Cuernavaca. En muchos sentidos, México ha hecho grandes progresos en las últimas décadas para convertirse en una sociedad de clase media, con un acceso más amplio a educación, a bienes de consumo y a carreras profesionales que prometen el ascenso de clase.

Y, sin embargo, mientras crece la prosperidad, investigadores y expertos electorales coin­ciden en que México sigue siendo afectado por una forma de pobreza social que representa un obstáculo para el surgimiento de una sociedad más desarrollada y democrática al sur de Estados Unidos.

Se trata de un déficit de confianza social, caracterizado por frágiles niveles de confianza en las instituciones públicas, como la policía, los tribunales, los políticos y también la erosión de la confianza interpersonal entre los vecinos y compañeros de trabajo.

La brecha de confianza en México se considera especialmente grave, ya que el país se esfuerza por mantener los poderes corruptores de los multimillonarios cárteles de la droga de seguir dañando la democracia y el imperio de la ley. Si los mexicanos no confían en la policía y en los líderes políticos, y son demasiado desconfiados con los demás mexicanos para participar en campañas ciudadanas y movimientos sociales, los estudiosos dicen que es posible que no queda nadie a quién recurrir.

La existencia de la confianza social hace que un estado moderno de clase media sea posible , expuso Luis Rubio, un prominente científico político mexicano y coautor de un nuevo informe titulado Clasemediero. Pobre no más. Desarrollado aún no .

Su ausencia no puede cambiar a los elementos económicos o a los impulsados por el consumismo, pero sí los dejan de alguna manera huérfanos , manifestó.

La clase media mexicana se ha visto particularmente afectada por la propagación del miedo y la erosión de la confianza social, afirmaron los investigadores, porque sus miembros son en muchos sentidos los más vulnerables al deterioro de la seguridad pública en el país. El secuestro y la extorsión que anteriormente estaban dirigidos contra los mexicanos ricos, ahora aterrorizan a familias de clase media, que no pueden costearse guardaespaldas, vehículos blindados y consultores en seguridad privada.

Sin embargo, en muchas partes de México, la clase media tampoco puede ir a la policía para pedir ayuda.

Hoy en día si usted es víctima de un delito y acude a la policía, se pone en riesgo de ser aún más victimizado , expuso Alfonso Valenzuela, un sociólogo urbano en Cuernavaca. No podemos restablecer el imperio de la ley, sin un grado mínimo de confianza .

En una encuesta hecha en agosto, sólo 6% de los encuestados dijo tener altos niveles de confianza en la policía de México, mientras que 40% dijo que tenía poca o ninguna .

Lo más preocupante es que los niveles de desgaste de la misma de empobrecen no sólo las relaciones entre las personas y las instituciones públicas, sino también entre los mexicanos, quienes cada vez tienen mayores sospechas acerca de que si sus vecinos, compañeros de trabajo y otros conciudadanos podrían tener vínculos con la delincuencia. En una amplia encuesta social realizada por el gobierno en el 2008, sólo 20% de los encuestados dijo tener altos niveles de confianza en sus compañeros de trabajo y compañeros de clase, mientras que 31% respondió que tenía poca o ninguna .

Entre las 34 naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, un grupo que incluye a la mayoría de las economías más grandes del mundo, México se ubicó en la parte baja con respecto los ciudadanos que expresan altos niveles de confianza en los demás , según las encuestas realizadas en el 2008, el año más reciente del cual se tienen datos.

Desde entonces, la guerra contra el narcotráfico sólo ha empeorado las cosas en este país productor de petróleo.

Pero la ola de crímenes produjo también un movimiento ciudadano conducido por el poeta Javier Sicilia, cuyo hijo de 24 años murió en marzo del 2011.

Fue en gran medida un movimiento de mexicanos de clase media cuya capacidad de confiar unos a otros lo suficiente como para contase historias desgarradores, atrajo la atención a los asesinatos no resueltos de familiares, amigos y conocidos.

Hoy, luego de un año desde que iniciara el movimiento, sus organizadores luchan por mantener a sus miembros comprometidos.