DIVISADERO, Chihuahua. La visión de la tierra abierta en abismos de casi 2,000 metros causa un efecto especial en la mente de los hombres de negocios, quienes hondamente ponderan estrategias para afrontar de la mejor manera posible los retos corporativos.

El resultado de situarse en el filo de las Barrancas del Cobre y mirar hacia abajo es un corte abrupto en la perspectiva cotidiana, superficial, que da paso a reflexiones que descienden al fondo de los pendientes que deben ser resueltos.

Ahí, en la hilera de cañones que constituyen la zona más escarpada de la sierra Tarahumara, los empresarios hacen madurar las decisiones que tomarán cuando regresen a sus respectivas ciudades de origen. En esos cañones naturales de Chihuahua, compañías automotrices han presentado automóviles de última generación y empresas farmacéuticas realizado convenciones internacionales, porque son diferentes, remotas, aisladas del mundanal ruido pero, según cuenta la leyenda rarámuri, conectadas con el arquitecto del mundo, quien las formó en el principio “cuando las piedras aún no se endurecían, cuando aún estaban tiernitas”.

Generalmente, los convencionistas llegan para romper esquemas, salir del confort trillado que ofrecen las playas y encontrarse consigo mismos, con sus virtudes desligadas de las preocupaciones citadinas. “El destino de playa es bastante convencional y este destino, debido a que está separado de la civilización, lo hace un punto más atractivo porque hay menos distracciones; no hay discotecas, no hay bares, entonces tienes a los participantes aislados y concentran su atención sólo en la actividad que tienen planeada.

“El lugar es muy polifacético, muy versátil, y siempre ha sido muy socorrido por los empresarios. Vienen en seminarios para aprender un poco más y dar a conocer productos, por eso es un lugar atractivo”, dice Bernardo Balderrama García, director general de Mirador, hotel situado en el filo de las barrancas.

Enclavado como nido de águilas en las rocas del cañón, el hotel tiene un salón de eventos con capacidad de 200 personas. Ahí la vista es impresionante, sobre todo durante el amanecer cuando las nubes descienden a la altura de la vista, así como los proyectos de los convencionistas bajan de la imaginación al campo de las determinaciones próximas a ejecutar. “Nos toca atender a grupos de 20 hasta 200 personas. La gran mayoría proviene de México, y en su mayoría del centro de la República, de la Ciudad de México y el Estado de México. Esto debido a la cercanía por medio de vuelos, ya sea llegando a Los Mochis, en Sinaloa, o a la ciudad de Chihuahua”, explica Balderrama.

Desde esas dos ciudades se puede hacer escala para llegar al lugar, porque ahí se encuentran estaciones del único tren de pasajeros en México, El Chepe, que hace parada en las Barrancas del Cobre, a unos metros del hotel.

EL ENCUENTRO CON LOS DE PIES LIGEROS

Un pueblo de unos 30,000 años de antigüedad habita las profundidades de las Barrancas del Cobre. Son los rarámuris, término autóctono que significa los de pies ligeros. El nombre refleja tres componentes estructurales de su cultura: caminar, correr y bailar.

En el siglo XVII, ellos no aceptaron trabajar en minas ni en haciendas de los españoles. Por ello se refugiaron en las zonas más inaccesibles de la Sierra Tarahumara, donde conservaron su dieta principalmente vegetariana, que sólo rompen en los días de fiesta en que comen carne de chivo o de venado.

Es notable la habilidad que tienen para desplazarse a pie en los terrenos escarpados, sobre todo los hombres jóvenes, quienes lo hacen en competencias en que se disputan el cariño de alguna mujer con quien desean casarse. En otras ocasiones dan pequeños pasos acompañados por música de violín. Entonces no se disputan nada, sino que danzan en honor de algún familiar fallecido.

Estas tradiciones son explicadas por jóvenes rarámuris, quienes conducen a grupos de convencionistas en un camino por la barranca que comienza y termina en la entrada de Mirador.

“A las cuatro de la tarde, nuestro recorrido inicia en la entrada del hotel, es una caminata de dos kilómetros. Primeramente, los llevamos a unos miradores a ver la barranca. Entonces un joven rarámuri les habla de la vegetación de la zona.

Luego se detienen en un lugar y él les hace la demostración de un juego ancestral. Unos 20 minutos tiene de duración la explicación, en la cual los turistas interactúan directamente con él”, dice Ismael Agüero Aguilar, guía del Hotel Mirador.

El paseo continúa por estrechos senderos hasta llegar a la zona de las chozas de los nativos, hechas de paredes de ladrillo y techos de lámina, en la parte media de la barranca. Ahí se tiene el privilegio de ver de cerca el estilo sencillo de vida de los indígenas, quienes explican que viven principalmente de la venta de artesanías y el autocultivo. Es una excelente oportunidad para despertar la consciencia de los convencionistas porque, por efecto de contraste, se dan cuenta de la verdadera dimensión que tienen los bemoles de la oficina.

Después continúa la caminata que termina en el hotel, donde un joven rarámuri realiza una danza acompañada por música tradicional, que rinde homenaje a los antepasados difuntos. Algunos de los turistas se unen al baile del muchacho indígena que, con sus pies ligeros, describe con brinquitos una circunferencia imaginaria sobre el piso.

“El recorrido dura entre hora y media y dos horas. Ha tenido mucho éxito entre hombres de negocios, pues es un eslabón, un buen complemento. Estamos ofreciendo algo diferente de lo que está acostumbrado a hacer el turista de negocios”, comenta Agüero Aguilar.

Para los viajeros más intrépidos, Agüero dice que hay actividades más largas de senderismo, idóneas para personas con buena condición física. “Son tours de 11 kilómetros, caminatas más fuertes.

Descendemos más en la barranca y conocemos más lugares. Al final terminamos en un punto bajo y abordamos el teleférico para regresar a donde iniciamos”.

DATO DE VIAJE

Las Barrancas del Cobre son cuatro veces más grandes que el Gran Cañón de Colorado, en Estados Unidos.

TURISMO EN LAS BARRANCAS
  • 85% de las reservaciones en hoteles, para Semana Santa.
  • 100,000 visitantes llegaron a la zona, en el 2017.
  • 13 estaciones tiene El Chepe.