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Arte e Ideas

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En Colombia, la ciencia y la política tratan de pactar el fin de la era de los combustibles fósiles

En un contexto de alta tensión política, la ciudad de Santa Marta se convierte en el epicentro de la transición energética. Científicos y líderes globales presentan rutas críticas para abandonar los combustibles fósiles con un argumento contundente: el cambio es más rentable que el inmovilismo.

En Santa Marta la ciencia y la política tratan de pactar el fin de la era fósilFoto: Especial

La ciudad de Santa Marta, enclavada entre la Sierra Nevada y el mar Caribe, en Colombia, se ha convertido esta semana en el laboratorio político más importante del mundo. Por primera vez, la Conferencia para la Transición Más Allá de los Combustibles Fósiles busca desplazar el foco de las tradicionales declaraciones de intención hacia una hoja de ruta pragmática, técnica y, sobre todo, urgente. El mensaje es claro: la discusión ya no es sobre la necesidad de cambiar, sino sobre la logística financiera y social de un mundo que ya ha empezado a dejar atrás el carbón, el gas y el petróleo.

El pragmatismo económico frente a la crisis

El encuentro ha iniciado con una revelación que acaba con el argumento del "costo prohibitivo" de la transición. El científico británico Piers Forster, en colaboración con el Ministerio de Ambiente de Colombia, presentó un borrador estratégico que pone cifras sobre la mesa. Si bien el abandono progresivo de los combustibles fósiles en el país suramericano requeriría una inversión anual de 10,600 millones de dólares, el retorno económico es abrumador.

El informe estima que los ahorros derivados de una mayor eficiencia, operaciones energéticas más económicas y la reducción radical de los impactos en la salud pública y el clima sumarían 23,000 millones de dólares anuales. En términos financieros, la transición energética no es un gasto, sino una de las inversiones más rentables de la historia moderna, con una relación beneficio-costo superior al 2:1.

Nace el Panel Científico Global

Uno de los hitos más celebrados ha sido el lanzamiento del Panel Científico para la Transición Energética Global, liderado por figuras de la talla de Johan Rockström y Carlos Nobre, dos de los científicos climáticos más influyentes a nivel mundial. Con sede en la Universidad de São Paulo, este organismo nace con el mandato de ser un árbitro independiente frente a la desinformación.

La Ministra de Ambiente de Colombia, Irene Vélez, fue tajante al respecto: "Hay mucho lobby económico y político que busca debilitar el razonamiento científico. Tener este panel da un mensaje de soberanía en la toma de decisiones basada en la ciencia y no en los intereses particulares". Para Rockström, el objetivo es ambicioso: asegurar que los combustibles fósiles nunca más caigan de la agenda política global, tratándolos como un riesgo sistémico para la humanidad.

Un decálogo para la acción

Por otro lado, más de 400 científicos internacionales también presentaron un plan de acción de 12 puntos que busca transformar tanto la oferta como la demanda de energía. Entre las medidas más disruptivas se encuentran:

  1. Desmantelar barreras legales: Eliminar los marcos que protegen el "arraigo" de los fósiles.
  2. Protección de trabajadores: Programas de recapacitación temprana para que la fuerza laboral del sector extractivo no quede rezagada.
  3. Prohibición de publicidad: Tratar al petróleo y al gas como se trató al tabaco, limitando su capacidad de influir en la narrativa pública.
  4. Fijación de precios del carbono: Implementar impuestos armonizados internacionalmente para financiar la transición en países de ingresos bajos.
  5. Reforma de la justicia internacional: Actuar colectivamente para neutralizar el Mecanismo de Solución de Controversias entre Inversores y Estados (ISDS), que actualmente permite a las corporaciones demandar a países que implementan leyes ambientales estrictas.

La voz de los territorios

La conferencia no ha sido solo un espacio para técnicos. La sociedad civil y los pueblos indígenas han introducido una dimensión ética fundamental. La activista Luene Karipuna denunció cómo los planes de expansión de empresas como Petrobras en la Amazonía han exacerbado la violencia en los territorios.

Conferencia para la Transición en Santa Marta.Foto: Especial

La propuesta indígena es audaz: la creación de "zonas libres de combustibles fósiles", es decir, áreas de alta sensibilidad ecológica donde la explotación quede terminantemente prohibida por ley internacional. Esta demanda se integró en una "Declaración Popular" que exige reparaciones climáticas que no generen más deuda externa para los países del Sur Global.

Finalmente la presidencia brasileña de la COP30, representada por André Corrêa do Lago, informó que han recibido 444 presentaciones formales para la elaboración de hojas de ruta globales, una participación sin precedentes que incluye desde la Unión Europea hasta los Países Menos Desarrollados (LDCs).

Hacia la cumbre de Antalya

El segmento de alto nivel, que inicia este 28 de abril, contará con la participación de delegaciones de más de 50 países. México tendrá una representación a través de Camila Isabel Zepeda Lizama, titular de la Unidad Coordinadora de Asuntos Internacionales de la Semarnat. Su misión será integrar estas discusiones en la estrategia que se llevará a la cumbre climática de Antalya, Turquía a finales de año.

Como bien señaló Tina Stege, enviada climática de las Islas Marshall, la transición no es un lujo teórico: "El mes pasado declaramos emergencia económica cuando el combustible llegó a los 8 dólares por galón. No podemos permitirnos estos subsidios. Es hora de bajarnos de la montaña rusa de los combustibles fósiles antes de que llegue el próximo choque de suministro".

Periodista de ciencia en la sección Arte, Ideas y Gente de El Economista. Cuenta con maestría en periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE y es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UVM.

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