Lo que comenzó como un esbozo para una estrategia de manejo de crisis en el cuarto de guerra de la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en el 2006 se convirtió en una espontánea industria de souvenirs que sobrevivió a tres campañas, dos derrotas y, al menos, al inicio de la llamada cuarta transformación.

En el 2006, el equipo de campaña del candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón Hinojosa, relanzó su trabajo de proselitismo y una de sus principales novedades era un spot en donde se exponía a López Obrador como “un peligro para México”.

Los estrategas del ahora presidente de la República reaccionaron con un video en el que aparecía la escritora Elena Poniatowska diciendo que los programas de apoyo “a nuestros viejitos” se financiaron con ahorros y honradez. Moviendo la cabeza, pedía casi suplicando: “No calumnien”.

Los panistas contraatacaron con otro spot en el que prácticamente se burlaban de la escritora con frases de “ahora resulta…”.

La preocupación invadió al equipo de campaña del político tabasqueño y decidieron pedir ayuda.

En una reunión celebrada en la casa del caricaturista Rafael Barajas Durán, El Fisgón, se dieron cita el monero, la publicista de la campaña de AMLO, Bertha Maldonado, e invitaron (como refuerzo) al caricaturista José Hernández, quien actualmente publica en el periódico La Jornada.

Tras analizar la situación por la que atravesaba la campaña y luego de una lluvia de ideas, Hernández propuso una imagen amable del candidato emproblemado.

Ahí mismo trazó a lápiz, y sólo entintado con plumón en una hoja blanca, una figura caricaturizada de López Obrador sonriente, con el pulgar izquierdo arriba y su característico gallito de pelo.

A la creación se sumó la publicista y le agregó la frase: “Sonríe, vamos a ganar”.

El entusiasmo invadió la habitación. Se hicieron dos bocetos más y se enviaron al PRD. La burocracia del partido no permitió dar vida a la campaña, pero el personaje ya había nacido.

El pejecito reapareció después de la derrota y se multiplicó entre las manifestaciones de protesta. Primero se usó en calcomanías que los perredistas regalaban para pegar en los automóviles. Ésos fueron sus primeros viajes.

Luego se usó en las mantas, carteles y lonas, hasta que apareció en las panzas de los simpatizantes perredistas.

En meses la imagen era más popular que el propio candidato. Ésta reflejaba a un personaje tierno, sonriente, optimista.

Hernández cuenta que para ese tiempo se dio cuenta de que esa caricatura ya no le pertenecía, y no porque nunca la registró o porque ninguno de los vendedores ambulantes y proveedores del partido que la reproducían ya en serie le dieron un peso de regalías, sino porque el pueblo ya la había hecho suya y la acompañaban de todo tipo de frases. Pero la que dominaba ya era “sonríe, ya ganamos”, aunque era sólo el “gobierno legítimo”.

Quique Ken le roba cámara

La imagen resultó ser más inquieta que el personaje del cual se inspiró su creador. No le gustó la segunda dimensión. En poco tiempo aparecieron los muñecos de peluche. Primero los confeccionados con curia por las abuelas agradecidas por los beneficios de las ayudas económicas para los adultos mayores y luego los hechos en serie en los talleres modestos para surtir a los vendedores ambulantes. Entonces el pejeluche era ya el personaje que viajaba en brazos.

En los círculos sociales con actividades para adultos mayores también aparecieron coronando creaciones de grenetina y llaveros.

Así permaneció, casi oculto, sólo en los brazos y parabrisas de los fieles seguidores.

Para la elección presidencial del 2012, el pejeluche tuvo su primera afrenta. Presentado generalmente desgastado por las 1,000 batallas presenciadas, tuvo que lidiar con Quique Ken, un estilizado muñeco encopetado con impecable chamarra blanca con el logo del PRI, corbata roja, zapatos boleados y el sex appeal del novio de Barbie, casi siempre arropado con las notas de música disco de “Peeeña”, al ritmo de “Gloria” de Laura Branigan.

La campaña de López Obrador no despuntó y los pejeluches tuvieron una aparición discreta, lo mismo que los demás souvenirs. Fue un mal año. Los colores amarillos del pejeluche lucían apagados. Acusaba ya la necedad de cambiar de vestimenta.

En mayo del 2017, la candidata a la gubernatura del Estado de México, Delfina Gómez, visitó Xonacatlán, la tierra del peluche, acompañada de López Obrador. En ese lugar hay varios talleres familiares de peluches y algunos de sus más avezados artesanos ya se habían puesto de acuerdo con uno de los hijos de López Obrador para que el excandidato presidencial les recibiera un obsequio.

Al entrar al pueblo, a él y a la candidata les dieron dos muñecos, el pejeluche y Delfi. Ellos visten de color vino.

A diferencia de los pejeluches del 2006, éste tiene un semblante ya de más entrado en años. Es más, su cabello blanco usa spray para que no se le vuele y el gallito en el nido.

Cuenta Alfredo González, propietario del taller de peluches El Alacrán, que en poco tiempo el pejeluche se convirtió en su producto estrella en sus tres puntos de venta. Pronto le hicieron los primeros pedidos de distintas partes de la República.

