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Carta a la Ciudad de México
Inspirada por los Beastie Boys y Efraín Huerta.
Amado hogar:
Cuando era niña soñaba contigo. Te amaba desde lejos. En ti sucedían las cosas, en ti vivía el presidente y todas las estrellas de la televisión.
Amada ciudad, eras para mí una quimera. Siempre te vi en pie, lugar de árboles moribundos, de paredes altas y percudidas de smog; ciudad hecha de concreto y todos los lugares comunes. Nunca te pensé hecha de héroes.
No viví, amado hogar, el temblor del 85. O apenas: era un bebé. Mi padres me contaron la desolación de aquellos días, tu rostro devastado. Tu gente que se organizó de forma espontánea para sacar a los sobrevivientes y recuperar los cuerpos de los muertos. De nuevo, ciudad mía, tus gobernantes te quedaron chaparros.
Ciudad de México: te declaro mi amor perfeccionado a fuerza de sentirte cada día más inmensa. Amplia y dolorosa ciudad donde caben los perros, la miseria y los homosexuales.
Te digo, ciudad, que este 19 de septiembre todos los que salimos a ayudar los hicimos con un salmo en la boca. Teníamos miedo: de las réplicas, de ver la muerte de frente en mi caso, por primera vez , de ser inútiles en medio del caos.
Mi primer pensamiento mientras sucedía el temblor fue mi mamá. A mi madre, ciudad nuestra, le asustan mucho los temblores, pero ese día se mantuvo entera, consolando a las vecinas, protegiendo a nuestros perros.
Álvaro Obregón, Miguel Hidalgo, Xochimilco, Milpa Alta, Iztacalco, la Gustavo y la Cuauhtémoc, Tláhuac tan dolorosa, Azcapozalco e Iztapalapa, Tlalpan, Coyoacán, la Magdalena y la Benito, Cuajimalpa y la Venus Tus barrios, tus delegaciones se mantuvieron igual de enteras que mi madre: a quién hay que ayudar, fue lo primero que se preguntó tu gente. Ciudad de México: tú lo hiciste posible.
Ciudad de ires y venires, que ni siquiera en medio de la emergencia se está quieta. Ciudad de sueños rotos, hogar de rateros, abogados, narcos, profesores, grandes artistas y escritores, de niños hijos de la fórmula, perdidos en medio de vorágine. Ciudad que eres un vórtice a miles de dimensiones: no es lo mismo pisar San Juan de Letrán que Altavista y ambas existen en ti.
Ciudad de México tan complicada, a veces, como Efraín Huerta, quiero escribirte una declaración de odio. Quisiera recorrerte con un bate y hacerte pedazos; y de ese modo destruirme a mí misma, porque, oh ciudad, como todo chilango tú eres yo y yo soy tú. No soy poeta, pero quisiera escribirte una elegía a fuerza de mis lágrimas. Pero dicen que la peor poesía es la que sale del sentimiento, la más cursi, la más machacona.
Pero Ciudad de México, tú te mereces más. Te declaro mis palabras más sinceras cuando digo que te amo y que nunca te veré caída. El día que tú caigas, caigo yo. Bipolares somos, ciudad bendita y maldita.
El temblor del 85 le demostró a una sociedad civil de ánimo bajo que podía unirse y cambiar el estado de las cosas. 19 de septiembre de 2017 sucede a menos de un año de las próximas elecciones presidenciales. Toda esa gente que tomó la calle, cargó cascajo, se fue a Jojutla a llevar víveres, se preocupó por el vecino y mandó mensajes de aliento por Facebook y Twitter; toda esa gente sabe que si es necesario, el país puede cambiar. Si me lo preguntan a mí diré: sí, tenemos que cambiar. Tenemos a la generación política más corrupta de la historia. Al diablo con ellos, Ciudad, al diablo con ellos, México.
Soy tu hija, Ciudad de México. Mi amor por siempre. Puños al cielo, mía, réquiem por los muertos, y una corona de olivo para tus millones de héroes.
concepción.moreno@eleconomista.mx