México no cuenta con un proyecto de nación de largo plazo y enfrenta una serie de retos que debe resolver de manera simultánea planteó Guillermo Gándara, quien junto con Concepción Olavarrieta y Jorge Máttar, coordinaron el libro “Futuros México hacia 2050”, editado por Debate-Penguin Random House.

El especialista en estudios de futuros ambientales y urbanos, académico del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, explicó que un grupo de 19 especialistas analizaron 15 retos para México, identificados a escala global por la organización The Millennium Project, en el año 2000, con motivo de la Cumbre del Milenio de la ONU y el Foro del Estado del Mundo. Los expertos hicieron un diagnóstico de cada uno y plantearon tres escenarios hacia el futuro: Uno, que sería el resultado de actuar de manera correcta, un segundo, producto de seguir haciendo las cosas como hasta ahora y un tercero, catastrófico, producto de malas decisiones de política pública.

El libro fue realizado con el apoyo de The Millennium Project, Proyecto Milenio México y la Fundación Biósfera de Álica. Está dividido en dos partes. La primera identifica cada uno de los retos y la segunda plantea escenarios y proyectos rectores hacia 2050.

—¿Cuál es el objetivo de este libro?

—Futuros México hacia 2050 tiene el objetivo de abrir un panorama de largo plazo sobre posibles escenarios para México. En la disciplina de estudios de futuro no consideramos un solo futuro porque no está escrito. En el libro lo que hicimos fue dibujar tres posibilidades. Hay un escenario ideal, uno posible y uno catastrófico que dibuja una toma de decisiones no asertiva.

Una vez que tú miras hacia el futuro, abres una serie de posibilidades o de caminos en los que México se pudiera desenvolver.

Esto tiene el propósito de venir al presente y diseñar una toma de decisiones con ese enfoque de futuro, de hacia dónde quieres ir, hacia dónde quieres posicionar al país. El propósito es reflexionar sobre las posibilidades de México en el largo plazo. Va dirigido a los tomadores de decisiones, a los diseñadores de políticas públicas, no solo del gobierno, sino de la iniciativa privada, sociedad civil y universidades.

—Al momento de ir leyendo estos textos surgen más preguntas que certezas…

—Exacto, nosotros abrimos panoramas que están construidos a partir de análisis rigurosos y metodológicos. Para poder hacer posible esta mirada de futuro, que es la esencia del libro, primero estudiamos el presente y el pasado. 

La primera parte del libro es un análisis diagnóstico de 15 retos: 

  1. Desarrollo sostenible y cambio climático
  2. Agua limpia
  3. Población y recursos
  4. Democratización
  5. Prospectiva global y toma de decisiones
  6. Convergencia global de la información tecnológica
  7. Brecha entre la pobreza y la riqueza
  8. Salud
  9. Educación
  10. Paz y conflicto
  11. Situación de las mujeres
  12. Crimen organizado trasnacional
  13. Energía
  14. Ciencia y Tecnología
  15. Ética global

Esos 15 retos vienen de una metodología global que la generó el think tank The Millennium Project, que trabaja desde finales del siglo pasado sobre los retos del milenio actual. Cada una de las temáticas las aborda un especialista. Somos 19 autores, cada uno especialista en una temática.

—¿Es posible satisfacer las necesidades de la población actual, sin poner en riesgo las necesidades de la población del futuro?

—Eso se plantea en el reto de la sostenibilidad. Sí, es posible. En el escenario que se llama “Plenitud Nacional” trae precisamente ese abordaje donde sí es posible. Lo que pasa es que traemos una inercia del pasado, donde hemos agotado los recursos, los ecosistemas y estamos comprometiendo las capacidades de las generaciones futuras. 

Para hacerlo posible, hay que hacer muchas modificaciones en las conductas del mexicano, de sus hábitos de consumo, pero también de movilidad en las ciudades, etcétera. Es un asunto global, holístico, en distintas dimensiones.

—¿Cuál es la clave para salir bien librado de estos retos al momento del diseño e implementación de políticas públicas?

