El 28 de octubre la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara alta aprobó el dictamen para la creación de un Sistema Nacional de Cuidados, que como objeto principal tiene responsabilizar al Estado de garantizar el acceso al cuidado de todas las personas, distribuir equitativamente y facilitar este trabajo y generar condiciones laborales óptimas para los cuidadores.

Este es un paso fundamental en la lucha feminista pero también en la lucha por los derechos. Se trata, esencialmente de valorizar todo ese trabajo que históricamente ha estado invisibilizado y precarizado, de reconocerlo, de reducirlo y de reorganizarlo, dijo Marta Clara Ferreyra Beltrán, directora general de Autonomía y Empoderamiento para la Igualdad Sustantiva en el Inmujeres en entrevista con El Economista.

“Tanto el trabajo doméstico como los cuidados tienen que ver con el sostenimiento de la vida, por tanto, con el funcionamiento social y de los mercados, no sólo con lo que pasa dentro de un hogar. Estas labores son fundamentales para todo lo que sucede en el planeta y, además, contribuyen al desarrollo humano, la producción económica, la innovación científica y muchas otras áreas. Esto es, para que los grandes escritores, científicos, economistas o deportistas alcanzaran sus niveles de éxito fue necesario y central recibir cuidados, que la mayoría de las veces son realizados por mujeres. Los cuidados mantienen la vida y también mantienen el mercado”.

En México, por ejemplo, todas estas actividades domésticas y de cuidados a terceros tienen un valor que equivale al 24% del PIB nacional, de acuerdo con la Cuenta Satélite de Trabajo No Remunerado 2019 del Inegi, que asciende a cerca de 5.5 billones en términos monetarios. De todo este trabajo las mujeres contribuyen casi con el 80% de todo este trabajo y no reciben ni paga ni reconocimiento con ella.

Aún cuando cada vez son más las mujeres que entran al mercado laboral remunerado, las desigualdades en la distribución del trabajo doméstico y de cuidados persisten de manera casi intacta. Esto obedece a una cultura de prejuicios que ha perpetuado la idea de que las mujeres son quienes tienen la responsabilidad y hasta un “don biológico” para cuidar a los hijos, limpiar la casa o estar pendientes de los abuelos; Marta Ferreyra, asegura que este y otros acontecimientos recientes implican un paso enorme en términos, sí de justicia social en las leyes, pero también cambios importantes en la cultura y el pensamiento de los hogares mexicanos.

Por eso es tan importante la creación de este Sistema de Cuidados: porque reconoce que hay muchos niños, adultos o personas que no tienen los cuidados que necesitan; que estas actividades de cuidados las realizan las mujeres desproporcionalmente y esto genera una pobreza sistémica de tiempo femenina y que además quienes trabajan en este rubro no lo hacen dignamente. Pero más allá de reconocerlo, busca cambiarlo.

El esquema de las tres R

El principio básico del sistema de cuidados bajo la economía feminista es: reconocer, redistribuir y reducir.

Marta Ferreyra, en entrevista explicó que además de buscar reconocer y valorizar todas las labores que han sido invisibilizadas, la creación de este sistema busca modificar a través de las políticas públicas la realización de estas tareas y al mismo tiempo hacer que la carga baje significativamente para las mujeres. Y por último, con base en el uso de tecnologías, innovación, profesionalización y leyes la carga doméstica y de cuidados baje en general.

En este sentido, este Sistema de Cuidados implica la institucionalización de políticas que busquen reducir estas cargas; se está trabajando en conjunto con las secretarías de Estado, como Bienestar, Economía o Salud para que por ejemplo se levante infraestructura vial, telecomunicaciones y servicios básicos en todas las comunidades en donde no hay todavía, comentó en entrevista.

Aunque parezcan temas separados, no lo son, las mujeres en condiciones vulnerables incluso tienen mayor desgaste en la elaboración del trabajo doméstico y cuidados.

“No es lo mismo preparar alimentos en un hogar donde abres el grifo y hay agua, que en uno donde tienen que caminar kilómetros para ir al pozo a conseguirla; la política pública también sirve para eso. Para que el Estado se responsabilice de estas situaciones y propicie que estas tareas sean lo menor posible”.

Las mujeres y su derecho al futuro

Las desigualdades también son violencia. El Sistema Nacional de Cuidados también busca erradicar la violencia contra las mujeres y niñas, directa e indirectamente, reparar y borrar las disparidades económicas y sociales entre hombres y mujeres también tiene un impacto fuerte para combatir la violencia física, emocional, económica y hasta sexual.

La ENDIREH y la ENUT del Inegi muestran que tanto en el ámbito educativo como en el laboral gran parte de las mujeres y niñas pierden su derecho al futuro (desarrollo individual) por esta sobrecarga de labores domésticas a través de algunos datos claves:

1. Las niñas y mujeres que estudian tienden a reportar menos violencia dentro y fuera de los hogares

2. Las adolescentes de comunidades rurales que desertan de la educación lo hacen mayoritariamente por maternidad o por necesidad de cooperar más en sus viviendas

3. La brecha salarial se profundiza en el momento en que las mujeres entran en la edad de la maternidad

La Directora General de Autonomía y Empoderamiento para la Igualdad Sustantiva en el Inmujeres aseguró que la creación de este sistema de manera directa busca eliminar la violencia producida a través de desigualdades. Y de manera indirecta al alejarlas de este papel “de hogar” también las protege, las empodera, las incluye y las poner en una mejor posición ante la violencia que persiste en México.

Este es un gran paso: la maternidad, la paternidad, el cuidado de adultos y personas con discapacidad contribuye, además del hogar, a la economía y al mercado. Hacer que las personas reciban los cuidados adecuados, que los cuidadores tengan derechos y que estas labores no quiten a las mujeres el derecho al desarrollo y al tiempo libre, es una tarea de orden público más que privado, entonces hay que responsabilizarnos todos, concluyó Ferreyra.

ana.garcia@eleconomista.mx