Buscar
Arte e Ideas

Lectura 4:00 min

Engáñame si puedes

En House of Cards los malos son muy malos y, los buenos, estúpidos.

En la última década del siglo XX surgió en Estados Unidos una empresa dedicada a vender o rentar películas: Netflix. Era en ese entonces una especie de Blockbuster con servicio a domicilio, y los clientes escogían sus títulos por catálogo.

A partir de la primera década del siglo XXI, gracias a las nuevas aplicaciones que se han creado en Internet y a las pantallas de plasma que sustituyen a las televisiones analógicas, Netflix empezó a dar servicio en línea, mediante una cuota o renta mensual, no sólo en Estados Unidos, sino en toda América, Gran Bretaña y países nórdicos.

Para el 2014 son millones los que nos hemos suscrito a este servicio que, en el caso de Mónica y mío, nos devolvió el gusto por ver televisión. Si bien antes sólo veíamos películas que rentábamos de Blockbuster, ahora nos volvimos adictos a las series televisivas, en su mayoría estadounidenses, producidas o realizadas por creativos que contrata la megaempresa que se ha convertido Netflix.

La primera serie a la que nos enganchamos fue Breaking Bad ( Volviéndose malo o Maleándose , se podría traducir), que, por cierto, no fue hecha por Netflix sino por la cablera, también estadounidense, AMC. De dicha serie, al parecer la más vista de todos los tiempos, ya he hablado en esta columna y es la mejor de cuantas he disfrutado.

La segunda serie que nos atrapó fue House of Cards ( Casa de naipes ), basada a su vez en una serie británica de la década de los años 90, basada a su vez en una novela del inglés Michael Dobbs, basada a su vez en la dramaturgia The Life and Death of King Richard III (La vida y muerte del rey Ricardo III), de William Shakespeare, que es superior, sin lugar a dudas, a cualquiera de sus adaptaciones.

Aunque noche a noche gocé las actuaciones de Kevin Spacey y Robin Wright, entre otros actores y actrices de House of Cards, durante las tres temporadas en las que recrean las relaciones de poder tanto en el Congreso de Estados Unidos como en la Casa Blanca, la serie no me dejó satisfecho: tiene tintes de una telenovela mexicana sólo que bien hecha, en la que los malos son muy malos y, los buenos, estúpidos. O, más bien: no hay buenos, únicamente estúpidos.

La tercera serie en la que nos enganchamos fue Lie to me ( Engáñame si puedes o A ver, engáñame ) que, a diferencia de Breaking Bad o House of Cards, se puede seguir no como si se tratara de esas novelas por entregas del siglo XIX o telenovelas del siglo XX, pues sus capítulos, aunque buscan una secuencia con los anteriores y posteriores, en realidad están trabajados como historias unitarias, en las que un despacho especializado (The Lightman Group) descubre la verdad o mentira de las personas mediante su lenguaje corporal y es contratada por diferentes instancias, tanto gubernamentales como privadas, para resolver los casos criminales más disímbolos.

Estelarizada por Tim Roth y Kelli Williams, en Lie to me uno aprende, por ejemplo, que cuando alguien está con los brazos cruzados, por ejemplo, se encuentra en una actitud defensiva; o cuando uno sube los pies sobre su escritorio denota una posición primitiva de territorialidad; o cuando uno saluda de mano a otra persona, quien tiene la palma arriba del otro, es el dominante de la relación; o cuando uno se toca la nariz después de decir un enunciado, es probable que el dicho sea falso, etcétera.

Esta serie, en la que también participan actores de Breaking Bad en papeles secundarios u ocasionales, es bastante entretenida aunque a veces sea predecible en tanto que muestra los rasgos comunes e inconscientes de los hombres y mujeres desde la época de las cavernas hasta nuestros días. Liet to me es producto de la cadena Fox.

Ahora mismo Mónica y yo estamos viendo Lillehammer, una comedia de Netflix desenfadada e hilarante, en la que un testigo protegido de la mafia italo-estadounidense es enviado a rehacer su vida justamente al pueblo noruego de Lillehammer, en donde continúa con sus actividades delictivas en un entorno que, para un criminal, son el paraíso de la inocencia.

Como dato en contra de Netflix, su catálogo de películas es deficiente, especialmente en lo que compete a estrenos y novedades.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas