Barranca Baluarte. Entre altos y escarpados pliegues de la Sierra Madre Occidental, las autoridades de transporte mexicanas han puesto en marcha uno de los más ambiciosos proyectos de construcción de carreteras en la historia, se trata de un experimento de ingeniería social y estructural.

A través de un paisaje de inmensos barrancos y afiladas crestas -de apariencia tan escabrosa que los lugareños lo llaman El Espinazo del Diablo-, el gobierno mexicano construye una superautopista que promete exorcizar siglos de aislamiento y lograr un boom económico en una de las regiones más pobres y abatidas en el país.

Tan pronto se inaugure esta carretera de cuota -finales del 2012- de 225 kilómetros, reducirá el tiempo de conducción entre Durango y el puerto de Mazatlán de siete horas a dos horas y media, lo que significa una conquista a la atroz topografía de la Sierra con 62 túneles y 135 puentes.

Más importante aún, los funcionarios mexicanos afirman que al completar un moderno enlace carretero entre el Golfo de México y el Océano Pacífico, la autopista traerá desarrollo económico y orden a un lugar dominado por algunas de las mafias y productores de droga más grandes del país.

En el corazón de la obra se encuentra el Puente Baluarte Bicentenario, que une los estados de Durango y Sinaloa con una cinta de hormigón de 1,321 metros sobre el río Baluarte que desafía la gravedad.

Éste es un símbolo de la prosperidad que queremos para México, un símbolo del México del futuro , afirmó el presidente Felipe Calderón.

Pero hay muchas razones para preocuparse de que este supercamino mexicano también podría servir como un superconducto para el tráfico de drogas.

Con la llegada del fin del sexenio de Calderón, el proyecto es también un emblema de la herencia que quiere dejar: una de estabilidad económica y de modernización, no la de violencia salvaje en la lucha contra el narcotráfico que ha dejado 50,000 muertos desde que asumió el cargo.

Para el Presidente y otros funcionarios locales, se asume como natural que la autopista traerá una reducción en la delincuencia y la anarquía, dando a los jóvenes alternativas en lugar de trabajar para los cárteles.

Sin embargo, expertos en desarrollo afirman que no hay una investigación definitiva que demuestre que una mejor infraestructura reduzca el crimen.

Pero así como la carretera hará que los estados de Durango y otros más en el noroeste del país sean atractivos para las empresas extranjeras que buscan construir plantas de manufactura, también incrementará la importancia estratégica de la zona para los traficantes. Asimismo, unirá dos lugares golpeados por la violencia de los cárteles.

El año pasado, hubo 307 homicidios en Mazatlán, la séptima ciudad más violenta de México, mientras que Durango fue la más mortífera de las dos en quinto lugar, con 474 asesinatos, según estadísticas recientes.

Desde abril, investigadores en Durango han desenterrado 282 cadáveres de más de una docena de fosas clandestinas en los alrededores de la ciudad, donde el Cártel de Sinaloa ha escenificado una sangrienta lucha contra las incursiones de varios rivales, incluyendo al cada vez más influyente y violento cártel de Los Zetas.

Ahora, las autoridades locales esperan que los ingenieros puedan lograr lo que la policía y los políticos no han logrado, dar seguridad a la región con crecimiento y no con más armas.