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Arte e Ideas

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Retro cultura y balance (2 / 2)

¿Qué cambió en 24 años de intervención del Estado en el sector cultural, qué en los actores que con recursos públicos conforman un subsector de suma importancia en el aparato productivo?

Los cuatro sexenios que son materia de análisis de esta retro cultura arrojan numerosos contrastes. Es menester precisar que en la noción de Estado se comprenden los tres niveles de gobierno (federación, estados y municipios) y los tres poderes de la unión (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). En lo que cambiamos, drásticamente sobresale: en la visión del sector, destacamos la de un subsector, el que desde la gobernanza expande la oferta, mediante el ejercicio del gasto público, generando bienes y servicios culturales, a través tanto de los subsidios que se transfieren, como de diversos organismos ajenos al gobierno. La transversalidad sectorial es elocuente a diferencia de diciembre de 1988, cuando por decreto inició tareas el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, cuya aparición dio un revolcón a la política cultural.

Es por ello que en geopolítica de la cultura no somos los mismos. Como tampoco en la aportación que a la economía cultural da el pacto federal. Hace casi un cuatro de siglo no habían 55 zonas metropolitanas y la mayor parte de los estados carecían de aparatos institucionales robustos. No se diga en términos de infraestructura. Si bien hay rezagos, las entidades federativas, sus capitales y principales municipios llegan al 2012 fortalecidos, con dinámicas propias que ya no hacen mirar con envidia al Distrito Federal y a otras ciudades referenciales del desarrollo. El grado de interlocución con los poderes centrales también sufrió ajustes en virtud de la pluralidad política. Sin embargo, tal empoderamiento no pudo modificar la dependencia presupuestal, de programas y de facultades legales. Incluso se llegó al colmo de replicar más vicios que virtudes del prototipo de gestión impulsado en la Presidencia de Salinas.

En este mapa de la república cultural, las universidades públicas se convirtieron, en la mayoría de los casos, en instituciones vitales para el crecimiento de los estados y regiones. Verdaderos polos de poder político y económico. Cobró a su vez relevancia la intervención de los estamentos empresariales, cuyo mecenazgo vía fiscal, si bien aún inferior a sus corresponsabilidades, tiende a ser más constante. Las asociaciones civiles y otros modelos asistenciales que dependen de subsidios se multiplicaron. En 24 años, los recursos del Estado al incrementarse se diversificaron, pero no se pudo revertir su abundante aplicación en gasto corriente. Al revisar el Presupuesto de Egresos de la Federación de 1988 al 2012, las estimaciones tampoco son para celebrar, si se comparan con otros capítulos de gobierno o instancias que dependen de dichas asignaciones. Al cotejar gasto y deudas sociales, la brecha es aún amplia. El Conaculta no logró consolidarse. Lo que el priísmo dejó inconcluso o no encaró, el panismo fue incapaz no sólo de culminarlo, sino tampoco le interesó enfrentar el reto y distinguirse de sus antecesores. La reforma cultural sigue a la espera: no hay un marco legal para el Consejo, las reformas al artículo 4º constitucional siguen inacabadas, no se cuenta con una ley de cultura, no se tocaron las vetustas arquitecturas de los institutos nacionales de Antropología e Historia y de Bellas Artes. Docenas de aristas entrampadas entre el nacionalismo y el liberalismo. Así como en la economía, en la política cultural el trazo heredado del priísmo poco se modificó. Se adicionaron novedades irreprochables como el Sistema de Información Cultural, la puesta al día de programas e infraestructura y la política digital.

No sólo los mandatarios son responsables de que la intervención del Estado no atendiera las reformas estructurales del sector en tan largo trayecto. El Legislativo, cuya Comisión de Cultura inauguró el poeta Jaime Sabines en 88, no pudo generar consensos, pero instauró el clientelismo presupuestal. Ocho legislaturas prácticamente en la sombra. Y vamos a votar.

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