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Arte e Ideas

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Ganar aura, perder vigencia, la fugacidad como sello de las ciberculturas actuales

Jóvenes de la Generación Z miden su carisma en los parques mediante una performance de frialdad. Para el Observatorio de Medios Digitales, el fenómeno encierra un contrasentido: el esfuerzo por demostrar compostura elimina de inmediato el encanto frente a una audiencia que busca la parodia. Las búsquedas en Google y la conversación en redes registraron caídas de más del 50% en apenas tres días: el formato sufrió un desplome tan acelerado como su ascenso.

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Foto: AFP

Nelly Toche

Son las cinco de la tarde en la explanada del parque y nadie habla. Dos adolescentes de quince años caminan en círculos, separados por apenas tres metros de césped. No hay empujones, no hay insultos, no hay música de fondo. Solo hay miradas fijas, espaldas erguidas y una parsimonia estudiada que raya en la hipnosis. Alrededor, un círculo de treinta chicos sostiene sus teléfonos en alto, grabando en absoluto silencio. Si ves esto, estás en medio de una "batalla de aura".

En el lenguaje de la Generación Z y la Generación Alfa, el aura es esa fuerza invisible que mezcla carisma, misterio y compostura absoluta. Farmearla —un término prestado de los videojuegos que significa recolectar recursos de forma repetitiva— implica ejecutar gestos calculados para acumular puntos estéticos frente a los demás. Perder el control, tropezar o parecer desesperado resta puntos inmediatamente. La regla de oro es simple: quien parpadea, sonríe o muestra un milígramo de esfuerzo, pierde.

A la izquierda está Mateo, con una chaqueta cruzada y las manos dentro de los bolsillos. Camina como si el mundo le aburriera profundísimamente. A la derecha, Sofía responde con una lentitud casi teatral: se acomoda el flequillo sin prisa, sostiene la mirada y da un paso lateral con la precisión de un maestro de ajedrez. No se tocan. La tensión se mide en la capacidad de parecer inalcanzable mientras un grupo de desconocidos te apunta con cámaras.

Un chico en el público levanta la mano, marca un gesto imperceptible con el pulgar hacia arriba dirigiéndose a Sofía y la multitud murmura. El veredicto es tácito. Mateo cometió el error fatal: mirar a la pantalla de un teléfono por un microsegundo. −5,000 de aura. Sofía ni se inmuta, mantiene el perfil recto y camina hacia la salida del parque sin mirar atrás. +10,000.

Lo que para los adultos que pasean a sus perros parece una pantomima absurda o un juego de estatuas de bajo consumo energético, para estos jóvenes es una cuidada performance de estatus. En una época saturada de sobreexposición digital, hiperactividad y notificaciones incesantes, la moneda de cambio social más codiciada ha pasado a ser la frialdad implacable. Ganar aura en el parque no se trata de dominar al otro por la fuerza, sino de demostrar que nada en este mundo es capaz de despeinarte.

El grupo se dispersa en cuestión de segundos. Los videos subidos a TikTok acumularán miles de reproducciones en las próximas horas, donde jueces anónimos en la sección de comentarios auditarán cada movimiento. En la superficie, el parque vuelve a estar en paz; subterráneamente, el algoritmo acaba de registrar una nueva victoria de la compostura sobre el caos.

De las canchas a las plazas

Para descifrar este fenómeno que desconcierta a las generaciones mayores, es necesario entender su etimología cibernética y cultural. Gonzalo Serrano, investigador del Observatorio de Medios Digitales (OMD) del Tecnológico de Monterrey, explica que el concepto nace de la fusión de dos códigos distintos.

Por un lado, la noción de aura mutó desde su origen deportivo: "El concepto tiene que ver con la presencia que se imponía de forma casi involuntaria en deportistas como Michael Jordan, Cristiano Ronaldo o Lionel Messi", señala Serrano. Por otro lado, farmear proviene de la jerga gamer, donde alude al acto repetitivo de cosechar recursos o puntos.

"Se juntan ambos conceptos en la idea de hacer un movimiento que genere validación. El modelo viral de esto se masificó con el video de un niño en Indonesia (Rayyan Arkan Dikha) que bailaba con total desafectación en la proa de una canoa en movimiento: alguien que realiza una acción sin mayor esfuerzo y genera admiración inmediata", detalla el especialista.

El esfuerzo que apaga el carisma

El salto de la pantalla a los parques mediante las "batallas de aura" expone una contradicción inherente. A diferencia de lo que ocurre en una competencia de freestyle o rap —donde existe improvisación verbal y admiración genuina hacia el talento—, aquí la dinámica se sostiene en la comunicación no verbal y en la contención de emociones.

La audiencia no asiste desde la idolatría, sino desde la observación crítica, la ironía y el consumo del llamado cringe. A mayor esfuerzo deliberado por demostrar que se posee aura, mayor es la pérdida inmediata de este carisma.

Serrano advierte sobre esta distorsión: "En el momento en que quiero demostrar que tengo aura o realizo el acto deliberado de farmearla, la apago. Quienes acuden a observar estos encuentros van, en buena medida, a reírse de la sobreactuación. En redes sociales, los mayores volúmenes de interacción los concentran quienes quedan en evidencia".

Los datos recopilados por el Observatorio de Medios Digitales ratifican que el fenómeno funciona más como un espectáculo visual de observación que como una práctica masiva. En la plataforma X, por cada usuario que ejecutó la práctica, cerca de siete interactuaron exclusivamente como observadores o jueces externos (razón de 6.7 a 1), impulsados principalmente por una audiencia adulta que intenta traducir la tendencia.

Necesidad de validación y la huella de la pospandemia

Detrás de la búsqueda de métricas simbólicas de estatus late una necesidad generacional profunda de pertenencia. Para la Generación Z y la Generación Alfa, la traslación de los puntajes digitales al plano presencial responde a patrones de validación entre pares.

Serrano sugiere abordar el fenómeno con una mirada comprensiva, incluso positiva: "Hay que ser más curioso que juicioso con los jóvenes. Esta necesidad de validación también se vincula con la soledad y con el impacto psicosocial de la pandemia de Covid-19, que los obligó a pasar etapas críticas de la adolescencia en aislamiento digital. Entre estar encerrados mirando una pantalla o estar compartiendo al aire libre a través de un juego no violento, me quedo con el espacio público. Les permite ejercitar interacciones cara a cara, que son las que rigen el mundo adulto".

El ciclo efímero de las modas algorítmicas

Pese a la intensidad de su pico de atención —donde la etiqueta #farmearaura acumuló en México más de 200 millones de visualizaciones en TikTok hacia mediados de agosto de 2026—, las mediciones del OMD confirman que el fenómeno ha entrado en un acelerado declive.

Los análisis en Google Trends muestran caídas de entre el 47% y el 66% a los pocos días de alcanzar su punto máximo. Muy probablemente "Es un fenómeno fugaz. Para cuando los adultos empezamos a conceptualizarlo y discutirlo, la tendencia ya está pasando de moda para ellos", concluye Serrano. Ahora la compostura implacable de los parques pronto cederá su lugar a la siguiente manifestación juvenil.

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Nelly Toche

Periodista de ciencia en la sección Arte, Ideas y Gente de El Economista. Cuenta con maestría en periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE y es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UVM.

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