Una mañana, Carolina Rocha tal vez tomó mucho café porque, al ver el periódico, la hizo rabiar un reporte más sobre corrupción en la prensa.

El primer impulso fue subir un mensaje desde su cuenta de Twitter sobre el asunto. Como todo lo piensa de manera visual (trabaja en televisión), agarró un mapa de México, lo puso en un editor en su celular y comenzó a elaborar algo así como un mapa de impunidad, identificando en cada estado el gobernador prófugo por asuntos relacionados con corrupción.

Pronto, aquel impulso se convirtió en un mapa de México sumergido en letras de colores rojo, azul y amarillo.

Esa mañana comenzó a masticar la idea de hacer un atlas de la impunidad: en Tabasco va a ser unos zapatitos Ferragamo, en Chihuahua un banco..., tramó.

A la semana, caminando por la Ciudad de México encontró a Miguel Pulido, una persona que desde la organización de la sociedad civil Fundar había tratado ya a profundidad ese tema y le compartió la inquietud. Lo involucró en el proyecto que dio como resultado el libro Qué tanto es tantito. Atlas de la Corrupción en México 2000-2018, editado por Grijalbo.

Es un compendio sobre la corrupción en México escrito con la tripa y la reflexión académica de Miguel Pulido Jiménez y la agudeza e irreverencia de la periodista Carolina Rocha Menocal.

Es una línea del tiempo entre el 2000 y el 2018, donde aparecen casos tristemente célebres de corrupción en el país que remiten a investigaciones periodísticas y casos judiciales que se han convertido en emblemáticos de lo que no debiera ocurrir en el país, acompañados de un repaso por los próceres de la corrupción a manera de una mirada al pasado.

Es una compilación, dividida por estados, donde aparece escándalo tras escándalo de corrupción. Luego, con un singular ingenio, presentan lo que llaman los milagreros, donde aparecen viñetas sobre personajes que todavía hoy son escándalo: está un voluminoso exgobernador que tejió una red de empresas fantasma para robar el dinero público cerca del Golfo, el profesor convertido en maestro bailador que endeudó a un estado, un “carnal” que se hizo famoso por la cuestionada obra de una línea dorada del Metro y, sí, también está aquel personaje con apellido parecido a la marca de un shampoo que gobernó un estado lleno de pantanos y que gustaba de zapatillas Ferragamo.

Hemos banalizado la corrupción

En entrevista, Carolina Rocha dice que es claro que la corrupción es la principal preocupación de los ciudadanos y prueba de ello es que en torno a ese tema han girado las campañas, pero el problema es que se ha convertido en parte del paisaje y se ha banalizado.

La necesidad de hacer visible este asunto llevó a la reportera a hacer este libro que describe así: un ejercicio de memoria para ordenar el lodo para que la gente pudiera ver cómo al país se lo devoran a cachos.

Por su parte, Miguel Pulido enfatizó que uno de los problemas de la corrupción es que lo hemos tratado principalmente como un problema de buena o mala moralidad, pero en realidad el saqueo público cuesta vidas, causa pobreza, produce injusticias.

Por eso, añadió, hicieron una guía para aproximarse a los escándalos como una forma de darle la vuelta al olvido.   dijo que la democracia electoral en muchos casos se convirtió en una aduana para entrar a la fiesta del saqueo.

Los autores reconocieron avances en el combate a la corrupción, pero identificaron riesgos, por ejemplo la fragilidad institucional y la normalización del saqueo.

El libro está ya en las librerías. La corrupción se multiplica en todas partes.

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