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Arte e Ideas

Lectura 7:00 min

¿Ya aprendieron a leer tú y tus hijos?

Leer no es más que juntar letras en vocablos, oraciones, párrafos, páginas y libros. Se trata de entender el proceso que pasamos, los significados que obtenemos, lo que aprendemos y lo que aplicamos en la vida.
 

Ilustración: Nayelly Tenorio

En una librería o a una biblioteca, es normal percibir que estamos entrando a un mundo que está lleno de elementos de suma importancia. Pero, un poco más de introspección nos llevará a preguntarnos: ¿Para qué existe la literatura? ¿Porqué deberíamos ocupar nuestro tiempo leyendo, mientras al mismo tiempo a en nuestro entorno suceden otro tipo de cosas muy importantes?

Si hablamos de tiempo, los libros y, en especial la literatura, pueden ser observados como simuladores de la realidad, pero además son fragmentos del intelecto de alguien más. Una persona que decidió compartir con sus semejantes un poco de aprendizaje. Sin embargo, la interpretación de un texto puede ser muy clara para algunas personas y motivo de estudio para otras.

Para muchos lectores asiduos y críticos de la literatura, encontrarle un significado más profundo a un libro se convierte en algo más allá de solo lo que el autor quiso expresar en algunas pocas páginas y la suma de palabras que ellas contienen.

Cuando leemos, se espera que nos echemos un clavado en lo plasmado para que podamos participar en un proceso que despierta la creatividad para generar ideas nuevas, pero que además nos ayude a encontrar significado más profundo al mundo que nos rodea. Sin embargo, al mismo tiempo, puedes analizar un texto y seguir con la incertidumbre de qué tan profundo puede llegar a ser. Lo mismo pasa cuando analizas los hechos de la realidad.

El proceso de obtener algo de un libro

Primero podemos revisar lo plasmado en el texto y tratar de encontrar intuitivamente las emociones, acciones o conclusiones de los personajes, prestando atención a los detalles que construyen la narrativa y el arco de la historia, sumando a lo que ya claramente fue expuesto por el autor.

De esta forma podemos encontrar un significado más profundo, además de agregar la simple tarea de incluir en la reflexión los conocimientos adquiridos previamente, así como lo obtenido en otras disciplinas, nos dará, casi siempre, textos con significados más profundos; por consiguiente, un lector puede sensibilizarse de la complejidad que existe tanto dentro de la literatura como afuera (en la vida que lo rodea), pues en ambos mundos, la situaciones son muy espinosas y siempre con más significados del que salta a la vista en un primer vistazo.

En ambos mundos, las acciones de los personajes o los involucrados en un conflicto son moldeadas por lo que el filósofo francés, Michel Foucault llamó en su libro “Vigilar y Castigar”, el “poder normalizador”. Entre este poder invisible encontramos distintas convenciones sociales como las costumbres que inciden en las relaciones interpersonales, las ideologías predominantes, los códigos morales, los deseos personales y, además, las estructuras de poder.

Todo lo anterior significa que existen muchos factores que inciden directamente en los significados de las acciones que solo vemos y que nos parece como “la verdad” en un intento por crear una generalización sin buscar alguna interpretación.

Lo que muchas personas encuentran muy entretenido de esta práctica es que se pueden obtener nuevos significados (en ocasiones más complejos), siempre que prestemos atención a los momentos que pueden parecer insignificantes un texto, pero que el autor describió por una buena razón.

En ese sentido solo queda la duda sobre la literatura infantil y sobre si los niños encuentran este mismo tipo de significados para entender no solo la literatura sino el mundo que los rodea.

Empezar a entender el mundo desde la diversión

María Velasco, escritora de literatura infantil y juvenil que acaba de publicar su segundo libro “Mosca Puberta”, dijo en entrevista para El Economista que los libros de literatura infantil no solo son para los niños, es decir, “no son tus únicos lectores”. “Antes de que un chico lo lea (o se lo lean), el texto pasó por un filtro de maestros, papás, promotores de lectura y el último lector son los pequeños”.

“Al final, si no les gusta el libro a todas esas personas antes, no lo leerá el niño. Y eso es lo interesante, pues ellos ya le van a encontrar otros significados a los textos y habrá varios niveles de lectura” acotó.

En la plática, Velasco dijo que como autora lo que le gusta de este cuento es que cuando lo escribió no pensó solo en transmitir algo en específico, sino que buscó algo simple: “entretenimiento y diversión” para los niños. “Yo escribo los libros que me hubiera gustado leer de chiquita”, pero dijo que lo que sí buscó es “hablar con los niños, porque los adultos preferimos leer entrelineas, debido a todo el bagaje cultural que traemos, además de experiencias e interpretaciones, pero no siempre podemos entender todos los mensajes que están en un texto”. Explicó que, en su primera novela, hay “subtexto que los adultos no cachan y los niños sí”.

María Velasco recordó que muchas veces leemos para divertirnos, sin buscar un “sentido utilitario”. La autora dijo en la plática que está un poco “peleada” con que la literatura infantil y esto que se sobreentiende de tener que “aprender algo”; sobre todo en cosas que los papás no quieren enseñar por razones diversas. Pero claro que al final, toda obra está permeada del autor y sus posturas y experiencias.

“Algo que me encanta de los libros es que por más que el autor haya querido plasmar algo, una vez que sale y que está en manos del lector ya lo que se interprete no recae en del lado del autor. La obra deja ser ´suya´, por así decirlo”, dijo en la entrevista.

Dentro del complejo mundo de la interpretación, una cosa es segura: los libros ayudan con la empatía. Dejando un poco de lado lo que podemos interpretar de los textos, podemos darnos cuenta de qué es lo que siente otra persona, fuera de lo que nosotros sentimos, cómo se ven las cosas desde el punto de vista de alguien más, así como considerar las consecuencias de nuestros actos desde la perspectiva de otros.

Por ello, autores como María Velasco usan animales con los que no son fáciles empatizar (como un insecto en el caso del libro la “Mosca Puberta”), pues además de los múltiples significados que podemos obtener al analizar cualquier texto literario, también encontramos ejemplos de personajes que actúan fuera de la norma para lograr objetivos que nos pueden parecer maravillosos o increíbles.

Esto se debe a que los autores escriben apelando a las ideas y a los sentimientos que pueden transmitir a los lectores (además de lo que pueden enseñar). Y es por ello por lo que la literatura se opone a los valores utilitarios y de búsqueda de valor a toda costa que rigen en mundo, aquellos que recompensan al poder y al dinero, sin mirar los medios con los que se consigan o a quién se le haga daño en el proceso. Por lo que al final un libro no solo se trata de significados o de interpretaciones, sino de la dosis de empatía con la que se queda el lector, que tanta falta hace y que nos responde la pregunta que nos hacemos al entrar en una biblioteca o librería: ¿Para qué existe la literatura?

rrg

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