En junio de 2020, en medio de una industria aérea convulsionada por la caída de los vuelos como resultado de las medidas adoptadas para evitar los contagios por la Covid-19, Aeroméxico anunció que se apegaba voluntariamente al Capítulo 11 de la legislación de Estados Unidos para reestructurarse financieramente. La intención fue continuar operando como negocio en marcha sin perjudicar a clientes, trabajadores y empleados. La reacción de los mercados no se hizo esperar y las acciones de la línea aérea insignia de México fluctuaron a la baja. La noticia causó expectación entre todos los involucrados al igual que ahora, pero con una gran diferencia; la primera vez por la incertidumbre y la segunda por los resultados positivos de la acción tomada.

Actualmente Aeroméxico ha cumplido en tiempo y forma con todos los requisitos que impone el Capítulo 11: pagar el salario a sus colaboradores sin contratiempos y sus beneficios de manera habitual, respetar la venta de boletos, reservaciones, vouchers electrónicos y Puntos Premier; el pago a proveedores en tiempo y forma por bienes y servicios; así como contar un nuevo financiamiento (conocido, por sus siglas en inglés, como DIP financing) como parte del proceso de reestructura.

Compromisos cumplidos

A la fecha los resultados han sido satisfactorios: Ricardo Sánchez, CFO de Aeroméxico, dice que se apegaron a la legislación estadounidense debido a que daba la posibilidad y flexibilidad para acelerar una transformación necesaria en una época compleja, porque si bien la empresa había tomado medidas importantes antes de marzo de 2020 —como ajustar la capacidad, renegociar con arrendadores diferimientos de pago y negociar con acuerdos temporales con los trabajadores—, ante una industria aérea deprimida, y sin una fecha estimada de reactivación, ya no eran suficientes.

De acuerdo con la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), las aerolíneas en el país perderían alrededor de 8 mil millones de dólares derivado de la pandemia.

Señala que, ante la contingencia, se apegaron al Capítulo 11, porque este proceso representaba la mejor alternativa para obtener recursos a través de un financiamiento DIP y transformar la empresa.

“Aeroméxico no contaba con los recursos financieros para hacer frente al proceso del Capítulo 11 y emerger, por lo que tuvimos que conseguir financiamiento después de iniciar el proceso. Debido a que no contábamos con los activos suficientes para ofrecer colateral tuvimos que diseñar una estructura que pudiera generar interés en el mercado, a través de la oportunidad de convertir una parte importante del financiamiento en participación accionaria de la empresa reestructurada”.

Añade que hicieron una propuesta amplia a más de 100 contrapartes con una estructura compuesta de dos partes, una por 200 millones de dólares colateralizado y otra por 800 millones de dólares con la alternativa de convertirse en capital de la nueva empresa al emerger. “Después de un proceso competitivo, Apollo fue seleccionado para otorgar el financiamiento total por mil millones de dólares”.

El acuerdo consiste en el compromiso para un financiamiento preferencial garantizado por un monto principal total de mil millones de dólares con fondos administrados por entidades afiliadas de Apollo Global Management Inc. (APO). El financiamiento, como se mencionó, contó con una estructura en dos tramos, uno por 200 millones de dólares

y un segundo de 800 millones de dólares, el cual tiene la opción de ser convertido a capital de la aerolínea; a este financiamiento se accedió en distintos desembolsos, empezando por 100 millones de dólares del tramo uno, seguido por otro desembolso compuesto por los segundos 100 millones de dólares del tramo uno y los primeros 175 millones de dólares del tramo dos y, posteriormente, el acceso a los 625 millones de dólares restantes del tramo dos. El acceso a estos desembolsos se obtenía conforme se avanzaba y se cumplían hitos establecidos en el proceso de reestructura.

Ricardo Sánchez añade que la participación de Apollo les otorgaba los recursos necesarios para hacer la reestructura de acuerdo con el plan diseñado. Los primeros desembolsos se liberaron conforme se avanzaba en la reestructura de temas de la flota y la reestructura de la deuda financiera garantizada, quedando disponible el monto final por 625 millones de dólares una vez que se completó la renegociación laboral con los grupos sindicales. La renegociación de los siete contratos laborales se logró en dos partes, con cuatro contratos formalizados en diciembre y tres a finales de enero dentro del tiempo marcado por los acuerdos con Apollo.

Con la figura del Capítulo 11 Aeroméxico tiene la posibilidad de rechazar contratos, lo que le ha permitido renegociar con las arrendadoras la renta de los aviones. Adicionalmente, ante la crisis derivada de la pandemia, se abrió la posibilidad de negociar periodos de renta establecidos conforme pagos por hora de vuelo y no por una renta fija, ya que los arrendadores no deseaban obtener sus equipos de regreso por la debilidad mundial de la demanda (regresar los aviones hubiera tenido un alto costo para los arrendadores, así es que fue un ganar-ganar). En una situación normal probablemente se habrían tenido que regresar más aeronaves.

También le permitió ajustar el aspecto laboral, porque si bien ya habían avanzado mucho con los sindicatos era difícil hacer cambios estructurales de la magnitud que se hicieron. “En términos generales nos permite plantear un cambio en dos o tres años y no en cinco o siete”, menciona Sánchez.

¿Qué sigue?

El 19 de febrero Aeroméxico envío el requerimiento a Apollo para el desembolso final de 625 millones de dólares (con el cual se contó unos días después) para continuar con la reestructura financiera, concluir las negociaciones de flota, establecer cuál será el plan de flota en el nuevo plan de negocios, y actualizar el plan de negocios de la empresa para que en el segundo trimestre de 2021 puedan presentar a la Corte el Plan de Reestructura, que establecerá la forma de cómo se podrá resarcir a los acreedores, inicialmente a Apollo, a los acreedores garantizados y no garantizados y, posteriormente, a los accionistas actuales.

Aeroméxico se prepara para tener un modelo de negocio que pueda competir en distintas dimensiones: costos y experiencia de viaje. La aerolínea había reportado resultados financieros positivos en los últimos años y había logrado reducir sus costos unitarios en cerca de 20% en la última década. Sin embargo, la transformación estructural en costos no era suficiente para competir en el mercado mexicano cuya competencia es básicamente de bajo costo.

Ahora como resultado del proceso que inició en julio de 2020, la aerolínea registra ahorros importantes. Los acreedores son conscientes de la situación, así como los proveedores y empleados. Delta, su socio comercial, está muy cercano; incluso, dice Sánchez, les ayudó mucho con el plan de negocios que se presentó a Apollo. “Delta le da valor a Aeroméxico”.

Las claves

Para Ricardo Sánchez, dos aspectos han sido fundamentales: transparencia y comunicación. Menciona que para salir adelante en la Corte de Nueva York han sido transparentes con todos los actores. “A diferencia de otros procesos, nosotros hemos buscado seguir un proceso basado en la negociación, por consenso y no por confrontaciones, y eso nos ha permitido evitar, hasta la fecha, que existan objeciones en la Corte. Con nuestros colaboradores, la comunicación ha sido fundamental, no solo en esta etapa, sino siempre”.

Conforme ha avanzado en el proceso de reestructura, la línea aérea insignia de México ha tenido resultados favorables que le dan fuerza, la cual han podido comunicar en los mercados que ven en el Capítulo 11 una oportunidad que le permitirá a Aeroméxico emerger en 2021 con un balance más sólido y muchas posibilidades de extender su vuelo.

*Editora del Newsletter IMEF