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Arte e Ideas

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Amor de dimensiones cósmicas

Terrence Malick y su versión de una historia de amor. Densa, impenetrable a ratos, pero a fin de cuentas muy bella.

Malditas las películas bonitas donde el mundo está fotografiado como si fuera una obra de arte, donde todo es tan perfecto que todo lo que les sucede a los intrascendentes seres humanos es como zumbido de moscas en el oído de… quisiera decir en el oído de Dios, pero en el caso de Deberás amar (To the Wonder) se trata del ojo de Terrence Malick.

En las películas de Malick los seres humanos somos moscas o pasto o piedras. Somos apenas partículas chocando unas con otras, explosiones perdidas en el vasto océano de lo que existe.

Eso no carece de belleza. Las moscas son tan hermosas como las galaxias. Y es que en las cintas de Malick todo es muy hermoso, todo es una fotografía perfecta de un mundo perfecto en el que pasan hechos imperfectos. Esas imperfecciones son las historias.

Deberás amar es una historia de amor. Neil (Ben Affleck) ama a Marina (Olga Kurylenko). Da igual, lo mismo podría dar que Rosendo ame a Margarita. Lo que importa es el amor, una fuerza rabiosa y estelar que convierte al resto del universo en ruido de fondo. Las personas que, digamos, transportan ese amor también son ruido de fondo.

Ni siquiera Andrei Tarkovsky, el legendario cineasta existencialista ruso, se acercó tanto como Malick al objetivo de capturar la mirada divina. Si hay un Dios recreándose con nuestras vidas, quizá nos ve como si fuéramos los personajes de El árbol de la vida de Malick. En la cintas de Malick, como en las de Tarkovsky, los personajes y la trama son mero pretexto para hacer exploraciones espirituales.

No estoy diciendo que lo cotidiano y lo normal fuera despreciado por el cineasta. Al contrario: nada es irrelevante para Malick. Lo que sucede en un barrio o en una disputa familiar, una guerra o el descubrimiento de un nuevo mundo, todo no es más que el reflejo superficial de los temblores cósmicos. ¿Pretencioso? Por supuesto. Pero no hay grandes obras sin ambición.

A lo largo de cuatro décadas, Terrence Malick ha hecho solo seis películas. Dios lo bendiga: nadie podría aguantar cada año viajes fílmicos de este calibre. Últimamente, no obstante, le ha pegado un nuevo aire. Está enrachado: en el 2005 hizo El nuevo mundo, en el 2011 El árbol de la vida (su obra de mayor impacto con el público y la crítica; no faltó el entusiasta que la considerara la mejor película de la historia). Ahora, apenas dos años después, regresa con Deberás amar y están filmando dos nuevas cintas que se estrenarán pronto (con Malick nunca se sabe: a lo mejor las rueda, pero nunca las estrena).

LA MÁS SENCILLA

Deberás amar es la cinta más sencilla de toda la carrera de Malick. Es la primera que sucede en un ambiente contemporáneo, es la que tiene menos personajes. Eso no significa que no sea muy compleja.

Neil y Marina se conocen en París. Marina: Abro lo ojos como una recién nacida. Me derrito en la noche eterna. Una chispa. Me sacaste de la oscuridad. Me levantaste de la tierra. Me trajiste de vuelta a la vida . Si alguien declara así su amor, hay que correr.

Afortunadamente para Neil, casi todas las líneas de la película son el monólogo interno de Marina. La historia la vivimos desde su perspectiva: Neil es un bellísimo objeto del deseo que siempre estará allá, lejos, aunque esté desnudo junto a ella. ¿No es así de terrible el amor? Quisiera ser uno contigo pero es imposible y sufro, sufro, sufro.

En el telón de fondo, un barrio en el oeste estadounidense a donde Marina y Neil llegan gracias al trabajo de él. Neil hace un reportaje sobre una planta industrial que contamina la tierra y el agua tanto que hasta los perros actúan raro. Un lugar perdido en medio de Sameness, US, donde también vive el padre Quintana (Javier Bardem), un sacerdote en plena descomposición espiritual. Su crisis de fe sirve como paralelo a la crisis amorosa de Neil y Marina.

El amor divino y el amor carnal: ¿qué los separa? Hay un amor que es como un arroyo que se seca cuando deja de llover. Hay otro que surge de la tierra como un manantial . Según el padre Quintana el primero es el amor humano y el segundo es el de Dios. Si es así, ¿por qué Neil y Marina parecen poseídos por una fuerza descomunal mientras Quintana parece a punto de morir? La sed del amor divino quizá sea más difícil de saciar.

Deberás amar es una película que podría ser varias películas (en realidad es así: fue editada tantas veces que más de la mitad de los personajes originales desaparecieron en la versión final). Tiene momentos muy bellos, pero también otros en los que es densa, impenetrable. Lo que importa es que al final sabremos que el amor, inclusive el amor de dimensiones cósmicas, se acaba. Y que eso también forma parte del único mandamiento eterno: deberás amar, lo quieras o no.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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