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Arte e Ideas

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Tres estampas para celebrar 100 años

Una de la frases más citadas de Fernando Benítez: Mi mérito, si tengo alguno, es reconocer el talento . A casi 100 años de su nacimiento, recordemos con tres estampas al gran maestro de escritores y periodistas

I. Era una de esas noches de duro cierzo invernal. Justo como lo dice Agustín Lara en su canción. Nada había en el aire libre que fuera propicio para nadie y había que quedarse en la cama, en el sillón o frente al escritorio pero cerca del fuego, si se podía, o haciendo uso indiscriminado de suéteres, abrigos o mantas. En eso pensaba doña Catalina Sierra cuando sonó el teléfono.

-Estoy triste, hermanita -dijo una voz efectivamente afligida del otro lado del auricular.

Catalina se acomodó el chal y solamente contestó: No estás triste Fernando. Tienes frío .

Decidida a acabar con su tristeza, a la mañana siguiente Catalina le mandó uno de esos calentadores, los más novedosos de la época, que se conectaban al tomacorriente y, como por arte de magia, llenaban todo de calidez.

Fernando volvió a tomar el teléfono. Contento, como estaba casi siempre.

-Tenías razón, hermanita. Ya no tengo nada de frío.

Catalina subió la temperatura de su propio calentador y se puso a pensar en lo mucho que quería a Fernando Benítez, su hermanito.

II. Otro invierno frío. Justamente éste. Todavía no pasa una semana. A punto de llegar a los 100 años que hubiera cumplido Fernando Benítez, el próximo 10 de enero. En Bellas Artes, desde una mesa, muchos de sus amigos y compañeros de vida hacen de sus palabras homenaje.

Siempre me ha conmovido pensar que Fernando Benítez fue el continuador de Ignacio Manuel Altamirano, quien sobre la patria en ruinas luchó por levantar el edificio de las letras y las artes como una barrera contra olas de sangre y de barbarie dijo el poeta José Emilio Pacheco. Ya que la sangre y la barbarie han vuelto a ser nuestro pan de cada día, la tentación de la desesperación es muy grande, nada sirvió de nada, la inmensa tarea resultó inútil; México es un país mucho peor de lo que era en 1961 , siguió diciendo José Emilio. Y después afirmó, orgulloso, justamente que Benítez había sido el fundador del nuevo periodismo mexicano y que hoy en día la cultura ha vuelto a ser lo que era antes de Fernando Benítez: el patito feo, la paginita escondida entre las secciones de espectáculos y aseguró, con tristeza, que el resultado no pesa sólo sobre la literatura, sino sobre el pensamiento.

Muchos de los invitados hicieron hincapié en el año de 1961, cuando a Fernando Benítez le pidieron la renuncia al suplemento México en la cultura que editó durante 13 años el diario Novedades y que fue puntal de los suplementos culturales después aparecerían en varios periódicos, punta de lanza de las carreras de varios escritores mexicanos y el hito que dividió la cultura mexicana en un antes y un después. Esa misma tarde Carlos Fuentes recordó al Benítez seductor, gran amigo, provocador, interesado en los pueblos de México y ejerciendo su oficio en Tonantzintla, donde escribía sus libros alejado de todo y sólo cerca de las estrellas, un regalo que le había dado su amigo Guillermo Haro. Claro que Fuentes cerró magnífico y magnificente, como siempre: Benítez dio formato y contenido a una vida cultural que emergía del conocimiento de sí misma, que fue la hazaña cultural de la Revolución y se dirigió al conocimiento del mundo .

III. Una de las frases más citadas de Fernando Benítez es la siguiente: Mi mérito, si tengo alguno, es reconocer el talento. No lo he descubierto, sólo he estimulado a los que lo tienen, que es diferente .

Como siempre, tenía razón. Basta nada más recordar a los que se consideran sus alumnos. Uno de ellos, muy notable, Vicente Rojo. El mismo pintor, pensador, diseñador y artista gráfico que cambió la noción del diseño para todos los mexicanos. El mismo que escribió de sus días en el suplemento de México en la cultura: Para entonces, Fernando ya se había convertido en mi segundo maestro: él logró con su pasión y su inteligencia reafirmar en mí el fervor por México. Además, el suplemento era una escuela magistral; cada semana aprendía algo nuevo, no sólo con su lectura, sino también en el trato con sus colaboradores que se reunían en la redacción todos los miércoles por la mañana. Quienes más me atraían eran Paul Westheim y José Moreno Villa, quizá porque escribían sobre arte. Dada mi timidez, me costaba mucho relacionarme con ellos; sin embargo, con oírlos hablar y discutir me daba por satisfecho.

En marzo de 1999, Gustavo García escribió un artículo que disfrazaba una entrevista a Fernando Benítez o, a lo mejor, una entrevista que disfrazaba un recuerdo de su maestro. Crítico, comenta: Sus suplementos son una escuela tan buena como sus cursos en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, donde, con el encanto de su energía, lograba que el salón con sus incómodos pupitres se volviera una sala de redacción por donde se paseaba reclamando la nota urgente. ¡Hueso, hueso! , Y los bolígrafos volaban por el papel. Ya en la redacción de verdad, Fernando daba la lección final, la de la vida misma: No te guardes nada para el siguiente número. Suelta todos tus cañonazos de una vez. Ya la semana se encargará de llenarte de nuevas maravillas, hermanito . Para celebrar 100 años, todo fuera como eso.

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