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El mural de Rivera en San Francisco que estuvo a punto de rematarse
Detrás de la ejecución del mural “La creación de un fresco”, en 1931, hay una historia de esfuerzos de mecenas y políticos estadounidenses para conseguir una visa para el artista mexicano pese a su inclinación comunista.
Era la década de 1930. Estados Unidos entraba en una de las mayores crisis financieras de su historia, si no es que la más importante hasta la fecha, la Gran Depresión. Diego Rivera y Frida Kahlo comenzaron una serie de estancias en el país vecino. La fama y reputación de Rivera, pese a su postura públicamente comunista, junto con la fiebre por el replanteamiento del arte del fresco en México, el Muralismo, seducían a varios mecenas estadounidenses que, pese a las reservas de la crisis, no dudaron, pero sí batallaron, en contratar a ese hombre alto, de carácter disidente y sin pelos en la lengua para intervenir los muros de sus edificios.
La primera estancia de la célebre y laberíntica pareja en suelo estadounidense fue en San Francisco, a donde arribaron en 1931. Diego había sido contactado y contratado por uno de los mecenas de arte más influyentes de la costa oeste, el magnate William Lewis Gerstle, quien fue un generoso benefactor y presidente en turno del Instituto de Arte de San Francisco (SFAI, por su sigla en inglés), hoy una de las academias de arte más antiguas en su país, fundada 1871. Rivera fue comisionado para intervenir el muro norte de una de las naves principales del instituto.
Gerstle, además, fue uno de los hombres responsables de la nada fácil tarea de conseguir visas para Frida y Diego ante una activa resistencia gubernamental y social por la inclinación política del muralista, dado que era miembro activo, aunque frecuentemente con rencillas, del Partido Comunista Mexicano. El desbloqueo anti-Rivera en EU y la luz verde para el ingreso de los destinados a convertirse en iconos del arte mundial fue producto de una suma de voluntades del gremio al poder en el arte en ese país.
El costo de su trabajo, según indica el medio especializado The Art Newspaper, fue de 2,500 dólares de la época y, de acuerdo con información del SFAI, al artista guanajuatense le tomó exactamente un mes (del 1 al 31 de mayo de 1931) terminar la ejecución de su obra mural. El título: “The making of a fresco showing the building of a city”, simplificado en español como “La creación de un fresco”.
El propio Instituto de Arte de San Francisco explica la obra así: “el mural muestra la construcción de una ciudad y la realización de un fresco, incluyendo a las diversas personas involucradas en el encargo, como ingenieros, asistentes de artista, escultores, arquitectos y trabajadores en general. La figura central de un trabajador con casco, representado con una proporción descomunal, puede verse como ejemplo del estatus que Rivera confirió al obrero y es el tema principal del mural (representado) dentro de su mural”.
En la parte central, Rivera pintó a un hombre sentado sobre el andamio, mirando al muro, de espaldas al espectador, sosteniendo una paleta y un pincel. Se trata del propio artista, quien se plasmó junto con el grupo de colaboradores de la obra en San Francisco y del grupo de millonarios y diplomáticos que hicieron posible su viaje al país del norte, incluyendo al entonces embajador de Estados Unidos en México, Dwight Morrow, otra pieza fundamental.
El conjunto es uno de los mayores tesoros que hasta ahora resguarda el instituto, aunque recientemente estuvo a punto de perderlo.
La obra se quedará en casa
La pandemia vino a agudizar los problemas de liquidez financiera al interior del SFAI. Tanta fue la crisis agravada por el cierre al público de las instituciones culturales por el problema de salud pública que, a decir de la prensa estadounidense, el instituto contempló la venta de la pieza como única alternativa.
De acuerdo con el portal Artnet, el 23 de diciembre de 2020, la vicepresidenta del instituto, Jennifer Rissler, hizo llegar una carta al personal del instituto en la que excusó que “todas las opciones para salvar al SFAI están en juego” y no descartaron la “ofertas para ceder (los derechos) o vender” definitivamente la obra de Rivera, por cierto, valuada en unos 50 millones de dólares. Un posible interesado, difundió la prensa, era el cineasta George Lucas, cuyo Museo Lucas de Arte Narrativo se encuentra en construcción en Los Ángeles y, se espera, podría entrar en operaciones en 2023.
Sin embargo, la semana pasada trascendió que el Instituto de Arte de San Francisco recibió una subvención por unos 200,000 dólares por parte de la Fundación Andrew W. Mellon, misma que opera en cuatro niveles de filantropía, entre ellos, en favor de los museos, la educación artística y la preservación.
Estos recursos, según se entiende, permitirán conservar la pieza en el sitio e iniciar trabajos integrales para garantizar su conservación, entre ellos, el mejoramiento de la iluminación y un control climático para limitar las posibles fuentes de su deterioro. Asimismo, indica por su parte The Art Newspaper, la subvención permitirá un trabajo de digitalización de todo aquello vinculado con el mural de Rivera, incluyendo los planos del andamiaje que utilizó para su ejecución, así como algunos documentos sobre otros encargos que el mexicano ejecutó en San Francisco, incluyendo la obra “Unidad Panamericana” (1940), realizada en el vestíbulo del teatro City College y que en junio de 2021 inició su minucioso traslado para exhibirse a manera de préstamo hasta 2023 en el Museo de Arte Moderno de San Francisco.
Actualmente, la nave en el Instituto de Arte de San Francisco que contiene dicho mural recibe por nombre Galería Diego Rivera y funciona como sitio de exposiciones para los estudiantes del instituto.
Una pequeña línea de tiempo
1926
Ray Boynton, miembro de la facultad del SFAI, viaja a México a estudiar con Rivera y sugiere al mecenas Albert Bender que lo invite a San Francisco.
1927
Rivera declina la oferta debido al conflicto de intereses por haber recibido otra invitación a Moscú para el décimo aniversario de la Revolución Rusa.
1929
Bender vuelve a invitar a Rivera, pero le es imposible obtener una visa para el muralista.
1930
Gerstle le ofrece la comisión del SFAI y se asocia con Bender y otros jugadores políticos para asegurar la visa, incluyendo al entonces embajador estadounidense en México.
10 de noviembre de 1930
Diego Rivera y Frida Kahlo viajan a Estados Unidos por primera vez.
Fuente: SFAI
Otros murales que Rivera hizo en EU
“Los murales de la industria de Detroit” (1932 – 1933) – Instituto de Artes de Detroit
“Unidad Panamericana” (1940) – Museo de Arte Moderno de San Francisco (préstamo hasta 2023)
“El hombre en la encrucijada” (1933) – Rockefeller Center (fue destruido en 1934)
Visita el sitio del mural de Rivera en el SFAI: