Hace unos meses, el ingeniero Carlos Slim recomendaba al gobierno mexicano acelerar sus procesos de pago, “que no dé pagos bimestrales, que los haga quincenales”. En otro caso, la Coparmex acusó al Servicio de Administración Tributaria (SAT) de jinetear los recursos de las empresas por concepto de devoluciones del IVA e ISR. Mientras en 2014, el mismo SAT señaló que algunos patrones se resistían al sellado de la nómina “porque no enteran al fisco los impuestos retenidos a sus trabajadores y jinetean el dinero”.

Para quienes no estén familiarizados con el término “jinetear”, el diccionario de la Real Academia Española lo define como “tardar en pagar un dinero con el fin de sacar ganancias”. Para los mexicanos el concepto es más que conocido y comprendemos sus ventajas, aunque sea de manera intuitiva: que alguien financie nuestras operaciones es mejor, a que nosotros financiemos las de alguien más.

Contrariamente a esa intuición, es frecuente encontrar que, en la operación de las empresas, la administración de la liquidez y el manejo del efectivo es algo que pocas veces se analiza. ¿Sabemos si nosotros financiamos a clientes y proveedores o viceversa? Y lo anterior no significa una invitación a volverse “jinete”, sino a aplicar el concepto, de una manera técnica y ética para incrementar liquidez, rentabilidad y oportunidades de crecimiento.

El capital de trabajo es un elemento indispensable para soportar las operaciones del negocio; representa la capacidad de una empresa para pagar sus pasivos actuales con sus activos actuales en el corto plazo. Viendo el balance general, es la diferencia entre los activos circulantes y los pasivos circulantes.

Cuando hablamos de activos circulantes nos referimos a aquello que puede convertirse fácilmente en efectivo antes de un año. Además del propio efectivo están las cuentas de banco, las cuentas por cobrar (principalmente de los clientes), los inventarios de donde saldrán nuestros productos o con los que prestaremos nuestros servicios, gastos pagados por anticipado como rentas, y otros. Los pasivos circulantes incluyen las deudas y gastos que la empresa espera pagar antes de un año. Esto generalmente comprende los costos normales de administrar el negocio incluyendo las cuentas por pagar a los proveedores), y los vencimientos de la deuda a largo plazo.

Aunque usualmente la palabra “negativo” tienen una connotación negativa, el tener capital de trabajo negativo es algo deseable para la empresa; significa que los activos circulantes son menores que los pasivos circulantes; es decir, que lo que la empresa adeuda, es más que lo que tiene invertido y por recuperar de la operación. Es decir, otros lo están financiando.

La industria o tipo de operación pueden predisponer ciertas características del capital de trabajo de la empresa, pero su buena administración genera la posibilidad de liberar liquidez de la operación, aplicable, por ejemplo, a realizar inversiones de capital que apuntalen el crecimiento, sin necesidad de recurrir a financiamiento bancario (más caro).

Una de las primeras consecuencias de la desaceleración de la economía es que vemos que los pagos a los proveedores tienden a hacerse cada vez en plazos más largos. Dejando todo lo demás fijo, los activos circulantes crecen, generando necesidades adicionales de capital. Esto hace que, para mantener sus niveles de flujo de efectivo, las empresas necesiten recurrir a préstamos, “jinetear” a su vez a sus proveedores, o distraer recursos de actividades de actualización tecnológica o reposición de activos estratégicos, indispensables para su crecimiento.

El capital de trabajo es la fuente más barata de efectivo disponible para las empresas, ya que suele financiarse a la tasa de interés preferencial del banco, ajustada por riesgo según sea necesario. Pero el que es financiado por clientes y proveedores, de alguna manera ¡es prácticamente gratis!

Así que analicemos el comportamiento de nuestras cuentas de capital de trabajo, por lo que su buen manejo (y no sólo el "jineteo") podría ser la clave del éxito financiero, tanto personal como corporativo. 

Adriana Berrocal es Presidenta del Consejo Consultivo Nacional del IMEF.

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