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Arte e Ideas

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El Paraíso

El catador de belleza termina por encontrarla en todas partes: Marguerite Yourcenar.

El Paraíso no es un lugar sino un estado anímico. Si fuera un sitio, las religiones se han encargado de ubicarlo en un antes o en un después de la vida. Ese antes, en la tradición cristiana, habla de la expulsión de Adán y Eva de un jardín al que ningún humano ha regresado. Luego, al igual que en otros misticismos, lo focaliza en la resurrección en un espacio que también se denomina Cielo.

En este punto vale recordar el final del microcuento El Paraíso imperfecto , de Augusto Monterroso: ...en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve .

Así, contrario a lo se cree, el Paraíso no se relaciona con los vicios de la abstinencia ni con aquellos excesos que se adquieren con dinero, ni con el uso de las drogas ni las de cualquier agente que contenga en su reverso el infierno, la cruda o el desamor.

Un Paraíso perfecto, sobra decirlo, sólo se puede encontrar en el intelecto, en el goce de la asociación de ideas, una estructura que al tocar su Cielo se difumina en químicos naturales que invaden el cuerpo, dando la sensación dual de paz carnavalesca, de fiesta con significado, de amor correspondido.

Tal vez por ello, Jorge Luis Borges que imaginaba al Paraíso como un tipo de biblioteca aseveró que no hay placer más profundo que el pensamiento . Agregando: Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso .

Pero tanto la felicidad como la belleza parecieran ser inasequibles, tan escurridizas como el tiempo, cuyo presente se convierte en pasado a cada instante y, también, a cada instante, en futuro, conceptos sin duda cercanos al Paraíso religioso, al antes y después de la vida, con la diferencia que si bien la belleza y la felicidad son tangibles, las promesas son un dogma, un acto de fe que sólo anida en el pensamiento mágico en sus etapas más primitivas.

Marguerite Yourcenar, por su parte, escribió: El catador de belleza termina por encontrarla en todas partes . Y lo mismo sucede con la felicidad. Lo que hace suponer que el Paraíso se descubre un paso más allá del conocimiento sensorial, pues, de alguna manera, hay que cultivarse para que la percepción sea paradisiaca, y eso implica tener una actitud para con el mundo en la que cada hombre, haciendo parodia de una frase de Protágoras, sea la medida de las cosas.

Aunque si realmente se quiere vivir en el Paraíso terrenal, en el Paraíso en sociedad, no en el del anacoreta alucinado con el más allá, Ángel Cappa es certero al decir: No hay alguien más importante que todos . Y sólo en esa disposición es posible crear un mundo al nivel de los más altos goces, aquellos que son provocados por el pensamiento, también llamado inteligencia, no por su remedo ni su mera impostura que, en su etapa básica, sigue creyendo en la ley del más fuerte, en la imposición de caprichos que sólo conllevan al deterioro de cualquiera de los cielos deseados.

El Paraíso existe en el aquí y ahora sin manzanas prohibidas ni sentimientos de culpas y, a sus puertas, sólo hay un letrero que dice: Mi bien individual es el bien común o el bien común es mi bien individual , sentencia sencilla, fácil de entender y que, pese a las ruindades de la condición humana, nos ha hecho evolucionar como especie.

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