Buscar
Arte e Ideas

Lectura 4:00 min

Felicidades Mónica

A Mónica Lavín la conocí hará unos 15 años en uno de esos encuentros de escritores que organizaba José Agustín en Cuautla, Morelos. Ella iba como narradora y yo como reportero.

A Mónica Lavín la conocí hará unos 15 años en uno de esos encuentros de escritores que organizaba José Agustín en Cuautla, Morelos. Ella iba como narradora y yo como reportero. Poco tiempo después me enteré que era esposa de mi amigo Emilio Perujo, hermano Perujo, monero de El Economista, y desde entonces hemos mantenido una relación en la que ha prevalecido la generosidad de Mónica, sobre todo cuando se trata de temas literarios.

Por ejemplo, cuando un grupo de amigos fundamos http://www.ficticia.com le pedí un par de cuentos para que sus personajes empezaran a poblar dicha ciudad virtual y me los dio sin regateos. También me obsequió otro cuento para la primera antología de Ficticia Editorial; presentó los primeros libros del sello en el Museo de la Ciudad de México; 10 años más tarde volvió a participar en otra antología y, si bien no le hemos publicado un libro, es porque no me he atrevido a solicitarle -ahora lo hago- una antología personal de su cuentística.

¿Qué quiero decir con esto? Que más allá de nuestra amistad, la considero una de las mejores cuentistas de México que con sus libros del género, La corredora de Cuemanco y la aficionada a Schubert (2008), Uno no sabe (2003), Por sevillanas (2000), La isla blanca (1998), Ruby Tuesday no ha muerto (1998, Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 1996), Nicolasa y los encajes (1991), Cuento de desencuentro y otros (1986), muchos con varias reediciones o reimpresiones, sus cuentos se caracterizan por el magistral manejo de la psicología de los personajes, sean éstos de la clase social o cultural que sean, psique que en el lector suele convertirse en desasosiego en textos que tienden a ser irónicos, ya con desenlaces trágicos, ya cómicos.

Mónica Lavín es, además, una escritora que no le huye a ningún tema, por escabroso que se trate. Y puede manejar grandes tramas como el llamado Síndrome de Edipo, esgrimido en un contexto contemporáneo; un detalle del que surge un microrrelato o un relato breve, o un simple equívoco que deriva en historias o situaciones poco convencionales. En este sentido, su versatilidad imaginativa, siempre afincada en el realismo, la convierte en una especie de primera actriz capaz de llevar a escena con naturalidad cualquier personaje, sobrevivir en cualquier situación y salir airosa, sin que el lector se dé cuenta, de cualquier cuento.

Pero Mónica es no sólo corredora de 100, 200 o 400 metros, de hecho también gusta de la combinación de especialidades que genera el ensayo y, más recientemente, ha profundizado en el medio maratón y en el maratón. Y justo por Yo, la peor (2009, Grijalbo Mondadori, $239.00, 384 pp.), novela en torno de la vida y poemas de Sor Juan Inés de la Cruz, hoy lunes el gobierno de la ciudad de México le entrega el Premio Iberoamericano de Literatura Elena Poniatowska 2010, dotado con 500,000 pesos, dentro del marco de la Feria del Libro del Zócalo, que estará abierta hasta el próximo domingo.

En esta obra, Mónica Lavín hace de la monja novohispana, un personaje que se va construyendo poco a poco como se edificaría una antigua cocina mexicana, es decir, de mosaico en mosaico y en el que la variedad de aromas, colores y humores de lo que allí se guisa enfrentan al lector a una mujer vista por sus contemporáneos, una mujer que tiene ante sí dos mundos, el mundano y el conventual, bifurcación tal que, siglos después, sigue produciendo un gran tamiz psicológico, imaginativo, emocional y, sobre todo, buenas novelas.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas