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Arte e Ideas

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El museo ya no sólo conserva: también debe aprender a escuchar

El III Foro de Museos, efectuado en la FILAH, puso sobre la mesa una transformación de fondo: los espacios museísticos deben ser reconocidos como constructores de memoria no más relevantes que sus comunidades.

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La tercera edición del Foro de Museos sucedió el fin de semana, en el marco de la FILAH, con sede en el Museo Nacional de Antropología.foto: cuartoscuro

Ricardo Quiroga

Un museo no es neutral. Cuando un recinto de este tipo elige qué conservar, qué interpretar y qué historias colocar en el espacio público, también participa en la manera en que una sociedad se representa a sí misma.

Ésa fue una de las premisas planteadas durante la inauguración del III Foro de Museos, realizado el fin de semana, en la edición 37 de la Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH) —con sede en el Museo Nacional de Antropología hasta el 23 de agosto—, bajo el tema “Espacios de reflexión patrimonial y vínculos para la participación comunitaria”.

José Luis Perea González, secretario técnico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), sostuvo que la discusión sobre los museos debe partir de una transformación en su función: ya no basta con conservar, investigar e interpretar objetos; también importa la relación que construyen con las comunidades alrededor de ese patrimonio.

“Un museo nunca es completamente neutral, poruqe éste selecciona, interpreta, relaciona, hace visible determinadas historias y precisamente por ello tiene una enorme responsabilidad ética. En tiempos de fragmentación social, de información instantánea y de memorias enfrentadas, los museos pueden desempeñar una función todavía más importante: convertirse en espacios donde sea posible encontrarnos alrededor de evidencias, objetos, historias y preguntas comunes”.

La discusión desplaza así el centro de gravedad del museo: del objeto hacia los vínculos que éste puede generar. Para Perea, el conocimiento especializado no debe desaparecer, sino dialogar con el conocimiento de las comunidades, que no deberían ser únicamente visitantes o destinatarias de las instituciones, sino participantes en la interpretación de aquello que consideran propio.

Cuidar como una forma de cooperación

La transformación conceptual de lo que es un museo adquirió una dimensión práctica en la ponencia “Cuidar lo que nos une: Ibermuseos y la gestión del riesgo al patrimonio como práctica de cooperación”, impartida por Vanessa De Britto Maluf, coordinadora de proyectos de Ibermuseos, el principal programa internacional de cooperación e integración para el fomento de las políticas públicas de museos en Iberoamérica.

La especialista planteó que, en un contexto marcado por conflictos, desastres y disputas sobre las memorias, proteger el patrimonio también requiere el fortalecimiento de capacidades para trabajar colectivamente.

La pregunta, dijo, no es únicamente qué sucede cuando un museo pierde una pieza, sino qué ocurre con los significados que ese objeto tiene para una comunidad. Por ello, propuso superar una relación vertical con las comunidades y avanzar hacia mecanismos de corresponsabilidad.

Desde Ibermuseos, explicó Britto Maluf, esa perspectiva se traduce en instrumentos de diagnóstico, capacitación y cooperación para que los museos puedan identificar riesgos y construir protocolos de protección. El programa también prepara una nueva modalidad de su Fondo de Protección al Patrimonio para financiar proyectos promovidos entre museos y comunidades.

Ahora bien, no todos los museos cuentan con las mismas capacidades institucionales para anticipar los riesgos que enfrenta su patrimonio. La cooperación, en ese sentido, no sólo permite compartir conocimientos, sino hace posible compensar capacidades y construir redes de confianza entre instituciones.

Lo que ocurre detrás de las vitrinas

La tercera dimensión del III Foro de Museos, en el contexto de la FILAH, apareció en el reconocimiento al trabajo interdisciplinario de la historiadora e investigadora iconográfica Alejandra Ruano Calva, la etnohistoriadora y museóloga Cecilia Llampallas Sosa, la gestora cultural y museógrafa Itzia Villicaña Gerónimo, la restauradora y gestora cultural Martha Quintanar Montiel y el especialista en políticas culturales y gestión cultural Porfirio Castro Cruz.

El acto permitió poner en primer plano una parte del trabajo museístico que suele quedar fuera de la experiencia del visitante: inventarios, investigación iconográfica, curaduría, conservación, movimiento de colecciones, museografía, gestión y divulgación.

Rosa María Franco, directora técnica de la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones del INAH, explicó que los procesos museísticos no son lineales, sino que se corrigen y alimentan entre sí: se vuelve al guion, se revisa la museografía, se cuidan las colecciones y nuevamente se reconsidera la manera de narrar el patrimonio.

Para Martha Quintanar, subdirectora de Inventarios del Patrimonio Cultural, ese trabajo administrativo y técnico resulta fundamental aunque pocas veces sea visible: “Hay mucha actividad atrás de una exposición o atrás de los museos, pero que de repente no luce tal vez como debería”.

El reconocimiento cerró así el recorrido conceptual del foro: si el museo aspira a ser un espacio de participación, diálogo y construcción colectiva de memoria, también necesita reconocer que esa transformación depende de redes de profesionales, disciplinas e instituciones articuladas.

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