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Tres visiones del archivo fotográfico de la Ciudad de México
Se trata de tres reinterpretaciones del acervo que muestran la historia de la CDMX.
Las lecturas antropológicas, documentales o plásticas que se pueden dar a un archivo con más de dos millones de fotografías que abarcan casi un siglo de trabajo documental de la Ciudad de México, como el del Museo Archivo de la Fotografía, son vastas, tantas como las distintas perspectivas y preocupaciones de quienes decidan explorar un acervo tan desafiante.
Ese fue el compromiso que asumieron la cineasta Christiane Burkhard, la artista visual Patricia Lagarde y la historiadora Carmen Tostado, para extraer un tema de su interés, resignificarlo, darle un discurso curatorial independiente y después integrarlo con el resto en la exposición Somos todo aquello. Miradas al acervo del Museo Archivo de la Fotografía, que se compone por alrededor de 300 imágenes seleccionadas y se puede visitar desde ya en el recinto del Centro Histórico.
“Es un acervo principalmente de obra púbica y ceremonias oficiales. Yo lo llamo un retrato de estado porque es la memoria del trabajo de lo que se ha hecho en estos años (casi un sigo) en la Ciudad de México. Es un acervo que no tiene fotografía de autor ni artística y ese es el reto de mirarlo, tratar de hacer relecturas a partir de estas imágenes que quizás acaban en un informe de trabajo anual”, refiere Carmen Tostado.
Lo de abajo y lo que emerge
En la planta baja de edificio se exhibe el proyecto de Christiane Burkhard, quien eligió imágenes vinculadas con el agua, la constante batalla por su domesticación sobre un territorio lacustre y sus consecuencias. De igual manera habla sobre el emerger de los restos arqueológicos en el Centro Histórico para tratar de escarbar entre las raíces del edificio convertido en el 2006 en espacio expositivo, donde, exactamente a un costado, se halló el monolito de Tlaltecuhtli en el 2006.
Es una muestra que habla sobre la nostalgia, que exhibe imágenes, tanto fotográficas como a través de proyecciones audiovisuales, sobre la ciudad rodeada por ríos y lagos, y rebosante de fuentes que han sido borradas, como aquella que se instaló en la parte posterior de Hemiciclo a Juárez y de la que no hay rastro, o el espejo de agua que embellecía la Plaza Ajusco, rodeada por casas porfirianas en la colonia Roma.
El ángel caído
El primer piso del edificio fue tomado por Patricia Lagarde y que a su decir “es un ejercicio anárquico, un tanto enloquecido y antiarchivo”, en el sentido de que “dentro de ese maremágnum de imágenes elegí una para trabajar y reelaborar: la columna de la Independencia vacía porque había sucedido el gran temblor de 1957 y el Ángel había caído”.
La idea que Lagarde tuvo a partir del ángel caído fue abordar una historia de ciudad que se derrumba y se erige una y otra vez, inspirada precisamente por el poema de Julio Cortázar, “Me caigo y me levanto”. Es el trabajo más libre de los tres, con diversos tratados e intervenciones sobre la columna de la Independencia, pero, también, con analogías de personajes y monumentos que se derrumban. “Es como la memoria del fracaso”, acota.
La joya de este apartado es la cabeza abollada del viejo Ángel de la Independencia, testimonio tangible de aquel 28 de julio de 1957.
Todo el 68
El segundo piso del museo es ocupado por la selección de Carmen Tostado, un trabajo totalmente documental que exhibe imágenes inéditas, en su mayoría, del año 1968 con todos sus aconteceres y contrastes, desde los preparativos de los Juegos Olímpicos y las obras de construcción de Sistema de Transporte Colectivo Metro, hasta el júbilo del mes de septiembre y las fiestas patrias encabezadas por Gustavo Díaz Ordaz, adyacente con la tensión por el movimiento estudiantil que desembocó en la matanza de Tlatelolco.
Es un registro antropológico que aporta a la retrospectiva de ese año convulso a través de imágenes como las de las jornadas de salud de higiene en las que se instalaban brigadas en distintas partes de la ciudad para cortar el pelo o se exhibían letreros al público con leyendas como: “Con escoba y con jabón se forja una gran nación”.
“El gobierno estaba muy preocupado por la visión que le iba a dar al mundo en las primeras Olimpiadas televisadas. Llevaban las peluquerías a Xochimilco, cortaban las trenzas a la gente, acicalaban, modernizaban. Era un estado muy paternalista que al mismo tiempo estaba aterrado por el movimiento estudiantil”, refiere Tostado.
Es una recopilación de todos los momentos que hicieron de 1968 un año trascendental en la vida pública del país, el momento de ruptura entre el Estado y la sociedad.