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Arte e Ideas

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La Orquesta Mexicana: gran idea, pobre desempeño

Al Cervantino trajeron un programa variado y atractivo, pero lo tocaron de forma muy desigual, algunas piezas bien y otras mal. Desde la primera pieza, Lejos de Cosoltepec, se sintieron desafinaciones.

Guanajuato, Guanajuato.- La idea detrás de la Orquesta Mexicana es tan buena que solo leerla levanta la moral: Es una orquesta formada por instrumentos mestizos y clásicos que se dedica a tocar música que esté a medio camino entre la tradicional mexicana y la de concierto.

Sin embargo, al escuchar el viernes el desempeño de la orquesta la moral decae un tanto.

La idea original, y el nombre, fueron de Carlos Chávez, pero aquella iniciativa sólo hizo una presentación en 1933. Fue hasta 2013 que Pasatono Orquesta retomó el proyecto, para un homenaje a Mario Lavista en Instrumenta Oaxaca.

Al Cervantino trajeron un programa variado y atractivo, pero lo tocaron de forma muy desigual, algunas piezas bien y otras mal.

Desde la primera pieza, Lejos de Cosoltepec, de Valente Cortázar Hernández, se sintieron algunas desafinaciones. Mismas que se volvieron a hacerse notar, bastante más graves, en Chapultepec, de Carlos Chávez.

Hablar de desafinación es difícil, pues hay distintas formas de afinación, y a quienes están acostumbradas a una, las otras les suenan raras (el ejemplo más claro, creo, es esa sensación de que algo no cuadra que nos dejan la música de gaitas). Se podría decir, entonces, que las desafinaciones se hicieron a propósito, para sonar como banda de pueblo. Pero tendrían que haber sido consistentes y no lo fueron.

El problema parece haber sido de una sonorización deficiente por la que los músicos no se escuchaban bien entre ellos. El Templo de la Compañía, donde se ofreció el recital, es como toda iglesia un espacio muy difícil de sonorizar con equipo electrónico.

Si quienes estábamos en el público percibimos que algo no sonaba como debía, los músicos lo detectaron aún más y tocaron en modo de seguridad , sacrificando intención y energía en aras de que al menos las notas sonaran lo mejor posible.

Pero no todas las piezas tuvieron desafinaciones. El venado, variaciones sobre un tema yaqui de Luis Sandi, Jarabe Ka’nu (cinco músicas alegres del país de las nubes) de Rubén Luengas (director del ensamble) y particularmente Cantos de México, la pieza que Carlos Chávez compuso para la función de 1933, salieron muy bien.

Hubo además un estreno mundial: Danza de un poeta y el viento, comisionada especialmente para la ocasión a Enrico Chapela, que sonó regular como parte del programa y bien cuando la repitieron al final.

Cabe añadir que Luengas presentaba cada pieza con muy atinados comentarios y citas, aunque también el sonido le jugó malas pasadas y en ocasiones parecía, dado que estábamos en una iglesia, estar oficiando misa en latín.

Un supuesto crítico

Espero que no se confunda esta crítica con la del "un supuesto crítico", que nos contó Luengas, que trató de ridiculizar a Carlos Chávez y su idea de la Orquesta Mexicana en la presentación 1933.

Yo no critico la idea, al contrario, la alabo tanto como la de retomar este proyecto después de 81 años, me emociona que exista la orquesta y me da confianza en este país y su talento; critico, sin embargo, el desempeño y no solo aseguro que es muy mejorable sino que deseo que así se haga.

@manuelino_

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