La evolución de la actividad económica es congruente con una paulatina reanimación de la dinámica productiva, aunque esta continúa siendo frágil, asimétrica y con una tendencia a ser más lenta en el futuro inmediato. La persistente debilidad de la inversión fija bruta, la producción industrial y el consumo privado, aunado a la incertidumbre sobre la mejora de la pandemia, continúan sugiriendo que la economía mexicana se contraerá en -9% en 2020, siendo la peor recesión observada desde 1932.

Sin embargo, ante el empeoramiento reciente de la pandemia, no pueden descartarse nuevas medidas de confinamiento que tendrían un impacto adverso sobre la actividad económica. Por su parte, la perspectiva del repunte en 2021 ha mejorado marginalmente: se anticipa un aumento en el PIB de 3.1% durante ese año. La pronta disponibilidad de una vacuna contra el Covid-19 podría mejorar las perspectivas.

En el entorno global, la cercana confirmación definitiva del triunfo electoral de Joe Biden como presidente electo de Estados Unidos deberá aminorar la incertidumbre y volatilidad en los mercados. Entre los riesgos globales, se identifican los elevados niveles de endeudamiento en muchas economías, un agravamiento de los conflictos geopolíticos y sociales en diversas regiones y la posibilidad de que la salida del Reino Unido de la Unión Europea se dé sin un acuerdo comercial. Y desde luego, el principal factor de riesgos está en función de lograr controlar la pandemia.