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Arte e Ideas

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El Festival Cervantino sigue siendo un oasis cultural indispensable

Funk, danza de vanguardia y ópera sellan una edición histórica que reafirma la relevancia del encuentro cultural más importante de México

Clausura de la edición 2026 del FICCORTESÍA JACQUELINE REYNOSO

A lo largo de más de cinco décadas, el Festival Internacional Cervantino ha navegado por complejos vaivenes económicos, presupuestales y políticos, así como transformaciones en las políticas culturales del país. Sin embargo, cada edición demuestra con arte por qué se mantiene firmemente como el encuentro cultural más importante de México y uno de los referentes más vitales de América Latina que no se pueden perder.

En un panorama global donde los espacios de convergencia interdisciplinaria son cada vez más escasos, la permanencia y vigencia del Cervantino cobra una relevancia estratégica: la posibilidad de congregar en una misma ciudad, a lo largo de varias semanas, expresiones de vanguardia internacional, patrimonio clásico y creación comunitaria es un fenómeno extraordinario que difícilmente se repite en otras partes del mundo.

La vitalidad de este espacio no solo debe garantizar el acceso democratizado a las artes, sino que consolida a Guanajuato como un territorio de diálogo y encuentro humano a través de la cultura. Prueba de ello fueron los diferentes eventos con los que cerró esta edición 54.

Funk y luces en la Alhóndiga para despedir el Festival

La Alhóndiga de Granaditas se transformó en una pista de baile monumental. Entre sintetizadores analógicos, líneas de bajo rítmicas y un vibrante juego de luces que iluminó las históricas escalinatas, la Dabeull Live Band convirtió la clausura del 54 Festival Internacional Cervantino (FIC) en una fiesta de funk y música disco.

“Esta noche no tenemos computadoras, tenemos sonidos con sintetizadores y donde el amor es lo que se va a escuchar”, expresó sobre el escenario David Saïd, conocido artísticamente como Dabeull. Ante un público intergeneracional que llenó el recinto, el músico y productor francés despidió la edición 2026 del encuentro cultural con una propuesta en formato de banda en vivo que remitió a los clubes de los años ochenta. La calidez del sonido analógico y la energía festiva marcaron un cierre memorable que dejó un gran sabor de boca, incluso para los visitantes sin antecedentes sobre estos ritmos.

La banda francesa 'prendió' la Alhóndiga.CORTESÍA DAVID MAGAÑA

Francia y México: diálogo de vanguardia

La participación de Francia como país invitado de honor cobró especial trascendencia en el marco de los 200 años de relaciones diplomáticas entre México y Francia. Con la presencia de 175 creadores galos, la programación ofreció un cruce de disciplinas que abarcó desde la música antigua hasta el lenguaje contemporáneo de las artes vivas.

Uno de los momentos cumbres en la agenda fue "Room with a View", proyecto de cooperación producido por el colectivo francés (LA)HORDE, el Ballet Nacional de Marsella, el compositor de música electrónica Rone (Erwan Castex) y una delegación de 17 bailarines mexicanos. Con dos funciones en el Auditorio del Estado, la pieza convirtió el escenario en una cantera de mármol para reflexionar sobre la violencia, la resistencia social y la reconstrucción comunitaria.

Room with a View.Cortesía David Magaña

En conferencia de prensa previa, Rone y el equipo creativo detallaron el intenso proceso de remontaje, que requirió solo un mes de trabajo con los intérpretes locales. La colaboración permitió que el elenco nacional no solo ejecutara la coreografía, sino que aportara una sonoridad y una carga emocional profundamente vinculadas con la realidad social de nuestro país, Rone quedó gratamente sorprendido con el trabajo mexicano.

Rigor lírico y la memoria del teatro

La oferta artística de esta edición también dejó marcas profundas en los recintos emblemáticos de la capital guanajuatense. En el Teatro Juárez, la ópera Tosca, de Giacomo Puccini, triunfó bajo la dirección concertadora de Stefan Lano y de escena de Luis Miguel Lombana. La producción reunió al tenor sonorense Arturo Chacón Cruz (Mario Cavadossi), María Fernanda Castillo (Floria Tosca) y Alfredo Daza (Barón Scarpia), en una colaboración interinstitucional entre la Secretaría de Cultura federal, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y coros locales, lago imperdible que difícilmente se repite.

Opera Tosca.CORTESÍA JACQUELINE REYNOSO

Por su parte, el teatro mexicano se hizo presente con Misantropías, bajo la dirección de Luis de Tavira, Jorge Valdivia y Aurora Cano. La obra rinde tributo a Molière y a la trastienda de la vida artística a través de un juego de espejos entre ficción y realidad que explora la condición humana y el sentido ético del creador.

Con un itinerario que combinó la potencia de la ópera, la densidad conceptual de la danza de vanguardia y la euforia colectiva del funk, el 54 Festival Internacional Cervantino concluyó sus actividades recordando la urgencia de mantener vivos estos grandes ecosistemas culturales, auténticos faros donde la creación artística global encuentra un refugio compartido y se fusiona con la escena local.

Periodista de ciencia en la sección Arte, Ideas y Gente de El Economista. Cuenta con maestría en periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE y es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UVM.

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