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Una de fantasmas, caballeros y aventuras escolares
Nadie como Cornelia Funke para tomar cualquier historia, no importa lo manida que suene, para convertirla en una novela notable. La autora alemana está convertida en toda una creadora de hits, todos de estilo variopinto. El año pasado escribió una gran novela del género steampunk, Reckles; con la serie del Mundo de tinta hizo un verdadero ejercicio de metaliteratura para niños.
Nadie como Cornelia Funke para tomar cualquier historia, no importa lo manida que suene, para convertirla en una novela notable. La autora alemana está convertida en una toda una creadora de hits, todos de estilo variopinto. El año pasado escribió una gran novela del género steampunk, Reckles; con la serie del Mundo de tinta hizo un verdadero ejercicio de metaliteratura para niños.
A Funke también le gusta cambiar de panorama. Sus novelas bien pueden suceder en su Alemania natal o en cualquier parte del mundo.
Hace unos años, por ejemplo, con su novela El señor de los ladrones, la autora le hizo un homenaje a Venecia; con El jinete del dragón el viaje fue a los Himalayas, mientras que con Aléjate de Mississippi fue al sur de Estados Unidos.
Ahora con su nueva novela, El caballero fantasma (FCE), Funke da el brinco a dos subgéneros ya viejos para la literatura juvenil pero que ella refresca con una sencillez que da envidia: la novela gótica de fantasmas y las historias escolares que suceden en un internado.
(Funke es admiradora de J.K. Rowling y le hace un par de guiños a las novelas de Harry Potter pero pronto se deshace de lugar común de compararse con las novelas de Rowling).
Un chico atormentado
Jon Whitcroft tiene 11 años. Es huérfano de padre, tiene dos hermanas y una madre que se acaba de casar con un aburrido dentista al que Jon llama El Barbas. Sobra decir que Jon detesta a su padrastro.
Quizá por eso o por tradición familiar, Jon Whitcroft es enviado por su madre a un internado en Salisbury, pueblo de Inglaterra famoso por su centenaria catedral y sus muchas leyendas de espíritus medievales.
Una noche, a la ventana del dormitorio de la escuela llegan cuatro temibles fantasmas, caballeros de espada y armadura que tienen toda la pinta de haber muerto en el cadalso; por alguna razón siniestra, tienen por objetivo perseguir y asesinar a Jon Whitcroft.
Como es de esperarse, nadie más puede ver los fantasmas, así que todos los compañeros de Jon lo creen un loco peligroso. Todos a excepción de Ela, una niña de largos cabellos negros y conocimientos de lo sobrenatural. Ela, junto con su abuela Zelda (quien puede que sí, puede que no sea una bruja) le darán la mano al pobre Jon, atormentado no sólo por los fantasmas también por la nostalgia de su hogar y su familia.
El caballero fantasma incluye, además, a otro personaje, el que le da título a la novela, el caballero Longspee, quien está basado en un personaje histórico real , William Longspee, hijo ilegítimo de Enrique II, hermanastro de Ricardo Corazón de León y confidente del rey Juan sin Tierra.
Una novela entretenida y bien construida, como todo lo de Funke, y excelente para regalar esta Navidad.
cmoreno@eleconomista.com.mx
BVC