Uno de los pronósticos más importantes es la expectativa de una contracción de 8.0% anualizado en el PIB para este año.

En comparación con el consenso de analistas, así como con otras instituciones nacionales e internacionales, este pronóstico se ve ligeramente elevado. En específico, el consenso del IMEF es de -10.0%, permaneciendo en este nivel desde agosto. En este contexto, la caída promedio ha sido de -10.1% en los primeros seis meses del año. Esto implica que la SHCP anticipa una mayor recuperación en el segundo semestre, lo cual, si bien no es imposible, el mercado parece estar incorporando mayores retos para la reactivación en el corto plazo. Una situación similar ocurre para 2021, con un estimado de +4.6% anualizado, el cual se compara con el consenso de 3.0% en la misma encuesta. No obstante, la incertidumbre aumenta considerablemente para este último pronóstico, considerando que existen un gran número de incógnitas dentro del horizonte estimado, sobre todo debido al efecto y evolución tanto doméstica como global de la pandemia.

Pasando al sector petrolero, la producción media estimada para 2020 se espera en 1.744 millones de barriles diarios, por arriba del promedio del año (enero-julio) de 1.684 millones de barriles diarios. Para cumplir con el pronóstico, en los cinco meses restantes se necesitaría un nivel medio de 1.828 millones de barriles diarios, no observado desde mediados de 2018. Mientras tanto, el volumen esperado para 2021 es de 1.857 millones de barriles diarios, lo que implicaría un avance relativo a lo acumulado en este año de 10.3%. En cuanto a los precios, la estimación para el año actual de la mezcla mexicana de exportación es de 34.60 dólares por barril. Haciendo un comparativo similar al de la producción, el precio promedio hasta el 15 de septiembre es de 46.80 dólares, con una última cotización en 36.10 dólares. Tomando en cuenta que la curva de futuros para el WTI (que es una de las mejores aproximaciones disponibles para el crudo doméstico) incorpora alzas modestas en los meses restantes, esta previsión se ve bastante realista. Para el próximo año, el pronóstico de la SHCP es de 42.10 dólares por barril, el cual parte de un análisis detallado en dos partes. La primera incorpora el comportamiento histórico y la segunda las expectativas del mercado de acuerdo con los futuros.

Esta última, que utiliza los datos más oportunos, estima un precio de solo 33.00 dólares por barril, el cual es un valor más conservador ante un contexto de alta incertidumbre. Entre otros factores, esto se debe a las dudas sobre el ritmo de recuperación económica –y sus implicaciones sobre la demanda de crudo– así como las acciones que pueda tomar la OPEP y sus aliados en términos de restricciones a la producción para influir en la dinámica de los precios.

El resto de los pronósticos, incluyendo inflación, tipo de cambio y tasa de interés –entre los más relevantes– se alinean de manera más cercana a lo estimado por el mercado y/o por otras instituciones, lo cual les brinda mayor certeza relativa. Con estos supuestos, se plantea un déficit público de 4.7% del PIB en 2020 y 3.4% en 2021, esto cuando es medido con su medida más amplia, que son los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP). Estas cifras registrarían algunos de los déficits más amplios de los últimos 5 años, consistente con el impacto de la pandemia en las finanzas públicas.

A esto le debemos sumar las previsiones de deuda pública, la cual se espera en 54.7% del PIB en 2020, aumentando con fuerza respecto al 44.8% al cierre de 2019, comenzando con una trayectoria descendente a partir de 2021.

Como ya se mencionó, la implicación directa de estos estimados macroeconómicos tiene que ver con los ingresos esperados. En específico, la previsión del PIB impacta principalmente a la recaudación tributaria, sobre todo en impuestos como el ISR, IVA y IEPS que dependen del nivel de actividad económica. Los pronósticos del sector petrolero tienen una correlación directa con los pagos a la SHCP realizados por Pemex y los productores privados, que a su vez dependen tanto del volumen como de los precios. El tipo de cambio influye sobre las ventas de crudo en el extranjero; en conjunto con la inflación y la tasa de interés, también tienen un impacto sobre el costo financiero de la deuda (pago de intereses). Es por esto que las previsiones cobran tanta relevancia, ya que pueden implicar cambios muy relevantes en las cuentas fiscales en caso de desviaciones. Aunque pueden ajustarse durante el año en caso de presentar fuertes discrepancias, esta situación no es del todo deseable ya que afecta los procesos de planeación y podría impactar la ejecución del gasto, similar a lo que ya observado este año.

Considerando el compromiso de la administración con mantener finanzas públicas sanas y riesgos que, en mi opinión, están sesgados a la baja en términos de los ingresos fiscales, parece muy probable que los esfuerzos de austeridad tengan que extenderse en 2021 con el fin de lograr un presupuesto balanceado. Sin embargo, también existen algunos riesgos al alza, como los que ya se han materializado este año, que incluyen una mayor recaudación tributaria, así como la posibilidad de otras ganancias en eficiencia en el gasto gubernamental, lo cual podría ayudar a los balances fiscales en 2021.

El autor es subdirector de Economía Nacional de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de Grupo Financiero Banorte ni sus subsidiarias o filiales.

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