Buscar
Arte e Ideas

Lectura 6:00 min

El cine independiente busca espectadores en tiempos de scroll

El Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México abre una ventana para películas de nicho, pero también para discutir la fragmentación de las audiencias, los nuevos formatos y la necesidad de que los festivales dejen de ser estaciones de paso.

La novena edición del festival incluye 32 obras en competencia y se desarrolla hasta el 6 de septiembre. foto ee: especial

El cine independiente enfrenta una paradoja: nunca había sido tan asequible identificar con precisión quienes allá afuera pueden interesarse por una película o un género en específico, pero tampoco había sido tan difícil escapar de los nichos o círculos sociales según el gusto cinematográfico que esa misma información ayuda a construir.

En ese escenario arranca la novena edición del Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México, que se realiza del 2 al 6 de septiembre con el lema “Sostener la mirada”, una consigna que adquiere especial sentido frente a un ecosistema audiovisual dominado por la velocidad del scroll.

Organizado en colaboración con el Fideicomiso para la Promoción y Desarrollo del Cine Mexicano en la CDMX (ProcineCDMX), el encuentro ocupa sedes como el Centro de Cultura Digital, Cinemanía, Cine Tonalá y el Centro Cultural del México Contemporáneo. La inauguración corrió a cargo de la proyección del clásico del cine mexicano “Llámenme Mike” (1979), una obra de culto de Alfredo Gurrola que en su momento fue censurada, mientras que la clausura será con el estreno en Ciudad de México del largometraje “Los amantes se despiden con la mirada” (2025), del realizador oaxaqueño Rigoberto Perezcano.

Para Emiliano Escoto, director del festival, la tarea no puede limitarse a proyectar películas: “No basta con abrir una pantalla y poner una película, necesitas estar trabajando constantemente para definir a qué públicos quieres llegar, con qué realizadores, productores y exhibidores quieres trabajar”.

Del espectador al dato

El festival parte de un proyecto más amplio, la Red Nacional de Arte, que desarrolla actividades formativas durante el año en producción, realización, apreciación y análisis cinematográfico. Esa continuidad permite construir algo que Escoto considera hoy fundamental para un festival de cine, pero también para cualquier proyecto cultural consolidado o en ciernes: bases de datos de públicos cinéfilos.

“Las bases de datos son de públicos fieles, de públicos cinéfilos que ya quieren ver cierto tipo de películas”, explica. La apuesta consiste en identificar previamente quienes tienen interés en determinadas cinematografías y convertirlos en algo más que espectadores: resonadores que puedan recomendar una cinta, llevarla a sus escuelas, cineclubes o espacios de exhibición y exigir que tenga otras ventanas.

Es una estrategia particularmente relevante para un cine que suele desaparecer después de su recorrido festivalero. “Es muy triste que las películas se queden únicamente en los festivales”, dice Escoto, quien considera que el problema exige construir una industria más sólida, pero también abrir espacios permanentes de diálogo con las audiencias.

La novena edición del encuentro, que incluye 32 obras en competencia y una clínica para 10 proyectos de largometraje, busca justamente operar como ese puente. La idea, dice Escoto, no es competir con las plataformas en volumen sino construir comunidades alrededor de películas que difícilmente encontrarían una salida comercial convencional.

La industria ya no cabe en una pantalla

La paradoja aparece cuando se observa a los propios cineastas. Escoto cuenta que conoce profesionales formados en cine cuya principal fuente de ingresos está hoy en la producción de videos para internet: “Tengo amigos que estudiaron cine, que son profesionales, y se dedican a hacer telenovelas de gatitos con inteligencia artificial para TikTok. Y de eso viven”.

El ejemplo puede parecer absurdo, pero describe una transformación profunda: estudiar cine ya no significa necesariamente ganarse la vida haciendo películas. El audiovisual se ha fragmentado en plataformas, formatos, duraciones y comunidades que conviven con el cine tradicional.

También están cambiando los espectadores. En una charla en el Centro de Capacitación Cinematográfica, Escoto encontró alumnos que llegaron a estudiar cine después de consumir películas fragmentadas en redes sociales. “Yo llegué aquí viendo películas de un minuto en un minuto, de diez minutos en diez minutos”, recuerda que le dijeron.

Para el director, las redes producen así un “arma de doble filo”. Permiten que públicos cada vez más específicos encuentren contenidos afines y construyan comunidades, pero también pueden encerrar el consumo en compartimentos cada vez más pequeños.

Ahí coloca el verdadero desafío de los festivales: romper los nichos que los datos permiten identificar. “El reto es precisamente identificar cuáles son tus públicos naturales y tratar de romper esos límites”, afirma. “Si los festivales ya no sirven para formar nuevos públicos o para tener nuevos adeptos, entonces, ¿para qué sirven?”.

De la sala a las comunidades

En ese debate se inserta “Los amantes se despiden con la mirada”, película que Rigoberto Perezcano describe como la más frágil y, al mismo tiempo, la más necesaria de su trayectoria. La cinta aborda los matrimonios infantiles bajo el amparo de los llamados usos y costumbres y tendrá en el festival su primera presentación en Ciudad de México.

Después de su paso por Tijuana, donde Perezcano habló con El Economista sobre la urgencia de llevar la película a las comunidades donde ocurre esta problemática, el director mantiene esa prioridad: Oaxaca, pero también otros estados donde persiste la práctica.

“Para mí es como el premio mayor de la película que llegue a esas comunidades”, dice ahora. “No le veo sentido haber hecho una película para que se quede en una sala cinematográfica, para que se vea en festivales, sino que también llegue ahí”.

La película, que tuvo un rodaje interrumpido por la pandemia y que apuesta por un lenguaje autoral en blanco y negro, tampoco fue concebida para perseguir grandes cifras de taquilla. Perezcano reconoce que mantiene conversaciones con distribuidores y prevé una salida comercial, pero imagina una ruta más pequeña y específica: salas alternativas, cineclubes y, sobre todo, las comunidades a las que interpela.

“La mejor difusión es el boca a boca”, sostiene. Y ahí vuelve a encontrarse con la apuesta del festival: que una película no termine cuando se encienden las luces, sino cuando alguien sale de la sala dispuesto a hablar de ella, recomendarla y buscar dónde volver a verla.

Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México

  • Del 2 al 6 de septiembre de 2026
  • Lema: “Sostener la mirada”, dedicado a las miradas que construyen comunidad desde el cine independiente

Las sedes

  • Centro de Cultura Digital
  • Cinemanía
  • Cine Tonalá
  • ESCINE
  • Casa Imperial
  • Centro Cultural del México Contemporáneo
  • Sala Lafragua del Acervo Histórico Diplomático
  • Museo Casa de Carranza

Clausura:

  • Los amantes se despiden con la mirada (2025)
  • Dir. Rigoberto Perezcano
  • Proyección: 6 de septiembre
  • 19:00 horas
  • Cine Tonalá

Noticias Recomendadas