La mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México decidimos abrir un compás de espera en las decisiones de política monetaria para ver el comportamiento de la inflación, reconoció el Subgobernador del Banxico, Javier Guzmán Calafell.

“La pandemia ha presentado una serie de choques que han afectado la trayectoria de la inflación, complicando la implementación de la política monetaria en varios frentes, lo que hace necesaria una pausa para ver los datos que sigan arrojándose”, consignó.

Entrevistado por El Economista, admitió que el próximo año viene una combinación de factores de tipo estadístico que arrojarán una inflación relativamente alta en la primera mitad del año.

“Entre marzo y junio de este año se presentaron caídas en los precios de energéticos por la emergencia, lo que afectará la base de comparación hacia delante y por ello la inflación será relativamente alta en el primer semestre del próximo año, efecto que se podría desvanecer si domina la contracción en la demanda”, explicó.

El decano de la Junta de Gobierno estimó que “veremos convergencia a la meta de inflación de 3% dentro del periodo de influencia de la política monetaria, que es de 1.5 a 2 años”.

Por ahora habrá que esperar a ver cómo impactan los eventos que regularmente se presentan al iniciar el año como la magnitud del ajuste de salarios mínimos, acotó.

Vacuna, EU y Pemex, los retos

El banquero central no dudó en señalar a la vacuna contra el coronavirus y su distribución como el mayor de los retos que tiene la economía mundial.

Refirió como desafíos de corto plazo para México la transición política de Estados Unidos y “la situación de Pemex que complica a las finanzas públicas para los próximos meses”.

En el ámbito doméstico ubicó las perspectivas de crecimiento, la debilidad de la inversión que se presentó desde antes de la pandemia; la productividad total de los factores que han registrado ya tasas negativas; la persistencia de la pandemia en los sectores económicos y los problemas de gobernanza que reiteradamente señalan especialistas del sector privado.

A nivel externo evidenció que todo nos afecta porque somos una economía muy abierta, y precisó algunos: las dificultades económicas en economías avanzadas y emergentes; el sentimiento cambiante de los mercados dependiente de las noticias así como la política comercial sujeta a vaivenes.

Cumplir mandato sin etiquetas

El subgobernador admitió que su preocupación en la Junta de Gobierno ha sido apegarse al mandato único legal del Banco de México para mantener la inflación baja y estable.

“Mi postura ha respondido a lo que considero que es lo mejor para hacer cumplir el mandato prioritario. Independientemente de la opinión de analistas acerca del sesgo que tienen mis decisiones en una u otra dirección, mi postura ha respondido a lo que considero que es lo mejor para el objetivo del Banco de México”.

Demanda en pandemia

El banquero central habló sobre el impacto de la pandemia y el distanciamiento social, en el incremento en la demanda de alimentos que de por sí suelen tener precios volátiles.

En estas circunstancias, los precios de agropecuarios están presentando presiones de abasto por la interrupción de cadenas de distribución y transporte que también ha sido recogida en los precios finales, argumentó.

“La presión en los precios de los alimentos es mundial y resulta hoy de la pandemia, ante la serie de problemas de distribución y transporte, lo que ha provocado un choque de oferta que dificulta que los productos lleguen de manera normal a los estantes de los supermercados porque las cadenas de distribución se han visto afectadas”.

La demanda de alimentos crece en contraste con la demanda general que está contraída ante el ciclo económico, destacó, y está presionando los precios de alimentos.

Circunstancial, nominación de 4

Tras 40 años de trabajar en el banco central, y de ver la transición hacia la autonomía del instituto, observó que “sería un error” cambiar el mandato único de la inflación baja y estable, por uno dual, que incluya al crecimiento económico.

“Se puede crear una confusión de que se puede impulsar al crecimiento económico sólo con la política monetaria, cuando en realidad el crecimiento depende de otros.

Considera que este sexenio, donde el Ejecutivo tendrá que nominar a cuatro de los cinco miembros de la Junta de Gobierno es un “accidente, una circunstancia que se ha presentado ante la enfermedad de uno de los miembros de la Junta, que no debería ameritar que se coloquen candados adicionales a la Ley del Banco de México”.

Como se recordará, la Ley del Banco de México está armada de tal forma que la nominación de los miembros de la Junta de Gobierno, aún siendo atribución del Ejecutivo, debe ser ratificada por el Senado.

Ciclo roto

Para subrayar y garantizar la independencia de las decisiones monetarias, la Ley de Banco de México estipula claramente que los cuatro subgobernadores están en el cargo durante ocho años, que se suceden cada dos años. Esto iniciando el primer, tercer y quinto año calendario correspondiente a cada administración presidencial.

Sin embargo, la renuncia de dos miembros de la Junta de Gobierno en el 2017 y el 2018, del entonces gobernador Agustín Carstens y el subgobernador Roberto del Cueto, afectaron al cumplimiento del ciclo.

Carstens renunció al segundo periodo para el que fue reelecto, y quedó en su lugar el actual gobernador Alejandro Díaz de León, quien de acuerdo con la ley, hizo el relevo para completar el periodo para el que fue seleccionado su antecesor. Esta responsabilidad termina el 31 de diciembre del año 2021.

Y ésta será la cuarta nominación que debe hacer Andrés Manuel López Obrador.