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Arte e Ideas

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Herbie Hancock, un camaleón en Bellas Artes

En su concierto del sábado pasado logró que convergieran la improvisación, el giro clásico, el jugueteo del jazz, la melancolía del blues y la festividad del baile latino.

Herbie Hancock es un mago y un camaleón: logró que en una velada convergieran la improvisación, el giro clásico, el jugueteo del jazz, la melancolía del blues, la locuacidad de los ritmos africanos y la festividad del baile latino, además de que sacó de sus teclados todo tipo de sonidos, siendo el momento más alucinante cuando convertía al teclado en una guitarra eléctrica.

Hacia el final del concierto que marcó su esperadísimo regreso a México, convirtió a la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes en una auténtica pista de baile. Literal.

Durante casi dos horas el músico interpretó magistralmente los teclados junto a los virtuosos Trevor Lawrence en la batería y James Genus en el bajo.

La velada comenzó en lo más alto con una improvisación de los tres músicos en donde la fuerza fue el tono. Después Hancock presentó a sus compañeros y tomó un respiro y pidió una oración por los japoneses.

En esa veta eligió presentar The Imagine Project, el disco que grabó el pianista con cantantes de 11 nacionalidades. Comenzó con una versión libre de la clásica "Imagine" de John Lennon que paso de lo serio y sobrio a lo más festivo, una canción que de aquella solo conservaba la letra, y que cantó magistralmente la bella Kristina Train que no se achicó ante el reto de tocar con un trío de miedo y en un momento tocó un solo de violín poniéndole condimento a una noche ya maravillada por una enorme luna.

Hancock también interpretó clásicos como Cantaloupe island , Watermelon man o Chameleon y The times they are a changin’ , de Bob Dylan.

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