El nuevo libro de la periodista Lydiette Carrión es más que una crónica de feminicidios y crímenes de género en el Estado de México. Es la cartografía de un territorio de violencia institucional y de un nivel de la calidad de vida ínfimo, que dio residencia a un mal generalizado en México: la impunidad. La fosa de agua. Desapariciones y feminicidios en el río de los Remedios es el resultado de 6 años de investigación que Carrión realizó en Ecatepec y Los Reyes Tecámac, dando seguimiento a las desapariciones de 10 adolescentes.

Carrión exploró una zona donde se dio una urbanización violenta, impulsada por constructoras y con apoyo del gobierno estatal: las inmediaciones del cerro de Chiconautla, al noroeste del municipio de Ecatepec. Este escenario le permitió narrar el suplicio por el que pasan las familias de las víctimas. Pero suplicio, dice la autora en entrevista, es una palabra vacía que no lleva a entender la magnitud de esta tragedia. De ahí la necesidad de recurrir a la crónica, para “explicar a profundidad, hacer entender, el drama por el que pasa cada una de las familias de las desaparecidas”, dijo.

Entre 2015 y 2018, los reportes oficiales indican que se registraron 228 feminicidios y se abrieron 822 carpetas de investigación por homicidios dolosos en el Estado de México. Esta es la entidad más poblada del país, con 16.1 millones de habitantes, y colinda con la populosa Ciudad de México, una mancha urbana que ve ir y venir a otros 9 millones de habitantes.

En 2015, ante la alarma por los crímenes de género, las autoridades del Estado de México implementaron una Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres en 11 municipios. Se calcula que en todo el país, en el último decenio, fueron asesinadas 23,800 mujeres, crímenes de odio por los cuales solo 10% de los casos han recibido una sentencia condenatoria para el culpable.

En el libro, Carrión combina —como señala la periodista Blanche Petrich en el prólogo— los datos duros de la información con la crónica, medio este último con el cual refiere los aspectos del drama que sufren las familias de las jovencitas víctimas de feminicidio.

 

Los feminicidios en México son “resultado de un Estado criminal, cómplice por omisión y muchas veces por acción”, dijo la periodista. “No se puede explicar ese nivel de criminalidad sin la participación, la colusión o la aquiescencia de varios servidores públicos”, dijo en alusión tanto a los casos que presenta en La fosa de agua como los miles que se han registrado a lo largo ya de décadas, y que tiene al país en una crisis humanitaria.

Un suplicio que inicia con la desaparición de la hija, y que se incrementa exponencialmente al recurrir a un aparato de justicia que las revictimiza con su burocracia, ineficiencia, corrupción y criminalidad, como queda registrado en la relación de los terribles hechos realizada por Carrión.

La fosa de agua

“Antes de la publicación, di a leer el libro a las familias para evitar cualquier tipo de afectación a las investigaciones, ponerles en riesgo o que se sintieran incómodas al ver su vida privada expuesta de esta forma”, dijo la autora.

La fosa de agua es producto de un trabajo de reporteo realizado a lo largo de 6 años, durante los cuales cubrió y dio seguimiento a varios casos de desaparición y feminicidio. El proceso de escritura del libro le llevó 6 meses, tras los cuales, y antes de entregar el último borrador, incorporó algunos apuntes más, entrevistas y actualizaciones de datos. La realización del libro fue tan extenuante a nivel emocional, que desde que terminó su escritura, la periodista debió tomar un tiempo alejada de estos temas.

Un monstruo de múltiples cabezas

En su momento, varios de los casos expuestos en La fosa de agua fueron vinculados por las autoridades a Erick Sanjuán Palafox, alias El Mili, y tres de sus cómplices, capturados en 2014 y acusados de feminicidio y narcomenudeo tras un proceso lleno de irregularidades. En el 2018, El Mili recibió una sentencia de 70 años por el feminicidio de una niña de 15 años de edad, cuyo cuerpo fue arrojado en la carretera Tecámac-Tizayuca. Uno de los cómplice de El Mili, ya se encuentra en libertad.

La periodista explica, que a El Mili en un primer momento lo vincularon a 16 feminicidios, y sólo fue vinculado a proceso por uno. “Pero en el imaginario de la gente quedan como resueltos los otros casos, cuando en realidad no sabes aún qué pasó; este tipo de hechos pasa a menudo”, dijo Carrión.

Algo similar podría ocurrir en Juan Carlos “N”, bautizado en los medios de comunicación como El Monstruo de Ecatepec y a quien se le adjudican la desaparición y asesinato de por lo menos 20 mujeres. Este caso ha estado rodeado de pirotecnia y amarillismo: de inmediato, la prensa se ha volcado a narrar y describir el modus operandi del supuesto asesino serial, apoyada por la filtración de las confesiones abominables de Juan Carlos “N”.

Sobre lo ocurrido con esta investigación, la opinión de Carrión es contundente: “Lo más importante es decir que esas filtraciones son ilegales, que pueden poner en riesgo la impartición de justicia. En mi experiencia, casos así han permitido dar carpetazo a casos sin resolver”.

“Filtrar las investigaciones afecta las investigaciones y en mi experiencia este tipo de detenciones rodeadas de gran difusión mediática han abonado a generar impunidad y a que no se sigan otras líneas de investigación, al tornarse en pretextos para no seguir investigando” asentó.

Ante la magnitud y lo doloroso de este problema, se le pregunta a la autora sobre si existe una solución. Responde rápidamente que sí. Y explica: “Una solución requiere una transformación profunda no sólo de los aparatos de investigación, de impartición y de procuración de justicia, sino también de resolver problemas sociales muy profundos”. Hace una pausa, tras la cual finaliza: “Estoy convencida de que podemos tomar las riendas de nuestra vida como país y como sociedad”.

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