—Lo que nosotros queremos poner en evidencia es el poder resolver los retos de manera simultánea, de manera holística. La aportación para salir bien librados es visualizarlo todo como un sistema. Nosotros analizamos los 15 retos, primero de manera individual, pero, cuando pasas a la segunda parte del libro, de ese análisis donde se identifican los factores clave en cada uno de los retos para conjuntarlos en su conexión sistémica, los autores generan unos factores de cambio que ya se conectan entre sí.

Al final del libro hay una sección que se llama “Proyectos rectores”, donde viene, de manera general, una planeación estratégica para el país con ese abordaje integral.

—¿Esto implica que la forma en que se intenten solucionar los problemas públicos en el país tiene implicaciones en el mundo?

—Muchas de las soluciones a nivel nacional están conectadas a nivel mundial porque, de entrada, hay tratados internacionales de los cuales México forma parte. Hay compromisos internacionales. Por ejemplo, las tecnologías de la información y comunicaciones, conservación de la biodiversidad, cambio climático y combate al crimen organizado internacional, entre otras.

—¿Esto implica tomar decisiones más horizontales que verticales?

—Sí. En el reto número 5, que habla de la política pública de largo plazo. Este capítulo está centrado en la política pública y el sistema político. Se hace un recuento de cómo ha sido la toma de decisiones en los últimos sexenios  y la conclusión es que se carece de toma de decisiones de largo plazo.

—¿Cuál es el papel de la sociedad civil en esta forma de enfrentar estos retos?

—En los retos de democracia, educación y empoderamiento se hace mucho énfasis de la construcción de ciudadanía. Destaca la importancia de que la ciudadanía tome un papel más activo en la toma de decisiones.

El abordaje es hacia una gobernanza donde todos los actores estén comprometidos con un futuro y luego con una construcción de estrategias para poderlo hacer posible.

El abordaje de las soluciones a estos retos no puede darse sin la participación de lo público, lo privado y los ciudadanos.

Es indispensable una gobernanza en la que los tres actores se ponen de acuerdo y toman decisiones en conjunto, enfocadas en la construcción de un futuro de largo plazo. Necesitamos promover una ciudadanía activa.

—¿Y cómo ven a México a la luz de esos retos?

—Los retos los acotamos en estas temáticas y cada una de ellas aborda temáticas muy concretas. La sustentabilidad sigue siendo un reto; el tema es la  mitigación del cambio climático y el hacerle frente sigue siendo un reto; el tema de la calidad del agua es un reto; la gobernanza del agua.

La transición demográfica nos trae retos porque tenemos problemas de vulnerabilidad social y de exclusión; el tema de la urbanización es un reto; la pérdida y degradación de nuestros ecosistemas sigue siendo un reto; el sistema de justicia es un reto… por donde lo pintes.

—¿Tenemos un proyecto de nación de largo plazo? ¿Sabemos qué país queremos ser, por ejemplo, en 2050, que es el horizonte que plantea el libro?

—No. No existe y esa es la aportación del libro. No existe porque en México no existe una cultura de largo plazo. Nuestros planes de desarrollo son sexenales. Nosotros proponemos unas visiones.

El propósito es mirar en el futuro, en el largo plazo y como el futuro no está escrito, nosotros dibujamos tres alternativas para que los tomadores de decisiones y la población en general se anticipe a lo que puede suceder si actuamos de manera correcta y nos ponemos las pilas y conducimos al país hacia el escenario ideal que se llama plenitud nacional.

Si no resolvemos los temas que tenemos y seguimos haciendo las cosas como las hemos venido haciendo, no vamos a llegar a ese país anhelado y podemos llegar a un escenario catastrófico.

—¿En función de lo que está haciendo este gobierno qué tan optimistas están de que se puedan asumir esos retos y salir bien librados de ellos?

—Hay diferentes factores, pero uno de los retos por ejemplo es el reto 13 son cinco desafíos energéticos para México. Ahí tenemos un claro revés en términos del cambio climático y energías alternativas. Una política energética que no nos apunta a la dirección que tú me preguntabas.

diego.badillo@eleconomista.mx