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Dreamworks estrena fábula sobre la amistad
Este fin de semana el cine es para los niños y para los no tan niños que gusten de ver una buena historia traducida en imágenes visuales. Toda una experiencia llega a las salas de nuestra ciudad con el estreno de la película "Cómo entrenar a tu dragón", una animación sustentada por alta tecnología digital.
Este fin de semana el cine es para los niños y para los no tan niños que gusten de ver una buena historia traducida en imágenes visuales.
Toda una experiencia llega a las salas de nuestra ciudad con el estreno de la película "Cómo entrenar a tu dragón", una animación sustentada por alta tecnología digital que trata sobre el valor de la amistad, sobre la necesidad de que el niño desarrolle libremente su personalidad, sobre el constante yerro que cometen los hombres al tratar de entender lo extraño a partir de las ideas inmediatas que sobre las cosas se hacen y además sobre el fuerte lazo que se puede establecer entre un ser humano y un animal.
Y lo hace al contar la historia de Hiccup, un joven vikingo destinado a perseguir y matar dragones. Hiccup ha llegado a la edad en la que debe comenzar su entrenamiento, que incluye horas de estudio y prácticas, en una especie de Coliseo romano, con pequeños dragones que han sido capturados previamente.
En su cultura se dice que matar a tu primer dragón te convierte en un vikingo, y esto es lo que Stoick, líder del clan de vikingos y padre de Hiccup, espera de su hijo, aunque ve con desengaño que su pequeño tiene otros intereses.
De su grupo de entrenamiento, integrado por los más jóvenes de la comarca, Hiccup es el más tímido y el único que no siente necesidad de matar a ningún dragón. Quien lidera sobre el grupo de futuros guerreros es Astrid, una bella y tenaz vikinga que enamorará a los niños (y tal vez uno que otro no tan niño) que vean la película.
¡Qué moler con esto de la reivindicación femenina!, pero la cinta no cae en el nuevo cliché de la heroína que hubiera resultado cansado porque actualmente parece más una pretensión que una propuesta de igualdad.
Por sus personajes, Cómo entrenar a tu dragón, sin dejar de ser para niños, está teñida por el realismo más visceral y complejo que brota del alma humana: de celos, deseo, tenacidad, voluntad, pasión, ambición, enojo, traición, insulto y perdón. Es una cinta muy atractiva incluso para los mayores.
Hiccup, casi de la nada, comienza a descollar en su pequeño grupo de entrenamiento: es capaz de dominar a los dragones con técnicas tan peregrinas como rascarlos debajo de la barbilla o espantándolos con anguilas.
Contra los aplausos que comienza a acumular de su entrenador y de sus compañeros, Astrid desconfía de este abrupto desarrollo de facultades e intuye (¡claro!, quién más que la mujer para ver más allá de lo inmediato) que Hiccup esconde algo.
Y en efecto, Hiccup ha trabado amistad con un ejemplar de dragón, Sombra negra, a quien le ha construido una prótesis para su aleta trasera que lo ayude a volar.
Hiccup lo bautiza como si bautizara a un cachorro, Chimuelo le llama y su amistad los hace volar juntos, una revolución en la relación entre vikingos y dragones, algo que la tradición de su pueblo no puede permitir.