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Los Azcárraga, según Mejía Madrid
Nación TV. La novela de Televisa se inscribe en la mejor tradición de títulos como A calzón amarrado, Lo negro del Negro y Los brujos del poder.
La última vez que vi a Fabrizio Mejía Madrid fue en París. Nos encontramos en un restaurante y acabamos cenando en la misma mesa. Hablamos de literatura y de arte, pues de qué otra cosa se puede hablar en la ciudad de Molière, Voltaire, Baudelaire, Degas, Gauguin y Haussmann. Esto, sin embargo, no tiene la menor relevancia, pero le da un toque de ligereza a este Marcapasos.
El caso es que conozco a Fabrizio y no me gustaría que le sucediera nada malo. Por eso me preocupé cuando leí en varios portales de Internet que un hombre de voz ronca, muy ronca, (que) se identificó como un elemento de la Procuraduría General de la República , le dijo por teléfono que tuviera cuidado con Nación TV , su más reciente libro (de Mejía Madrid, no del de voz ronca).
Confieso que pensé llamarle a Fabrizio y ofrecerle mi solidaridad, pero descubrí que en mi libreta no está su número telefónico ni correo electrónico. Decidí entonces enterarme de qué se trataba el libro y solidarizarme de manera pública. Pero en la librería, con la obra en las manos, cambié de opinión. No sé por qué sentí que la amenaza era -y tuve el deseo de que fuera- un ardid publicitario, por lo que mejor compré La ternura caníbal, de Enrique Serna, un cuentario que a mí me hubiera gustado publicar.
De regreso a casa, sin embargo, encendí la computadora y en Facebook leí el post de mi amigo Víctor Cabrera: Ahora que estoy leyendo Nación TV. La novela de Televisa (sic) -los paréntesis son del propio Cabracho-, creo que quien amenazó a Fabrizio Mejía Madrid no fue la empresa, sino la crítica literaria .
Allí mismo, José Alfredo Sánchez Gutiérrez pregunta: ¿Tan mal escrito está? . Y el poeta responde: Mal escrito no, José Alfredo, a lo mucho, decorosamente redactado, inteligible, por usar un eufemismo. También cursi, maniqueo, parcial, visceral y panfletario. Un cándido ajuste de cuentas con la empresa y los personajes que han impedido la transformación democrática del país en la utópica República Amorosa. Literariamente, la novela no tiene valor, pero abonará a la polémica (ya lo está haciendo), será combustible de la lumbre periodística y cultural y, no me cabe duda, dejará buenas regalías a un autor que ha terminado por convertirse en el Luis Spota de su generación .
No lo dudé más y regresé a la librería para hacerme de esa obra que, bien a bien, no sé cómo definir y que está en la mejor tradición de títulos como A calzón amarrado, Lo negro del Negro, Derecho de réplica, Los brujos del poder y El Caníbal de la Guerrero, en los que el lector no sabe en dónde inicia la ficción y termina la realidad o viceversa.
Además, hay errores obvios incluso para quienes no están empapados del tema. Por ejemplo, en la página 165, Fabrizio dice que Azcárraga Jean corre a Zabludovsky para sustituirlo por otra cara impávida, disléxica, pero nueva, un tal López-Dóriga , cuando el relevo fue Guillermo Ortega.
Braulio Peralta, por su parte, en el suplemento cultural Laberinto 524, de Milenio Diario, comenta que los Azcárraga (Vidaurreta, Milmo y Jean) son para Fabrizio los enemigos y, por consecuencia, estereotipos del mal, sin alma ni corazón, capaces de matar y hacer llorar a México con sus telenovelas y servirse del manto guadalupano . Agrega: No falta nadie en el diccionario del mal ( ) donde los Azcárraga no son personas sino animales depredadores sin más razón que el dinero y el poder para ¡Adueñarse de México! .
Ahora bien, el principal problema de Nación TV es que no se trata de una obra periodística ni literaria, ni crónica ni ficción, y Fabrizio lo sabe.
La pregunta que queda en el aire es ¿qué tan ético es componer lo real con lo imaginario para insultar no sólo a tal o cual familia, sino a toda persona con nombre y apellido que ha tenido contacto con ésta?