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Aumento de violencia doméstica apaga la fiesta del Mundial
Durante los grandes torneos deportivos suele amplificarse la violencia hacia mujeres y menores en el hogar; organismos internacionales lanzan una iniciativa para visibilizar las señales de alerta y promover líneas de auxilio antes de que la pasión de la cancha se convierta en peligro a puerta cerrada; en México hay subregistro de agresiones.
Al ser México una de las sedes oficiales de la Copa del Mundo, los factores de riesgo globales se proyectan directamente sobre la realidad nacional.
La Copa Mundial de Futbol 2026 ha convertido a México en el epicentro de la fiesta global. En las calles hemos visto color, cánticos y euforia colectiva. Sin embargo, detrás de las puertas de miles de hogares, la realidad es drásticamente opuesta. La evidencia científica internacional nos revela una verdad incómoda: los grandes eventos deportivos operan como potentes amplificadores de la violencia familiar, poniendo en riesgo a mujeres, niñas, niños y adolescentes.
Para hacer frente a esta problemática, ONU Mujeres, en alianza con UNICEF, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y el Gobierno de México, impulsa la campaña “En equipo contra la violencia familiar”, una iniciativa que busca visibilizar este fenómeno, promover la corresponsabilidad social y activar mecanismos de prevención antes, durante y después de los partidos.
Lo que dicen las cifras
En entrevista para El Economista, Andrea Cházaro, Oficial Nacional de Programas de ONU Mujeres, explica que contrario a la creencia popular, la violencia doméstica no es un hecho aislado regulado por la frustración de una derrota; se trata de una dinámica estructural que se recrudece con la intensidad del torneo.
Estudios internacionales arrojan estadísticas contundentes, por ejemplo, "el resultado no frena la agresión". Una investigación de la Universidad de Lancaster, que analizó reportes policiales durante los Mundiales de 2002, 2006 y 2010, demostró que en Inglaterra los avisos por violencia familiar incrementan un 26% cuando la selección gana o empata, y se disparan un 38% cuando pierde.
Por otro lado, un estudio de la Universidad de Warwick analizó los datos de la policía de West Midlands (2010–2019) y concluyó que el aumento de las agresiones proviene específicamente de los casos donde mediaba el consumo de alcohol, los cuales se disparan hasta un 47% el día de una victoria. En contraste, los casos sin alcohol no registraron aumentos, posicionando a esta sustancia —y no a la emoción del juego— como el catalizador principal.
Pero también existe el "efecto del día siguiente", pues los incidentes no suelen ocurrir durante los 90 minutos de juego. Según datos publicados en el Journal of Public Economics (2024), las llamadas de auxilio disminuyen mientras el balón rueda, pero suben de forma sostenida después, alcanzando un pico máximo entre 10 y 12 horas posteriores al inicio del partido.
En conclusión, "el futbol no genera la violencia familiar, pero el Mundial es un detonante y un amplificador que confluye con factores preexistentes como el consumo excesivo de alcohol, las apuestas, la presión económica y las masculinidades nocivas que justifican la descarga de la frustración en el espacio doméstico", explicó la vocera.
La seguridad de la víctima es la máxima prioridad.
La realidad en México frente al Mundial 2026
Al ser México una de las sedes oficiales de la Copa del Mundo, los factores de riesgo globales se proyectan directamente sobre la realidad nacional. Aunque el país cuenta con el monitoreo mensual del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y encuestas del INEGI, actualmente no existe un registro diario que permita cruzar en tiempo real las denuncias con el calendario de partidos, lo que apunta a un importante subregistro local.
Ante esto, la campaña de ONU Mujeres no espera "la evidencia perfecta" para actuar. De cara al torneo, se han coordinado esfuerzos con las autoridades de las tres ciudades sede en México, impartiendo capacitaciones al personal policial de primer contacto y operadores telefónicos para responder con perspectiva de género y de derechos de la niñez.
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Asimismo, figuras públicas y futbolistas (incluyendo colaboraciones con la Liga MX Femenil, la FMF y jugadores de clubes como Pumas) se han sumado como agentes de cambio para enviar un mensaje claro a la afición: la pasión no justifica la agresión.
El papel crucial de los testigos
Pero también como sociedad podemos actuar. La especialista explica que dado que muchas víctimas se encuentran bajo control constante y no pueden pedir ayuda de forma directa, la campaña hace un llamado enérgico a vecinos y familiares. La sospecha razonable es suficiente para actuar; no se necesitan pruebas.
¿A qué prestar atención?
- Gritos, golpes o ruidos violentos repetidos en viviendas colindantes, especialmente durante o tras los partidos.
- Cambios bruscos de comportamiento en mujeres o menores (retraimiento, miedo o ansiedad inexplicable conforme se acerca la hora del juego).
- Marcas físicas no justificadas.
- Silencios prolongados o llantos tras discusiones intensas.
¿Cómo reportar de forma responsable?
La seguridad de la víctima es la máxima prioridad. Por ello, las recomendaciones oficiales estipulan nunca confrontar al agresor para no elevar el riesgo, sino observar, recordar datos clave y canalizar la ayuda a través de las vías institucionales que el Gobierno de México ha puesto a disposición:
Para emergencias activas (9-1-1): Si hay una agresión en curso o la vida e integridad de alguien corren peligro inmediato, se debe llamar al 9-1-1. Este reporte activa el despliegue policial y los protocolos de protección urgente donde cada minuto cuenta.
Para situaciones de riesgo o sospecha (079, Opción 1): Si se percibe un entorno violento o preocupante pero no hay una emergencia activa, lo ideal es utilizar la Línea de las Mujeres marcando al 079 (Opción 1). A través de este canal se brinda orientación, asesoría psicológica y legal, así como un acompañamiento seguro para que la víctima reciba la canalización protectora adecuada.
Cházaro asegura que "la responsabilidad de la violencia recae exclusivamente en quien la ejerce, pero se puede reconocer, reportar y actuar", y concluye: "No buscamos demonizar al futbol", sino aprovechar la coyuntura del Mundial para hacer un llamado profundo a la corresponsabilidad social. La estrategia pone el foco en las masculinidades positivas, invitando a hombres y mujeres a asumir un papel activo como agentes de cambio: primero, dejando de ejercer violencia, y segundo, cuestionando a su entorno. Esto implica abrir debates necesarios —y a veces incómodos— con amigos y familiares sobre salud mental, control de emociones y el manejo de la frustración, demostrando que la pasión por un partido jamás debe traducirse en agresiones dentro del hogar.