La aplicación de la tecnología en el campo del derecho, lo que hoy en día se conoce como LegalTech supone principalmente un ahorro de tiempo, recursos y conflictos para los despachos y los departamentos jurídicos de las empresas. 

No obstante, es necesario contar con una estrategia de implementación de tecnologías como la inteligencia artificial, el big data y la cadena de bloques (blockchain) para no caer en redundancias, incidentes de seguridad o gastos innecesarios, explicaron abogados especializados en la materia durante el Foro Legaltech: la tecnología al servicio del derecho, organizado por El Economista y vLex.

De acuerdo con Julio C. Zerecero Marín, director jurídico de Banca Digital y vicepresidente senior de Citibanamex, el uso de la tecnología en el campo del derecho sirve para hacer la vida más fácil a todos sus participantes, lo que se traduce en volverlos más eficientes para que presten un servicio de forma más óptima.

Esta misma idea expresó Hugo López Coll, shareholder del despacho Greenberg Traurig, para quien, en el pasado, los servicios legales básicamente incluían a un abogado revisando grandes cantidades de documentos.

“Lo que la tecnología ha hecho es que ahora la abogacía se trata de ofrecer un producto que sirve para resolver problemas muy específicos, lo que hace que el tiempo se convierta en un factor fundamental de esta evolución”, dijo López Coll. 

En resumen, la aplicación de la tecnología al mundo del derecho es importante porque hace posible que se transforme profundamente la prestación de servicios jurídicos, según las palabras de Lluís Faus, fundador y director de vLex, quien añadió que si los abogados no implementan las tecnologías corren el riesgo de convertirse en fósiles del sistema.

Escenario desalentador en América Latina  

La situación del uso de tecnología en los despachos y departamentos jurídicos en América Latina no es muy alentadora. De acuerdo con un estudio de campo realizado por Daniel S. Acevedo, gerente de proyectos estratégicos del despacho Galicia Abogados S.C., entre los abogados de empresas y entidades públicas de la región, 52.3% no utiliza otra herramienta tecnológica en sus actividades más que la suite de Office. 

“Esto evidencia un retraso en una sociedad que ha venido cambiando y que lo va a seguir haciendo”, dijo.

Para Fabián Urriago, coordinador de Gestión Documental del despacho Gómez-Pinzón, la tecnología avanza más rápido de cómo se discute sobre ella y esto es algo que se refleja en cómo se está implementando en el sector legal. No obstante, el especialista no cree que las organizaciones de América Latina no estén preparadas para esta adopción, sino que se trata de un problema cultural en el que las firmas de abogados tardan mucho tiempo en adoptar las tecnologías y además lo hacen de forma desordenada. “Internamente no tenemos claros conceptos como big data e inteligencia artificial pero al mismo tiempo estamos adoptando blockchain”, dijo.

La tecnología también está haciendo que los despachos volteen a verse a sí mismos como bancos de información y que como tal se observen como sujetos expuestos a incidentes de seguridad, como el ocurrido en el caso que suscitó los llamados Panamá Papers, en los que millones de documentos del despacho Mossack Fonseca fueron filtrados y ocasionaron que muchos de los socios de este despacho fueran encarcelados por haber realizado actos ilícitos.  

“No quiere decir que todos los despachos estén haciendo algo mal, sólo que es necesario considerar que un despacho es un banco de información y que una filtración puede violar el principio de confidencialidad entre abogados y clientes, por eso hay que preguntarnos ¿qué estamos haciendo para prevenir un ciberataque”, dijo Hugo López Coll.

Del sofá al gimnasio

América Latina está en un momento en el que los abogados se asemejan a las personas que quieren hacer ejercicio pero aún no pueden pasar del sofá al gimnasio cuando hablan de tecnología. Esta metáfora de Daniel S. Acevedo dio pie a la discusión sobre los retos que tiene la tecnología en la práctica jurídica y el valor que puede aportar en los procesos de este sector.  

Para Fabián Urriago Guzmán, coordinador de Gestión Documental del despacho Gómez-Pinzón, no sólo se trata de implementar procesos tecnológicos porque sí. Es necesario adaptar la tecnología con calidad y entregar productos que no necesariamente sean más costosos pero que reduzcan tiempo y dinero en los procesos de los despachos. 

“Hay que generar una estrategia e identificar los procesos más importantes y ahí aplicar la tecnología, porque no se trata de comprar por comprar.La tecnología es un medio para alcanzar un objetivo y no un fin en sí mismo”, dijo.

Para poder medir el valor que tienen tecnologías como el cómputo en la nube, la firma electrónica digital y hasta las redes sociales en el mundo del derecho, es necesario monetizar el valor de la innovación, aseguró Daniel S. Acevedo, quien añadió que un despacho o un departamento jurídico se encuentra en un rango superior respecto del Legaltech, cuando la tecnología brinda resultados que son tangibles y que además son positivos.

Lluís Faus habló en este mismo sentido y sugirió que aquellos procesos de transformación digital exitosos suponen proyectos estratégicos que permiten reducir costos o generar negocios, al mismo tiempo que ayudan a transformar la organización.

“Estamos en un proceso de industrialización en el terreno del derecho. Esta automatización y la tecnología requieren de procesos definidos y de indicadores claros, por lo que la adaptación es y va a ser muy dura para todas las generaciones, porque los abogados no hemos sido formados para seguir procesos establecidos”, dijo.

Casos de éxito y riesgos

Entre las aplicaciones de la tecnología en el ámbito jurídico de las que hablaron los panelistas del foro están aquellas que incluyen a los departamentos de grandes bancos en los que de acuerdo con Julio C. Zerecero, existen procesos muy establecidos cuyas modificaciones tienen impactos muy grandes. 

No obstante, encontrar actualizaciones en el campo legal de las instituciones financieras supone ahorros millonarios, al disminuir costos y al mismo tiempo atraer clientes, a través de la generación de perfiles sofisticados de los clientes y la compartición de información entre las diferentes áreas y niveles del negocio. 

Pero no todo es miel sobre hojuelas en la implementación de tecnología en el mundo del derecho. De acuerdo con los panelistas del foro, muchos abogados se mantienen en la incertidumbre sobre si el marco legal en el que se utiliza la firma electrónica en México es aún lo suficientemente robusto como para generar utilidad en contratos de alto valor monetario. Mientras que en contratos de poco valor, la firma electrónica no genera mayor problema, en contratos que valen millones de pesos, muchos juristas no se atreven a utilizar esta herramienta tecnológica. 

Otro de los riesgos es aquel que lleva a creer que todas las actividades de los abogados pueden ser automatizadas. Si bien, de acuerdo con Fabián Urriago ya existe una firma de abogados que no cuenta con ningún jurista, esto no es lo más conveniente, pues en su opinión sólo 40% de la práctica jurídica es automatizable y el otro 60% no lo es. “Los clientes quieren a alguien con quien puedan acercarse, no sólo máquinas que sean efectivas”, dijo. 

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