Ricardo Anaya es el hombre que como candidato a la Presidencia de la República inició campaña en una de las zonas más exclusivas del país, con un ejercicio al que llamó hackatón, y la cerró en Guanajuato, el principal bastión panista.

Nacido en Naucalpan, Estado de México, el 25 de febrero de 1979, el candidato a la Presidencia de la República por la coalición formada por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano es considerado por propios y extraños como un hombre articulado, metódico, disciplinado e inteligente y con aversión a lo improvisado, aunque también hay quienes se refieren a él como el ejecutivo de la política al que no le gusta festejar sus cumpleaños, escurridizo y un sujeto que no honra su palabra.

Como candidato, más de uno coincide en que este joven que gusta de andar a cabeza rapada fue un aspirante sin mensaje efectivo, sin carisma. Vaya, fue El Cerillo (así le apodan) que no encendió en campaña.

Avecindado en la ciudad de Querétaro, Ricardo Anaya fue a la escuela al Colegio Álamos, administrado por el Opus Dei y San Javier, de la comunidad de los Hermanos Maristas. Luego fue a la Universidad Autónoma de Querétaro donde estudió la licenciatura en derecho.

Hizo una maestría en derecho fiscal en la Universidad del Valle de México (cuando se graduó tuvo mención honorífica) y posteriormente un doctorado en ciencias políticas y sociales por la UNAM (también graduado con mención honorífica).

De la burocracia a la política partidista

Durante un tiempo se dedicó a la docencia como profesor de derecho constitucional y teoría del estado en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Querétaro, pero luego se enfocó a la administración pública, primero como director del Instituto Municipal de la Juventud de Querétaro, luego como director de Vinculación Social de Querétaro; secretario particular del Gobernador de Querétaro, Francisco Garrido Padrón; coordinador de Desarrollo Humano en Querétaro, y ya en el sexenio del presidente Felipe Calderón como subsecretario de Planeación Turística del gobierno federal.

Dejó la burocracia para reanudar su carrea político-partidista iniciada en 2009 cuando fue postulado por el Partido Acción Nacional (PAN) como candidato a diputado local. En la Legislatura de la que formó parte ese año fue coordinador de la fracción legislativa de Acción Nacional en el Congreso.

Entre 2010 y 2011 fungió como presidente del Comité Directivo Estatal panista. En 2012 fue electo federal por la vía plurinominal.

Allegado al grupo del Gustavo Madero Muñoz, se convirtió en una figura importante en la Legislatura federal a grado tal que fue electo presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Ese fue el espacio que lo dio a conocer como un tribuno. Muchos recuerdan sus discursos e intervenciones en la Cámara por articulados. Para algunos, memorable el que pronunció ante el presidente chino Xi Jinping en junio de 2013.

No pocos le reconocen el haber exigido al entonces embajador de Estados Unidos en México, Antonhy Wayne, investigar el presunto espionaje de Estados Unidos a Felipe Calderón cuando era candidato a la Presidencia, durante un evento de instalación de un grupo de amistad México-Estados Unidos.

La revelación de político joven se reforzó en el proceso para la renovación de la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PAN en 2015, cuando derrotó al ahora gobernador de Chihuahua, Javier Corral.

Luego continuó exhibiendo sus cualidades para enfrentar con éxito escaramuzas políticas ante políticos priistas de peso. Tal fue el caso del encontronazo que tuvo con Manlio Fabio Beltrones la noche de la elección de 2016 (5 de julio), cuando le fue muy bien en el debate con el sonorense y Agustín Basabe, entonces presidente del PRD.

Ese día el PRI perdió 7 de las 12 gubernaturas en juego ante el PAN (Chihuahua, Aguascalientes, Tamaulipas Veracruz, Puebla, Durango, y Quintana Roo, éstas últimas en alianza con el PRD). Para 2017 el panismo ganó Nayarit.

El desgaste de la candidatura por el PAN

Parte del mayor desgaste que enfrenta la carrera del joven político queretano viene de la forma en que se apoderó de la candidatura del PAN a la Presidencia.

En la carrera por la nominación forzó a que se agotaran los tiempos de elección del candidato para obligar a la otra aspirante —y quien estaba mejor posicionada en las encuestas—, Margarita Zavala, a renunciar al partido para buscar la candidatura independiente, al mismo tiempo que tejía una alianza con la cupula del PRD.

Al final resultó electo como candidato a la Presidencia y su interlocutora en el PRD, Alejandra Barrales, candidata a la Jefatura de Gobierno. Como candidato, se presentó con una narrativa poco clara, amarrada con una camisa de fuerza por izquierda y derecha.

El orador elocuente y disciplinado ganó al menos uno de los debates entre candidatos presidenciales, pero fue objeto de un severo golpeteo que lo colocó en el imaginario colectivo como un hombre deshonesto por el insistente señalamiento de que se habría beneficiado de la venta de una nave industrial a un sujeto que hizo una serie de triangulaciones de dinero por distintas partes del mundo.

Al final de la contienda, según las encuestas, llegó colocado en un poco claro segundo lugar, con la imagen de político fresco marchita, aunque ahora sabemos que es trilingüe y que toca el ukelele.