Con una pantalla de 5.4 pulgadas y un peso de 135 gramos, la versión mini del nuevo iPhone 12 es un pequeño bólido que parece haber dejado atrás todo el lastre para concentrarse en un diseño funcional y ligero.

El nuevo iPhone 12 mini es una opción para quienes no desean tener un teléfono que exceda la palma de su mano y el bolsillo de su pantalón pero mantener todas las capacidades de un smartphone de mayores dimensiones. Desafortunadamente, siguen faltando elementos que para muchos son fundamentales a la hora de elegir un teléfono: la posibilidad de expandir su memoria y la opción de elegir entre la activación táctil (Touch ID) o la activación por reconocimiento facial (Face ID).

Aunque estas debilidades no son menores, no es fácil desencantarse de un dispositivo que, en apariencia podría confundirse con una hermosa calculadora, pero que dentro de sí guarda una capacidad superior a la mayoría de los computadores comerciales que se han vendido en la historia de la computación. Pese a su tamaño, el iPhone 12 mini no le pide nada a sus hermanos mayores, el iPhone 12, que tiene 6.1 pulgadas y pesa 164 gramos; el iPhone 12 Pro, que también mide 6.1 pulgadas pero que pesa 189 gramos, y el iPhone 12 Pro Max, que mide 6.7 pulgadas y pesa 228 gramos, casi el doble de su hermano menor.

Ante estas diferencias en peso y tamaño, tanto el procesador Bionic A14 de Apple como la capacidad de soportar redes de quinta generación (5G) se convierten en los grandes igualadores de esta familia con la que uno puede fácilmente editar videos 4K con Dolby Vision gracias a sus diferentes cámaras, con lentes gran angular y ultra gran angular y el modo nocturno de Apple.

El talón de Aquiles del iPhone 12 mini no es su tamaño sino que  es el mismo que tienen la mayoría de los iPhone: la arrogancia de creer que una marca puede decidir lo que todos sus usuarios necesitan. Por un precio de entre 19,999 pesos para una capacidad de almacenamiento de 64 Gigabytes, y de 24,499 pesos para el de 256 Gigabytes, lo justo sería que el usuario pudiera contar con un dispositivo que le diera la capacidad de elegir si desea una capacidad menor o una mayor, pero esto no es así y no parece que vaya a serlo pronto.

Lo mismo ocurre con la activación vía FaceID. Como usuario, desde que comencé a utilizar un iPhone ─en este caso el iPhone 7─ el TouchID me convenció de ser la forma menos invasiva de acceder a mis datos biométricos (huellas digitales, iris, reconocimiento facial) con el fin de que el teléfono pudiera identificarme al momento de acceder a él. Ahora, con el iPhone 12 mini, esta posibilidad se ha ido, por lo que sólo queda elegir entre si comparto con mi teléfono las medidas de mi rostro o si tengo que teclear la contraseña cada que quiero abrir WhatsApp, una funcionalidad que además se extiende a otras de mis aplicaciones que ahora también exigen las medidas de mi rostro si es que no quiero tener que teclear cada vez mi contraseña.

Nada de esto importa, porque la firma de la manzanita parece estar convencida de saber mejor que yo lo que es mejor para mí y quizá tenga razón, pues estoy a nada de poner mi rostro frente a la hermosa pantalla con escudo de cerámica (ceramic shield) del iPhone 12 mini para fundirme con su hermoso diseño.

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx