La designación de José Antonio Meade Kuribreña como inminente candidato del PRI a la Presidencia de la República tiene mucho parecido a la nominación que, vía dedazo, hizo en 1975 el presidente Luis Echeverría Álvarez y que favoreció a José López Portillo, secretario de Hacienda y Crédito Público.

En noviembre del año pasado, el presidente Enrique Peña Nieto aceptó la renuncia del responsable de la política económica del país y su decisión activó el proceso interno, la liturgia priista diría él, para la designación de Meade Kuribreña como abanderado presidencial.

Como sucedió también hace 42 años, cuando la tradición pronosticaba que quien ocupaba el cargo de secretario de Gobernación sería el elegido por el mandatario mexicano en turno para buscar sucederlo en el cargo, esta vez Miguel Ángel Osorio Chong, responsable de la política interior, no contó con la bendición presidencial para ser el abanderado del partido tricolor.

Entrevistado por El Economista, Augusto Gómez Villanueva, protagonista de la sucesión presidencial de aquel año, cuando se desempeñaba como secretario de la Reforma Agraria y no fue favorecido por el dedazo, narró cómo vivió el proceso en carne propia:

“Solamente fuimos llamados dos por el presidente Echeverría: su servidor y Porfirio Muñoz Ledo. Primero yo y después Porfirio, por minutos. El presidente me recibió con mucha cordialidad, pero con el rostro austero. Advertí de qué se trataría. En ese momento, entre los pasos que di hacia la entrada de la biblioteca, donde me estaba esperando el presidente, pensé muchas cosas. Estaban en la antesala los líderes del Senado y de la Cámara de Diputados, Enrique Olivares Santana -padre de Héctor Hugo Olivares Ventura- y el Negro Sansores -Carlos Sansores Pérez, papá de la senadora Layda Sansores San Román, del partido Morena-. Me hicieron unas señas como diciendo tú eres el bueno. Pero, pues, se me enfrió muy rapidito”.

- ¿Y qué le dijo Echeverría?

- Me dijo: el país necesita un hombre con conocimiento de la economía y familiaridad con las instituciones internacionales y, por lo mismo, necesitamos que sea un candidato que tenga esa vinculación.

- Pero no le comentó que López Portillo era el bueno. ¿O sí?

- Inmediatamente después me lo dijo. Pero yo, desde el momento en que me dijo que el país necesitaba un hombre… entendí, entendí. Si me pregunta, si me puse triste, no. Lo que pensé fue ‘ahora sí voy a poder dormir’. Tenía muchos años de no dormir, porque Echeverría, cuando nació su candidatura, dijo: ‘yo no conciliaré el sueño si no hago todos los días algo por los campesinos de México’. Ese era su compromiso y lo cumplió.

Y es que desde que tomó posesión en 1976, el presidente Echeverría designó a Gómez Villanueva Jefe del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, encomendándole atender el reparto de la tierra y los reclamos campesinos.

Tras dejar el gabinete y no ser candidato presidencial, el aguascalentense fue designado secretario general del PRI y candidato a diputado federal de la L Legislatura; llegó a presidir la Cámara baja. En 1977, luego de su enfrentamiento abierto con Jesús Reyes Heroles, secretario de Gobernación, y en medio de acusaciones de corrupción, fue nombrado Embajador de México en Italia.

“La verdad es que no me di cuenta que era -que había sido un fuerte aspirante a- candidato, hasta cuando estaba en Roma. Cuando se desataron todos los enemigos fue cuando recordé aquella famosa sentencia que dice que el político, cuando llega a los altos niveles de la disputa por el poder, no le queda más que el entierro, el encierro o el destierro. Yo opté por lo último”.

 

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