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Arte e Ideas

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Los muchachos siguen estando muy bien

Ver a The Who ya garantiza un gran show. La cuestión es qué tan épico será.

Es de noche y llueve. De verdad que algo dentro de mí quisiera quedarse en cama leyendo y no en el Palacio de los Deportes en un concierto de rock. Qué bueno que la parte rocker de mi cerebro recibió el choque eléctrico que le hizo levantarse para oír "Behind blue eyes" en vivo.

Verán, en la vida de todo rocker siempre hay una especie de banda rectora, un fiel de la balanza a partir del cual medirá a otras bandas. En mi caso esa pesa siempre ha sido The Who. Lo es desde que de niña vi Tommy en una función especial de la producción original de Broadway, que vino a México de gira.

Ver en vivo a The Who es una cita largamente postergada no sólo para mí. Si vemos al público de esta noche podemos ver gente que rebasa los 60 años; canas que no impiden rockear con todas las fuerzas cuando Pete Townshend empuñe su guitarra y haga suya la noche.

Sí, es de noche y llueve. Pero The Who toca por primera vez en México y yo, como miles de personas, tengo invitación para la fiesta.

Aliens supersónicos

Hay un telonero. Cada vez que lo pienso me parece más innecesario. ¿Quién puede calentarle a The Who un público que de por sí ya está ardiendo? En fin, el elegido por la banda es Simon Townshend, hermano, adivinaron, de Pete. Este Simon no está mal, pero no tiene estilo propio. Todas sus canciones parecen versiones acústicas de canciones de Phil Collins.

Después, la espera. Esta vez no es solo sentarse a beber cerveza. La pantalla del Palacio pasa fragmentos de la historia de The Who. El público se desvive en aplausos cuando aparece John Entwistle, el bajista original de la banda fallecido en 2002.

Pero el Palacio se viene abajo cuando aparece en escena Keith Moon, el alien supersónico que revolucionó el modo de tocar la batería y rediseñó lo que significa ser un rockstar. Moon, el loco de las baquetas, que muriera como una bengala y al que sólo veremos tocar en el infierno si todos vamos para allá.

Los chicos están bien

The Who es su propia banda de covers. Ya no producen nada nuevo, pero cómo si hiciera falta.

Cuando el Palacio se pone a oscuras, un grito gutural sale de miles de gargantas (el sitio está repleto, por cierto): "Who, Who, Who". Es como si hubiéramos vuelto a las cavernas.

Las primeras notas de "I can't explain" nos dicen que esto es cierto, estamos viendo a The Who, pero es hasta que cantan "The Seeker" que yo reacciono. "The Seeker" es un himno personal: "They call me the seeker, I've been searching all my life".

Después, apenas la tercera canción, cantan la grandiosa "Who arte you?", una canción hecha para cantarse a coro. Casi puedo ver a Louis C. K., el comediante, cantando la rola, como hace en uno de los episodios de su serie.

Roger Daltrey se abre la camisa. Hace calor aquí. Daltrey es, como ha sido siempre, un vocalista cumplidor pero el peso del show está manos de Pete Townshend y su guitarra (o guitarras, usa casi una diferente para cada canción). Es Pete el que se dirige al público: "Ni de broma trataré de hablar español. Sólo les diré que tardamos mucho en venir a la Ciudad de México".

El público es variopinto, un encuentro de generaciones pero los mejores son los que andan por la sesentena y crecieron con The Who. Cerca de mí hay un par de esos elementos. Uno diría que eso de grabar conciertos con el celular es de chavitos pero no: un madurón canoso una fila abajo de mí se la pasa bomba grabando todo el concierto como quien va a bailar a Chalma.

The Who (o como dicen los clásicos, los Who) tocan todos sus éxitos. Finalmente esta es una gira de hits. Pienso en cuál sería la ideal para cerrar. Se me ocurre que "Baba O'Riley" sería ideal para el encore pero no, la tocan hacia el final del concierto y es apoteósico. Cuando suena "The kids are all right" en la pantalla aparecen imágenes de los mods, esos muchachos ingleses que andaban a todos lados en su scooter y se vestían elegantemente. The Who son los mods por excelencia. Este es un concierto para la nostalgia.

Tocan las canciones más famosas del musical Tommy: "Pinball wizard" y "Touch me, fell me". Dan inclusive una rápida visita a Quadrophenia.

El encore es la única parte floja de una noche redonda. Es más, creo que después de tocar su última canción debieron haberse despedido como los toreros: a hombros y sin excusas.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

erp

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