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Entre filas y tiempos de espera largos, capitalinos salen a votar
En algunas partes de la capital no acudieron los funcionarios de casilla designados, mientras que en las urnas especiales se denunció la falta de boletas.

El intenso calor, sed, hambre e incertidumbre no fueron impedimento para que la ciudadanía cumpliera con su responsabilidad cívica. Foto EE: Eric Lugo
Más de 40 minutos después de la hora estipulada tardó en abrir la casilla ubicada en la escuela primaria Gaudencio Peraza, en la colonia San Miguel Teotongo, alcaldía Iztapalapa, Ciudad de México, pues no había llegado un escrutador del Instituto Nacional Electoral (INE).
Y a pesar de la espera, la gente aguardaba pacientemente para votar, reflejo del entusiasmo y las ganas que tenían por ejercer su derecho a elegir. Una vez que se abrió la casilla, a las 8:42 de la mañana, los ciudadanos comenzaron a entrar a la escuela para emitir su sufragio en paz y con alegría.
Y así, como los vecinos de Iztapalapa, con esas ganas, con ese entusiasmo, fueron millones los capitalinos que este 2 de junio acudieron a las urnas. Hubo quienes lo hicieron acompañados en familia, algunos otros solos.
Incluso hubo otros tantos que acudieron con sus mascotas, como fue el caso de la candidata de Morena, PT y Verde al gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, quien acudió a esa misma casilla de la escuela primaria acompañada de su perrita Ixtli.
Con su domicilio a tan sólo una cuadra y media del centro de votación, la candidata llegó caminando, acompañada por Ernestina Godoy, candidata al Senado; Citlali Hernández, la secretaria general de Morena, y Alejandro Encinas, quien es parte de su equipo de campaña.
Brugada estaba de local y eso claramente se notaba. Sus vecinos, la gente que vive en la misma calle, manzana o colonia que ella y que acudieron a votar a su casilla, se le acercaban para saludarla, desearle toda la suerte del mundo en la jornada de este domingo.
Y ella, al tiempo que esperaba a que le dieran entrada a la casilla y sin soltar en ningún momento la correa de su perrita, los saludaba de beso, los abrazaba, se tomaba fotos con ellos.
Tras depositar las seis boletas con sus respectivos votos, la candidata dio un mensaje en un parque que está a unos metros de la casilla. Ahí llamó a los capitalinos a salir a votar con alegría y deseó que la jornada transcurriera en paz.
Horas más tarde y a kilómetros de ahí, en la alcaldía Benito Juárez la votación como en Iztapalapa también transcurría en paz. En la casilla ubicada en la calle de Mitla, casi esquina con Av. Eugenia, los vecinos de la colonia Narvarte votaban con entusiasmo. Como ya habían pasado unas horas de la apertura de las casillas, la afluencia era mucho menor.
Punto de encuentro y de coincidencia entre vecinos de Iztapalapa y de la Benito Juárez (que tanto se esmeraron en polarizar durante estas campañas los candidatos al gobierno capitalino) fue precisamente esa civilidad y ese entusiasmo con el que acudieron a votar este 2 de junio.
Caos al sufragar
En la jornada de este domingo 2 de junio, la espera para ejercer el voto llegó a ser de hasta 10 horas en las casillas especiales y formarse no garantizaba el poder entrar a la casilla.
De las 170,858 casillas aprobadas por el Instituto Nacional Electoral, 1,178 eran especiales para que los mexicanos que están fuera de su lugar de residencia ejercieran su derecho al voto.
Se ofrecían 1,000 boletas conforme a lo establecido por las disposiciones oficiales, esto es 1,000 foráneos aprobados; a partir de que éstos se acabaron, no había posibilidad de que el resto de los miles de mexicanos que estuvieran fuera de casa emitieran su voto.
A las puertas de la Universidad del Claustro de Sor Juana en la alcaldía Cuauhtémoc, de la Ciudad de México, Iván, oriundo de Guadalajara, esperaba poder votar después de haber llegado a las 7:50 de la mañana. No lo logró.
La falta de orden, un avance lento y la ansiedad de no saber si podrían votar o no, llevó a una decena de personas a abandonar las filas de la democracia para después exigirle a los funcionarios de casilla más boletas o que los dejaran entrar para votar.
¡Queremos votar!, ¡Queremos votar!”, coreaba el grupo de personas inconformes a mediodía, mientras que por la fuerza detenían la fila para ingresar a la casa de estudio y, así, “hacer valer su derecho”. Los ciudadanos encargados de proteger la integridad del proceso decidieron cerrar la puerta completamente y limitar el acceso.
“Lo que retrasó este procedimiento es que la gente es inconsciente y quiere aferrarse a las cosas que realmente no están en sus manos”, dijo Alejandro, un oaxaqueño que hacía turismo en la capital del país, pero también destacó “la mala organización por parte del INE”.
El intenso calor, sed, hambre e incertidumbre no fueron impedimento para que la ciudadanía buscara cumplir con su responsabilidad ciudadana y formar parte de la jornada electoral más grande en la historia de México.

