llevado al ballet dejó cimbrando a los espectadores, en donde los sentimientos no pudieron más que encontrarse por la violencia y la belleza de la escena.

Tap a ritmo de Mozart

A esas emociones ya sólo les quedaba disiparse con una intervención más festiva, pero no por ello menos virtuosa como penúltimo número: el bailarín de tap Bayley Graham hizo su debut en México en un género que es muy querido para la familia Hernández, quienes han buscado contar con un exponente en varias de las galas anteriores. Esta vez, el turno fue para el neozelandés, conocido como “el príncipe”, quien contagió su buen humor gracias a su encanto natural. El bailarín llevó al público con su intervención titulada Rhythm is my business de ritmos modernos al clásico, retándose a sí mismo a ejecutar y al público a disfrutar de Rondo alla turca de Mozart, en una versión que aceleró al máximo.

La conclusión de la noche se hizo inevitable y, como en cada edición, los hermanos Isaac y Esteban Hernández la entregaron con su tradicional My way, una declaración de principios que sella el compromiso artístico de los tapatíos, que ha crecido de la mano de su familia y las compañías internacionales de danza que los han albergado en más de dos décadas de trayectoria.

Para el Finale, otra tradición sirvió para despedir al público: el baile libre a ritmo de Impossible de Jax Jones Remix de Lion Babe, fiesta a la que los invitados debutantes acuden por primera vez y los que ya pueden considerarse de casa aprovechan para explotar sus pasos energéticos, que cierran la función y dejan el ambiente dispuesto para una gala más el próximo año.

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