Actualmente, a casi seis meses de iniciado el gobierno de la línea de producción, salen tres tipos de pejeluche: el grande de 75 centímetros de alto, a 220 pesos al mayoreo, el mediano de 35 (el más popular) a 75 pesos, y el llavero de chupón de 15 centímetros, a 45 pesos. Las ventas han bajado y ya no son los turistas y curiosos los principales clientes, sino los vendedores ambulantes que andan gira tras gira presidencial ofreciendo su mercancía.

Pero los pejeluches no son los únicos productos comercializados en campaña y en la llamada cuarta transformación. En diferentes estados hay pequeños negocios familiares al amparo de la popularidad del presidente.

En Tabasco, Frida Robles, una estudiante de administración y mercadotecnia, creó los pejemojis, unas almohadillas con el rostro caricaturizado de un López Obrador amoroso, otro coqueto que cierra el ojo, un llorón y uno simplemente sonriendo.

Cada uno cuesta 80 pesos y presumen de ser cocidos a mano. Son ya más de 100 piezas confeccionadas por la joven estudiante venida a emprendedora. Primero los vendió entre amistades, pero ahora piensa incursionar en Internet, donde muchos comerciantes han invadido el mercado electrónico de pejes de distintas formas y lienzos.

Ese Peje que necesitas, te llega

En el sitio de Internet de Mercado Libre es posible encontrar playeras, máscaras, fundas para celulares, peluches, tazas, muñecos lego y llaveros, con precios desde 40 hasta 349 pesos.

La marca El Pejecito ofrece una playera con una caricatura de López Obrador vestido con el uniforme de la Selección Mexicana de futbol, ejecutando una chilena. “Goliza a la mafia del poder” es la frase que acompaña este artículo que tiene un precio de 220 pesos.

Con el hashtag “Me canso ganso”, hay playeras que muestran a López Obrador caricaturizado, ataviado de traje, portando la banda presidencial y con los lentes negros que representa que un personaje derrota a sus opositores. En el costado, se ve la bandera de México. En la parte trasera se lee “#Mecansoganso”. Hasta ahora se han vendido 183 piezas.

Con la leyenda “Super Prejidente”, se ofrece otra playera con un costo de 190 pesos. En ella se ve al hoy presidente de México caricaturizado, volando, portando la banda presidencial y una colita, en referencia al personaje de Super Mario Bros. De este modelo se han vendido 1,617 unidades. De esta serie hay otras como un AMLO que representa un cupido y se acompaña de la frase “AMLOVE”, una más con la imagen caricaturizada de López Obrador de pie, con su inigualable gallito y con la frase “Amlover”.

En otra más se puede ver la imagen de AMLO con la frase “Me canso ganso”, pero acompañado con el hashtag “#4taTransformación”. Ésta tiene un costo de 275 pesos.

Playeras Lukas ofrece la imagen de López Obrador de caricatura, sonriendo y sosteniendo un corazón rojo. Se acompaña de la frase “AMLO Presidente”.

También se ofertan otras en las que AMLO recrea personajes como Gokú de Dragon Ball Z. En estos artículos, que tienen un costo de 550 pesos por dos unidades, se ve a un López Obrador de caricatura con un traje de super sayayín fase cuatro, con cabello erizado y con la frase “L4Transformación”. En otra se recrea el logotipo de Pemex, pero en lugar de un águila se ve a un ganso musculoso con la leyenda “Gansolina”.

En Internet también es posible adquirir máscaras del hoy presidente de México. Con un costo de 350 pesos, se ofrecen caras de látex del Peje.

Otros productos disponibles son tazas en las que de frente se ve la imagen caricaturizada del exjefe de Gobierno de la Ciudad de México y detrás la frase “Aquí toma ya sabes quién” o “Yo soy parte del cambio 2018-2024”. Su costo es de 50 pesos.

En tanto, la funda para celular que hicieran famosa Jesús Seade o Yeidckol Polevnsky durante la campaña con la frase AMLOVE tiene un costo de 149 pesos.

Y Lego hizo lo suyo

Hace unos días, la senadora de Morena, Citlalli Hernández, publicó en sus redes sociales una imagen de una figura de Lego del presidente Andrés Manuel López Obrador, la cual se puede conseguir en internet desde 16 pesos.

La miniatura tiene cabello cano, sonrisa, porta traje, corbata, banda presidencial y en la mano un cartel con la frase “Morena, la esperanza de México”.

En Internet, por 249 pesos se puede comprar un paquete que incluye al AMLO presidente, un López Obrador vestido del famoso superhéroe Superman y la figura presidencial del expresidente Enrique Peña Nieto.

Mientras que en los medios de comunicación comienza a hablarse de si se deteriora o no la imagen del presidente, en el mundo de los souvenirs su silueta sigue presente. Basta acudir a una gira del presidente para encontrar improvisados puestos sobre una lona con pejeluches, camisas y estampas, junto a las gorras y playeras de Morena y abajito, en ocasiones, hasta los libros de Paco Ignacio Taibo II, que para estos pejes no son competencia.

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