La sola idea de la configuración de un frente electoral común —o coalición, como prefieran— de la derecha y la izquierda incluyendo a un partido de centro, habría parecido una quimera hace 30 años. Pero desde el momento en que vi a Manuel Clouthier, a Cuauhtémoc Cárdenas, a Rosario Ibarra tomados de las manos en protesta por el fraude electoral en 1988, me quedé con la idea de que habría temas en torno a los que cualquier partido del espectro político podría considerar indispensable dialogar con otras fuerzas políticas en un momento determinado, independientemente de las naturales diferencias ideológicas. Incluso, podrían contemplar unirse para defender ciertos puntos en coyunturas postelectorales, cuando los resultados parecieran alterados, como sucedió en ‘88.

Lo que no imaginé es que las fuerzas políticas dispares se unieran para presentar candidatos comunes, como ha sucedido muchas veces desde el año 2000, en Puebla, Veracruz, Oaxaca, Chiapas y alguno que otro estado, en donde las coaliciones opositoras al Revolucionario Institucional han presentado plataformas conjuntas y han ganado, con resultados diversos, hay que decirlo. Del nivel estatal, el paso a una candidatura presidencial conjunta parecía lógico, aunque no del todo natural.

El Frente Ciudadano por México fue pacientemente tejido, bordado diría yo, por las dirigencias de Movimiento Ciudadano, del PAN y del PRD. Brincaron muchísimos obstáculos, especialmente después de las elecciones del Estado de México. Lograron la aquiescencia de las cúpulas de cada partido, en el caso del PRD y del PAN especialmente, para coaligarse; pudieron generar una plataforma común medianamente coherente y juiciosa, haciendo aparte los puntos espinosos, como el control de la natalidad y los matrimonios de personas del mismo sexo. Llegaron a ponerse de acuerdo en un programa prácticamente de centro, pero todo el esfuerzo pareció irse por la borda porque los diversos tiradores —Miguel Ángel Mancera, Ricardo Anaya, Juan Carlos Romero Hicks y Rafael Moreno Valle, al menos— no querían ceder. Que si elección, que si encuestas, que junta de notables; ningún modo de selección del candidato parecía satisfacer a los implicados ni a sus huestes.

Pero tenemos buenas noticias, ya se pusieron de acuerdo en que se requiere una contienda interna entre Ricardo Anaya y Miguel Ángel Mancera, con la exclusión del resto de los panistas. Parece, ahora sí, que en serio intentan presentar un candidato presidencial conjunto.

El destape de Meade puso en aprietos al Frente

El destape de José Antonio Meade aceleró el proceso y puso en aprietos a los líderes del Frente. Quizá era lo que necesitaban para ponerse de acuerdo. Ricardo Anaya estaba empecinado en quedarse con la candidatura presidencial, apoyado por Movimiento Ciudadano. Dante Delgado propuso dar esa candidatura al PAN, que el PRD se quedara con la jefatura de gobierno de la CDMX y que Miguel Ángel Mancera fuese candidato a una senaduría. Así, a su juicio, las cosas quedaban resueltas. Por supuesto ese “arreglo” no le gustó a Mancera que opinó que Dante podría ser un buen secretario de Agricultura, pero primero había que ganar la elección. Viéndolo así, pues resulta que Mancera tuvo razón porque parecían salidos del cuento de la lechera que ya sabía en qué gastar el dinero que ganaría por la leche, antes de la ordeña. Pues igual estuvieron los líderes del Frente, ya saboreaban la victoria, pero se saboteaban al mismo tiempo. Y el problema no estaba tanto en las estructuras partidarias, sino en las personalidades de los dirigentes que parecían no entender que a veces cediendo se gana más …

El problema de fondo, al parecer superado, era que el PRD estaba inconforme con el trato dado a Movimiento Ciudadano, pues en el reparto de candidaturas se le estaba dando el mismo porcentaje que al PRD. Los perredistas no discutían que la mitad de las candidaturas fueran del PAN, consecuentemente a su peso electoral. Lo que no les parecía, y con razón, era darle 25% de las candidaturas a MC, como si tuviese el mismo número de afiliados y votos que el PRD. Y esa es la razón por la que Dante Delgado apoya las aspiraciones de Anaya. Pero eso no refleja el peso electoral del PRD, cinco millones de militantes y quizá otros tantos millones de votos. ¿Cómo fue posible que se diera el mismo trato a Movimiento Ciudadano, un partido marginal, que al PRD?

Tácticamente resultaba un error imperdonable la separación de los tres partidos integrantes del Frente o mínimamente la del PRD. Menos mal que entraron razón el jueves pasado y decidieron abrir la candidatura presidencial del Frente Ciudadano por México a una contienda interna. El miércoles 6 de diciembre se daba por un hecho que los líderes del PAN, PRD y MC habían caído en el garlito que tanto el PRI como Morena querían: evitar una candidatura presidencial conjunta del Frente que quitaría votos tanto Meade como a López Obrador y que podía ser una tercera opción altamente competitiva. Afortunadamente, entre la noche del 7 y la mañana del 8 de diciembre se negoció hacer una contienda interna para elegir al candidato. Pero eso no quiere decir que todos los obstáculos estén sorteados. Falta ver si se ponen de acuerdo para aceptar los resultados del proceso interno…

De todos modos, no todo está perdido. Aún pueden controlar el Legislativo y las grandes ciudades, si son prudentes. Quizá la mejor fórmula sería que los candidatos designados en cada plaza sean los más competitivos, es decir, si en algún distrito electoral federal, el candidato más viable es el panista, que los otros dos partidos lo apoyen, y si es el perredista, que tanto el PAN como MC apoyen a ese candidato. Incluso, si no se llega a concretar el Frente en algunos espacios locales, sería importante, para la construcción de ciudadanía, que los apoyos se den al candidato a diputado federal, senador, gobernador o alcalde con mayores posibilidades de ganar, aunque sea de modo informal.

Como se ve el asunto en estos momentos, da la impresión de que en la boleta electoral los candidatos independientes no van a estar presentes. La recolección de firmas ha estado lenta y no parece que logren tener apoyo en más de 17 estados. Lo más probable es que en la boleta presidencial aparezcan los candidatos del PRI-PVEM-PES, de Morena-PT, y del PAN-MC-PRD, un par de independientes y se acabó.

En estos momentos, un candidato, AMLO, es el puntero. EL PRI buscará hacer competitivo a su abanderado a como dé lugar, aunque en estos momentos arranca como el tercero en preferencias. Las tendencias pueden variar, pero dependerá de cómo gestionen las precampañas los diferentes aspirantes, y el nombre del candidato del Frente será una variable que cambiara la correlación de fuerzas, quiérase o no. El autosabotaje está a la orden del día. En realidad, la victoria de uno u otro depende de los errores del contrincante más que de los méritos propios. Parece que hemos retrocedido 30 años, pero la historia no se repite. Hoy tenemos un andamiaje electoral sumamente sofisticado, controles de diversa índole, pero la situación general del país es mucho más delicada que en 1988. Entonces el principal problema era económico, hoy es de seguridad nacional. Y eso no parece que haya sido asumido por los candidatos.